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La Revolución de los Claveles de la Ofrenda

La comisión de Norte-Doctor Zamenhoff conserva la tradición de llevar un clavel y lanzarlo como respuesta a la negativa que tuvo hace medio siglo de poder ofrendar los hombres

Falleros de Norte-Doctor Zamenhoff lanzando claveles

Falleros de Norte-Doctor Zamenhoff lanzando claveles / Moisés Domínguez / D

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La Ofrenda es un acto lleno de vivencias, anécdotas y curiosidades. Casi de una historia por fallero. Las hay que forman parte de la propia historia de la fiesta.

En el primer día de Ofrenda se materializó una de ellas. Relativamente pronto, por otra parte. Forma parte de lo que la falla Norte-Doctor Zamenhoff considera una injusticia histórica: que los hombres no puedan hacer la Ofrenda. Que si se llevara a cabo , solo por el trabajo doble a los Vestidores obligaría a una reformulación del acto. O darle cuatro días de duración.

Cuenta el relato que esta comisión que, hace medio siglo, los hombres querían llevar flores también no a la imagen tridimensional, que por entonces no la había, sino al retablo que se instalaba en la fachada de la Basílica. Era un tiempo en el que, ni de lejos, había ni tantas comisiones ni tantos falleros. La respuesta fue una negativo absoluta, y que no se les ocurriera hacerlo.

La contestación por parte de la comisión fue renombrarse, reconfigurarse y reivindicarse. Desde entonces, la falla decidió cambiar el escudo e incorporar un clavel reventón en su centro. El sobrenombre de la comisión pasó a ser ese: "El Clavell". Y la Ofrenda la hacen los hombres, aunque sea a su manera: los hombres siguen llevando un clavel en la solapa y, cuando están ante la imagen, lo besan y lo lanzan. Ya que no puede ser de una manera, lo es de otra.

Berta Peiró, en su regreso

Berta Peiró, en su regreso / Moisés Domínguez

Lucía García fue de las primeras falleras en desfilar

Lucía García fue de las primeras falleras en desfilar / Moisés Domínguez

El regreso de Berta y Lucía, en seguida

Son muchas las historias y muchas las curiosidades, queda dicho. Por ejemplo, que en apenas unas horas de desfile ya habían aparecido en el cortejo, metidas en el anonimato de sus comisiones pero fácilmente reconocibles: Lucía García, la fallera mayor infantil de València del año pasado, lo hizo a poco de empezar la jornada. Con lo que le dio tiempo para volver a casa, quitarse el traje, enfundarse el espolín y marchar al ayuntamiento para formar parte de la comitiva oficial, en el que se estrena: ir junto a las otras cuatro antecesoras: Marina García, Paula Nieto, Nerea López y Carla García, la encargada de despedirse este año de este privilegio que, en este caso, ha durado no cinco años, sino seis: Carla García, que fue la fallera mayor de dos años por culpa de la pandemia, que es lo mismo que le sucederá el día 18 a Consuelo Llobell. Lucía recibirá dentro de cuatro años, cuando acabe su ciclo, el mismo regalo que están institucionalizando las niñas entre sí: unas llaves de la ciudad en oro. Apenas un par de horas después, y por la misma vía, apareció Berta Peiró, que reconocía que "este año si, la tengo con sol y mañana (por hoy), también".

CArmen Prades, ante la imagen

CArmen Prades, ante la imagen / Moisés Domínguez / D

Las de este año también acudieron, pero como espectadoras. Es habitual que, entre visitas y visitas, pasen un rato por la tribunilla de la JCF para contemplar el desfile, pero sin ni siquiera ser anunciadas. Tras algo más de una hora se marchan y el día va finalizando para que, si quieren, cambiarse, ponerse la parka y acudir a presenciar el paso de las niñas en su momentazo. En una esquina, sin hacerse notar porque el foco debe ponerse sobre Marta y la corte, las que tenían que cerrar el día. El miércoles será su turno y el que es su último apoteosis. Porque ninguna recuerda después la "cremà" como uno de sus actos favoritos. La Ofrenda no baja del top 3

Las falleras mayores de la Plaza de Patraix

Las falleras mayores de la Plaza de Patraix / Moisés Domínguez

Las historia de dos falleras mayores

Más curiosidades: Cristina Soler y Alba Martínez están finalizando uno de los reinados más curiosos por inusual. Son las representantesadultas de la Plaza de Patraix. No es inusual que haya dos falleras mayores o dos falleras mayores infantiles en una comisión. Pero lo normal es que sean, por ejemplo, hermanas. No es el caso. Ellas son, simplemente, amigas. "Criadas en la plaza de Patraix de toda la vida". El cargo se habia quedado vacante y lo que empezó como una broma lo llevaron hasta el final. "¿Por qué no serlo las dos? La comisión lo aceptó bien, en el sector nos han tratado bien. Hemos ido a todo juntas. Era un reto y lo hemos superado".

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