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La Ofrenda más numerosa se convierte en un canto a la no violencia con final de madrugada

La fallera mayor infantil remata un acto en el que las comisiones, a pesar de no haber casi parones y el paso ligero, acumulan retraso por el aumento del censo y porque el festejo tiene un indudable afán recaudatorio

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

No hay más cera que la que arde. Y la Ofrenda de Fallas es, en muchos aspectos, un problema. Porque cada vez hay más personas queparticipan. Porque cada vez hay más falleros y cada vez hay más falleros ocasionales. Porque no se puede negar la evidencia: la Ofrenda tiene un más que notable afán recaudatorio. Domar el festejo y que cumpla los horarios es muy difícil. Y prueba de ello es que el tiempo volvió a alargarse más de lo previsto. Y eso, pese a que el comportamiento de los falleros de a pie fue admirable:se desfiló de forma fluida. De hecho, casi es un milagro que pasen los minutos y las horas y que prácticamente no haya ningún parón. Y los poquísimos que hubo eran de cortísima duración. Es un reto organizativo de primer orden, tanto llegar al centro de la ciudad como luego organizarse. Pero no hay que engañarse: estos retrasos son moderados en comparación con los que había años atrás, y con menos falleros.

Por eso, ahora empezarán nuevamente los debates:que si hacer un tercer recorrido, una tercera sesión... para convertirlo no en la Ofrenda de Fallas, sino en las Fallas de la Ofrenda. Esto llegará en el caso de que el acto colapse. Sobre todo, si hay que hacerlo donde se hace ahora.

Otra solución sería desestacionarlo, para no quebrarle el espinazo al programa de festejos. Pero eso lo que daría lugar es a más verbenas. Mejor no tocarlo. El caso es que a las autoridades de la fiesta les queda todavía un largo camino para ver la evolución del enfermo. Porque eso tampoco hay que negarlo: el acto está enfermo de éxito. Ahora ya no es indisciplina. Ahora es rebose de participantes. Pero, de momento, tan solo está «en observación». Mucha calamidad debería producirse para dilatar los tiempos. Al festejo ya se le han puesto límites e incluso se ha cercenado la participación a los invitados.

También es cierto que el retraso del festejo hay que medirlo, especialmente, hasta que finaliza el último sector. Porque la comitiva oficial ya sabe a lo que juega. Que fallera mayor y corte finalicen un acto pasadas las dos de la madrugada entra hasta dentro de una cierta rutina dentro de la falta de descanso que sufren. Y no olvídese que esas falleras van ahora con las pulsaciones a cien y el descanso no existe hasta el 20 de marzo.

Y mientras las horas pasaban, la Ofrenda iba tejiendo su manto flora. En un festejo donde casi todo es rutina, adivinar e interpretar la alegoría se ha convertido en un ejercicio interesante:es una forma de mostrar al mundo una inquietud que pase por la mente de la ciudad.

Pues bien, el hilo argumental no está mal tirado: es un «No a la Violencia». No a la guerra, sino a cualquier tipo de violencia. Ejemplificado en una madre y su hijo que, en color amarillo, caminan de espaldas sobre un camino de espinas, que son las dificultades, las contrariedades y los episodios no deseados. Están guiados por la paloma, que ni es el espíritu santo ni la paz, sino la esperanza. La misma que se simboliza con las dos orquídeas que estaban en periodo de construcción y que son una alegoría a ese destino mejor.

Ese es el pie con el que empezó la primera parte de la Ofrenda. La que estrenó la comisión de San Juan Bosco-Duque de Mandas y que iba a cerrar Marta Mercader. Por detrás, muchas emociones. Varias fallas de aniversario (Alameda-Francia, Fray J. Rodríguez, El Paoret...) la performance de hincar la rodilla y pedir matrimoniio; canastillas de recuerdo a personas que ya no están, la nueva moda que ahora es la de incorporar a influencers de nuevo cuño fallero... y mientras, la Ofrenda no recordó en nada a la del año pasado. Porque empezó con sofoquina de calor. Después ya refrescó y bastante, pero con la felicidad de que, esta vez sí, no hubo más incidente que el de llegar tarde al casal. Ahora, a esperar acontecimientos.

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