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Musulmana y fallera de corazón: "Soy mujer, musulmana y tan valenciana como cualquier otra"

Boutaina El Hadri explica cómo vive las Fallas y qué necesita las fiesta para mejorar la integración

Boutaina El Hadri explica cómo vive las Fallas y qué necesita las fiesta para mejorar la integración

Miguel Angel Montesinos

Mónica Ros

Mónica Ros

València

Boutaina El Hadri llegó a Valencia cuatro días después de que se acabaran las Fallas de 2001. "¡Qué pena que no las hayas vivido!", fue lo primero que le dijeron. Y ella, que no entendió esa exclamación, asegura que cuando vivió sus primeras fiestas falleras sintió "un auténtico flechazo".

"Aún hoy no sabría decirte qué es lo que más me gusta. Quizá esos puestos que aparecen por toda la ciudad donde se venden buñuelos y churros calientes, y ese olor dulce que invade Valencia entera. O los monumentos falleros, esa inmensa explosión de arte en medio de plazas y barrios. Obras efímeras llenas de creatividad, humor y crítica social. Siempre escuchaba la misma frase: '¡Qué pena que los quemen!'. Con el tiempo entendí que precisamente ahí está parte de su magia: en saber que todo ese arte nace para desaparecer. También me enamoré del olor de la pólvora y de los fuegos artificiales, el cielo de Valencia iluminado de colores es uno de los espectáculos más bonitos que he vivido", resume la mujer.

Boutaina El Hadri es vicepresidenta de Casa Marruecos, una entidad de mujeres musulmanas en València y asegura que, 25 años después de vivir y sentir esta ciudad "soy mujer, musulmana y tan valenciana como cualquier otra". "He vivido tanto tiempo en Marruecos como en València. Soy de aquí, me siento valenciana y cuando viajo por el mundo y digo que soy de València me doy cuenta de lo que amo esta ciudad, adoro las Fallas y estoy muy orgullosa de ser valenciana", explica la mujer.

Sin embargo, reconoce que hay quien se "extraña" cuando ella se identifica como española y como valenciana. "Cuesta que la gente te acepte como española pero lo cierto es que soy española. Y soy mora, eso también lo digo con orgullo. Ya está bien de ese sentido peyorativo, no voy a sentir vergüenza de lo que soy", explica.

Fiesta de calle y de casales

Las fallas son una fiesta de calle y de casales. En la calle, la integración es natural. En los casales, sin embargo, es un reto a conseguir. "Confieso que siempre me ha quedado una pequeña espina: no haber vivido las Fallas desde dentro, formando parte de una comisión fallera, participando en los concursos de paellas o compartiendo aún más la vida de barrio. Porque al final eso es lo que son las Fallas: un espacio de convivencia", explica la mujer. Y habla de la cultura en la que creció y en la cultura en la que vive, y en las cosas que son similares. "Cuando observo los tejidos de los trajes valencianos, no puedo evitar pensar en las telas de las bodas de mi ciudad natal, Tetuán. En esos momentos siento como si dos culturas dialogaran silenciosamente a través de la belleza", explica.

Pero si se trata de mejorar y apostar por la inclusión, Boutaina El Hadri reconoce que "sueña con unas Fallas cada vez más diversas, donde todas las personas se sientan reflejadas. Me gustaría que la riqueza cultural que hoy forma parte de Valencia también encuentre su lugar en los monumentos, en las comisiones y en las calles. Porque las fiestas, la comida, la música y los espacios compartidos son los que generan convivencia, cohesión y comunidad. Quizá por eso, después de tantos años, cuando llegan las Fallas ya no siento que estoy visitando una fiesta. Siento que estoy celebrando mi casa".

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