El espolín Fallera Mayor de València, instaurado para "democratizar" el cargo, cumple 25 años
El Ayuntamiento de València regala a las falleras mayores un corte de tela exclusivo desde 2001, y que ahora cuestan cerca de 50.000 euros anuales entre el mayor y el infantil

Ensayo de la Exaltación de las Falleras Mayores de València 2026 /

Carmen Prades y Marta Mercader serán las falleras mayores de València número 25 que, en cada caso, lucirán el espolín que lleva el nombre de su cargo y que regala el Ayuntamiento de València. Porque la pieza, por la que se genera enorme expectación para saber de qué color han sido tejidos, se estrenó en el año 2001, surgida de una iniciativa municipal.
El hecho de que el consistorio pague una tela exclusiva, que no se comercializa, y que se adjudica por concurso público a telares de indumentaria tradicional -siempre se los han repartido Vives y Marí, Compañía Valenciana de la Seda y Garín- surgió en las primeras fallas del Siglo XXI. Para entender su existencia hay que trasladarse a los últimos años del pasado XX, en los que acabó por convertirse en tendencia la renuncia sistemática de candidatas a ser fallera mayor de València entre las 13 que habían superado la fase de "elección de la corte de honor". En algunos de esos años se llegó a mínimos históricos como tener que elegir tan solo entre cuatro aspirantes.
El motivo era el temor, cuando no el pánico, al desembolso que suponía ostentar el cargo. Y si hay un elemento que causaba especialmente pavor, ese era el traje principal, el que se estrena en la Exaltación, y que se había adquirido por costumbre que fuera un espolín, la tela más cara que se luce en la indumentaria tradicional. Tener ese gasto "de salida" -no es fácil renunciar cuando las antecesoras sí que lo han hecho- era una muralla insalvable para muchas familias, que se conformaban con el premio menor de pertenecer a la corte, donde tenían, además, el traje oficial garantizado.
En ese contexto, surgió la crítica del concejal socialista Ricardo Olmos: "La fallera mayor se elige solo entre las que tienen posibilidades económicas" y planteaban "algo que se viene hablando hace tiempo en la fiesta: destinar una partida para los gastos de la fallera mayor, que deben ser los oficiales e inherentes al cargo, pero nunca los que de ella o su familia realicen por voluntad propia". También reclamaba una especie de establecimiento de los gastos "para ejercer con dignidad". Dentro de lo difuso que es ese concepto de "ejercer con dignidad".

Desde 2001 a 2024, las falleras mayores de València lucen unos espolines exclusivos, unos cartonajes propiedad del ayuntamiento que sólo se tejen para ellas. /
Esa visibilización de la falta de candidatas no gustó a algunas falleras mayores, que llegaron a criticar que decirlo así "da la sensación de que quienes hemos sido es porque no había otra", y el argumento que decían las que ya habían pasado por el cargo y habían tenido que desembolsar su traje era que "si se hace a la corte de honor no tiene por qué no hacerse a las falleras mayores. Se debería tratar a todo el mundo por igual".
La concejalía reaccionó apenas unos días después anunciando que, en un futuro inmediato, las falleras mayores tendrían unos cortes de tela exclusivos y gratuitos.
No sin dejar de criticar al Partido Socialista porque "en su momento criticaron que se asumiera el gasto de las fotografías y los aderezos y ahora parece que hay que pagar hasta la maquilladora. No se preocupen: la JCF las equipará íntegramente y no tendrán que gastar ni una peseta en cuestiones imprescindibles" aseguró el entonces concejal de fiestas Alfonso Grau.
Acuerdo inmediato
Grau y Olmos acabaron llegando rápidamente al acuerdo de sacar adelante un concurso para reducir gastos, que no fue aplicable en 2000 precisamente porque las falleras mayores ya habían sido elegidas "y sería un agravio hacia las que han renunciado a ejercer el cargo". Lola Flor y Paloma Redondo fueron las últimas representantes que tuvieron que pagarse sus trajes y en julio de 2000 se convocó el concurso para elegir el diseño. Una propuesta de dibujo que debería ser "completamente de nueva creación, un dibujo antiguo o inspirado en la tradición y siempre de elaboración manual". Una vez diseñados, Rafael Catalá -de la que es heredera Compañía Valenciana de la Seda- fue el primer telar que elaboró los nuevos espolines.
Con el paso del tiempo puede llegarse a la conclusión de que este regalo sí que ha ayudado a democratizar el proceso de elección. Partiendo de la base de que para ejercer el cargo hace falta un nivel económico mínimo de clase media, los problemas de que "muy pocas quieren ser fallera mayor de València" han desaparecido. Sin ir más lejos, este año vigente no se produjo ninguna renuncia expresa. Ahora se quiere ser porque se tiene garantizado el espolín y por otros factores. Por ejemplo, con el propio crecimiento de la fiesta y su visibilidad, las firmas de indumentaria se ofrecen a las elegidas para hacerles trajes de forma gratuita o muy económica. Hay falleras mayores que los aceptan y otras que no, pero son una salvaguarda para tener un fondo de armario amplio -y seguramente, desmesurado-. Y por otra parte, también ha influido el propio crecimiento de la edad media de falleras mayores y cortes, muchas de las cuales también están en el mercado laboral y contribuyen a la economía familiar para afrontar unos gastos que no dejan de ser grandes.

Espolines de Falleras Mayores de València (1956 - 2000) /
Casi 50.000 euros anuales
En la actualidad, el Ayuntamiento desembolsa casi 50.000 euros anuales, que es un precio que entra dentro de los parámetros de estas sedas de alta calidad -el resto de complementos se consiguen por otros concursos públicos, así como la confección del traje-. Ahora mismo está vigente el contrato que se adjudicó, por primera vez, para dos años: 2025 y 2026. Los cuatro cortes de tela los ha realizado Vives y Marí, con 49.000 euros brutos por los de las falleras mayores y 45.375 los de las infantiles.
Esta seda no ha dejado nunca de tejerse y regalarse a lo largo del cuarto de siglo, mientras que, en tiempos de crisis económica, sí que desaparecieron algunas prerrogativas, como el viaje con el que, desde finales de los años ochenta, el consistorio obsequiaba a las cortes de honor, tanto mayor como infantil, argumentado por los sacrificios o como premio por haber desempeñado los cargos.
En el año de pandemia no se convocó y Consuelo Llobell y Carla García afrontaron su segundo año como falleras mayores con los mismos espolines, dentro del ya de por sí atípico programa de festejos, pero sí que se produjo un refuerzo de la indumentaria -que servía además para dinamizar el sector en un tiempo complicado- proporcionándoles un tercer traje mediante sendas sedas estrechas, así como a las cortes de honor, que llevaron el célebre "traje blanco". Esta es la razón por la que el traje cumple 26 años, pero 25 ediciones.
Color de fondo a elección y un corpiño adicional
Con el dibujo ya conocido, las falleras eligen el color de fondo y se les proporciona 13,50 metros de tela para las mayores y 12,50 metros para la infantil. Así mismo se tienen que elaborar tres metros y medio de tela lisa del mismo color de fondo para los corpiños de manga larga.
Se entiende por espolines de fabricación enteramente artesanal, los efectuados con los medios tradicionalmente usados por la artesanía valenciana desde los siglos XVIII y XIX, sin la incorporación de ningún tipo de mecanismos accionados por otra energía que el esfuerzo y la pericia artesanal del tejedor.
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