Mercadillos y churrerías desbordan València y disparan críticas de vecinos y comerciantes
El Ayuntamiento de València ha autorizado 79 mercadillos, que pueden contar hasta con diez puestos de alimentación cada uno, de los que cinco pueden ser de alimentos que se elaboren en el momento y cinco de alimentos ya elaborados. También se han montado 165 churrerías

Mercadito de comida en el barrio de Russafa instalado estas Fallas / H.C.

Los puestos callejeros amenazan con desbordar la ciudad en los días punta de las Fallas y ya desde el minuto uno están despertando quejas airadas de vecinos y comerciantes, que se ven atacados en sus derechos más elementales en pro de una fiesta que consideran descontrolada. Y es que las fallas han sumado a la instalación de carpas y monumentos falleros la llegada de puestos de alimentación y mercadillos especiales que saturan toda la ciudad, sobre todo el casco histórico. En total, este año las autorizaciones a este tipo de establecimientos se reparten entre 79 mercaditos, cada uno de los cuales puede ofrecer hasta diez puestos de comida, y 165 churrerías y buñolerías.
Hay protestas por la instalación de puestos ambulantes junto a monumentos del casco histórico o cuyo tamaño, aparentemente, no cumple con las medidas y la estética establecidas por la ordenanza municipal. También hay llamadas de atención sobre la dudosa salubridad de otros que, según denuncian desde la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico de Valencia, tienen el producto cocinado a la intemperie sin estar protegido ni siquiera por una vitrina.
Por ejemplo, los comerciantes han llamado la atención sobre una churrería que tapa el busto de Blasco Ibáñez, "nuestro escritor más universal". "Desde hace más de 15 años, la ciudad que presume de cultura lo esconde tras un mostrador de churros", dicen. Denuncian también la instalación de puestos que superan los 3,5 metros de altura e incorporan carteles e iluminación estridente en medio de zonas comerciales.
Inspecciones en las churrerías
Como compensación a este despliegue masivo de puestos, hay al menos inspecciones higiénico-sanitarias que se están llevando a cabo principalmente entre los 165 puestos de buñuelos y churros ambulantes que llevan instalados desde el pasado 2 de marzo. Por el momento se han realizado 700 controles, según informó la Concejalía de Sanidad y Consumo. En total se han realizado 600 análisis de aceite, de los que 60 requirieron su sustitución, además se han hecho 40 inspecciones relacionadas con el suministro de agua.
Desde el área que dirige el concejal José Gosálbez destacan que estos controles se realizan de forma aleatoria y por sorpresa, pudiendo hacerse a cualquier hora y cualquier día de la semana.

H.C.
"Menos mojiterías y más horchaterías"
Las churrerías, en cualquier caso, no son los únicos establecimientos que pueden recibir la visita de los inspectores del servicio de Sanidad y Consumo. Los mercados falleros, que llegaron a las calles el pasado jueves también están en el bombo del sorteo de los controles. Y es que cada uno de estos 79 mercadillos pueden contar hasta con diez puestos de alimentación, de los que cinco pueden ser de alimentos que se elaboren en el momento y cinco de alimentos ya elaborados o que no requieran de elaboración. Todo un mercado de comida ambulante.
Así las cosas, las críticas no vienen solamente de vecinos y comerciantes. El concejal de Compromís Pere Fuset se muestra muy crítico con varios aspectos. En primer lugar, acusa al gobierno municipal de ser "opaco" con la cifra final de permisos. La segunda reprobación va dirigida al aumento de estas licencias y el "creciente incumplimiento de las condiciones" como la accesibilidad, la prohibicióhn de cocinas al aire libre, el uso de altavoces o de instalación de mesas y sillas. Para el edil, estas infracciones son una muestra de que "el modelo está desbordado" y que en su opinión hay que actuar antes de que colapse. ¿La solución? reducir el número de paradas y reorientarlas.
El concejal llama la atención sobre un detalle que está a la vista de todos: el cambio de modelo en las paradas de venta de comida. Si antaño los churros y los buñuelos con chocolate eran los 'amos' de la street food fallera, con permiso de los bocatas de 'blanc i negre' que a veces se preparaban en parrilladas callejeras, ahora la comida tiene un aire más internacional.
Por ello desde Compromís se pide que se "priorice la artesanía, el comercio local y el producto de proximidad" frente al actual dominado por unas "mojiterías" en aumento, critican. En este sentido la apuesta debería además "escapar de una dependencia económica de la venta de alcohol" y para eso, explica Fuset "hay que trabajar por tener más horchaterías, menos humos y más artesanía para que la fiesta sea una aliada del comercio local".
Los propios vecinos vienen denunciando en los últimos años que la ciudad se convierte en un gran botellódromo debido a la proliferación de las mencionadas mojiterías y puestos que hacen las veces de discotecas al aire libre, sumando ruidos y molestias a las ya muy numerosas y controvertidas verbenas.
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