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Las Fallas 2026 del Carmen: un compromiso con la realidad del barrio

La Agrupación presenta unos proyectos en el que los problemas de vivienda y turistificación acentuarán la crítica cotidiana

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Si a un paisaje urbano envidiable se le suma creatividad, crítica y compromiso, el resultado es un recorrido, el de las Fallas del barrio del Carmen, que no decepcionará cuando, a partir del 16 de marzo, el ejercicio más recomendado sea el de patear la ciudad conociendo las obras de arte efímero del ejercicio 2026.

La Agrupación de Fallas presentó sus bocetos este domingo, en el que se dan cita esos ingredientes. En general, la propuesta son monumentos de pequeño tamaño. Eso es normal por la limitada población de sus casales, con la consabida excepción de Na Jordana, que juega otra liga. Pero hay un denominador común que multiplica el valor de estos proyectos: su heterogeneidad artística y un análisis sobre la realidad cotidiana como en ningún otro distrito se produce.

Es por ello, que los problemas del precio de la vivienda y la turistificación son el argumento más recogido en la colección de fallas de este año. Se refleja en la Plaza del Árbol, San Miguel, Portal de Valldigna, en Ripalda-Sogueros, en la Plaza del Ángel...

Y también la Experimentación

La heterogeneidad en las propuestas incluyen también los proyectos dedicados a la Experimentación, que tienen su representación en Blanquerías -donde el año pasado Javier Valiente plantó una de las mejores fallas de la ciudad- y Ripalda-Beneficència. Y habría que añadirle, por supuesto, Mossen Sorell-Corona, que no está apuntada a este colectivo.

No hacen falta las líneas nada convencionales para lanzar argumentos con originalidad, como hace Alta-Santo Tomás o Serranos-Plaza de los Fueros. Y cuando no, es el propio paisaje urbano el que parece retroceder en el tiempo para mostrar una combinación entre fincas y fallas que será recordada dentro de cien años como ocurre ahora cuando se rescatan las fallas de tanto tiempo atrás, en las que la fiesta conserva y preserva sus señas de identidad.

Mejor por la mañana

De cara a la "plantà", la mejor recomendación es el pateo matinal: las calles de Ciutat Vella acogen multitudes, ora con la "mascletà", ora con la Ofrenda. La mejor forma de verlas es más temprano en la mañana. Y preferiblemente cuando los falleros ya estén en los casales, porque alguna que otra falla infantil, a primera hora, no está: se guarda en el casal para evitar vandalismos. Las fallas grandes se pueden ver bien, aunque a través de las vallas porque precisamente por ese motivo suelen estar rodeadas de una auténtica fortaleza de alambre. Es el fielato que hay que pagar para seguir reencontrándose con el origen de la fiesta y con la mejor radiografía de sus calles.

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