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Las charangas provocaron un problema de orden público en la primera mascletà de la Fallas de València 2026

Una multitud colapsó durante media hora la plaza del Ayuntamiento a pesar de que el Bando de Fallas prohíbe las actuaciones callejeras

Imagen de la concentración al acabar la "mascletà"

Imagen de la concentración al acabar la "mascletà" / Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La primera jornada festiva de las Fallas 2026 dejó algunas imágenes y conclusiones a tener en cuenta para el futuro. El debate de la Crida se prolongará en el tiempo porque resulta evidente que es un acto desbordado de convocatoria y que el entorno no permite mucha más mejoras de calidad. Ni ese ni ningún otro en los exteriores de la ciudad. Lo mismo que el transporte e ingesta de alcohol que, visto el aspecto del entorno al acabar el festejo, sigue siendo abundante, sea de comisiones de falla de la ciudad, de poblaciones que no forman parte de la JCF -y que no reciben tanta advertencia- o de público en general. A pesar de las advertencias, la parte botellón sigue vigente.

Este es un acto que ya no se repetirá hasta el año que viene, pero el otro gran problema de orden público, que se apreció en la jornada dominical, fue al acabar la mascletà. Muy cerca ya de las dos y media de la tarde la plaza aún estaba completamente llena de público, taponando además el movimiento de la gente.

Valencia da el pistoletazo de salida a las Fallas 2026 con la primera mascletà

PI STUDIO

La causa fue la presencia de una charanga, que organizó su propio concierto callejero, para algazara general, pero generando un tapón imposible de desbloquear. El público -entre los que había falleros y no falleros- participó en las coreografías de forma entusiasta, sin interés en darlo por terminado.

Otro problema a solucionar en las Fallas de València

Cuando, hace unos meses, las fallas del centro recibieron la advertencia de que no podían celebrar verbenas nocturnas, hubo una reunión con la Policía Local para tratar de reconducir la situación, tal como ocurrió. En esa reunión se hizo un repaso a los problemas que se suscitan de murallas hacia adentro y las charangas y orquestinas fueron uno de los focos de atención. Por una parte, las de pago, por el tapón que organizan y por tener afán recaudatorio. Por otro, las espontáneas, por generar precisamente colapsos en una zona que es, por definición, de tránsito.

De hecho, el Bando de Fallas prohíbe expresamente la presencia en la calle de charangas y batucadas, a excepción de las que participan con las comisiones de falla o el ayuntamiento, en sus correspondientes actos. Los conciertos espontáneos son un problema de seguridad y se penaliza, se debería penalizar -en alguna ocasión ha ocurrido- con multas y confiscado de instrumentos.

Hay mascletaes en tres fines de semana, en los que las concentraciones humanas se multiplican, así como en la propia semana de Fallas. Fuentes municipales reconocen la complicación de desalojar a una multitud, aunque pasa por decir a los músicos que acaben el concierto, pero lo cierto es que el post-mascletà del domingo fue un serio aviso de lo que puede ocurrir cuando la ciudad empiece a colapsar.

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