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A la 'caza' del turista de petardos extremos: los holandeses en el punto de mira

La Policía Local de València intensifica la vigilancia durante las Fallas para controlar a los 'turistas pirotécnicos', principalmente holandeses y alemanes, que detonan artefactos caseros de gran potencia. El año 2024 fue especialmente preocupante y desde entonces se crean dispositivos específicos para erradicar esta lacra

La Policía Local de València durante el dispositivo contra la pirotecnia extrema

Marina Falcó

València

Desde hace algunos años años, las Fallas de València se han convertido en el destino predilecto de los 'turistas pirotécnicos', gente llegada de centroeuropa con especial predilección por la pólvora y que encuentran en la semana fallera un refugio perfecto para hacer de las suyas, que básicamente consiste en detonar petardos de elaboración casera con una potentísima carga de pólvora convertida en dinamita.

En unos días se cumplirá un año de la madrugada en la que los vecinos de la calle Tomás de Montañana de València se despertaron sobresaltados por una fortísima explosión que les levantó de la cama y cuya onda expansiva llegó a romper cristales. Les pilló por sopresa, entre otras cosas, porque sucedió a las 00.44 horas de un 21 de marzo. En teoría el sonido machacante de los petardos ya había cesado, pero no. Parecía que se trataba de la venganza de estos turistas que durante esas Fallas ya habían notado la presión y el control policial sobre sus espaldas.

No era solo una percepción. En 2024 el turismo pirotécnico alcanzó su punto más extremo en el Cap i Casal y desde entonces se ha intensificado notablemente la vigilancia sobre los amantes de 'bombas' caseras. Cuerpos y fuerzas de seguridad se coordinan para llevar a cabo operativos especiales como en el que, en la noche del martes al miércoles, presenciaron dos redactores de Levante-EMV.

Los petardos siempre han sido parte consustancial de las fiestas y antaño los 'borrachos' –que volaban sin control– generaban cierto caos en aglomeraciones. Pero más o menos estaban controlados. También las borracheras –esta sí, etílicas– son menos problemáticas para los agentes después de que el uso generalizado de carpas semiprivatizara la fiesta y sacara a la gente de las verbenas en espacio público.

Con todo, en los últimos tiempos la llegada de turistas pirotécnicos ha cambiado el juego, que antes era "de niños" y ahora ha alcanzado una dimensión mayor. La consigna durante toda la noche es clara: "Hay que encontrar a los holandeses". Son quienes manipulan artefactos que ocasionan daños verdaderamente peligrosos, con pérdida de dedos incluida. Esa es la batalla actual y tanto Policía Nacional como Policía Local parecen estar ganándola, en parte por el trabajo que también se hace dentro de sus propios países.

A bordo de una patrulla de la Policía Local de València recorrimos las calles de la ciudad a la búsqueda de quienes se camuflan entre la multitud y aprovechan rincones no demasiado concurridos para detonar estas artefactos caseros. "Son principalmente holandeses aunque también hay implicados algunos alemanes" explicaban los agentes de un dispositivo especial de 12 personas que a la vez se coordina con otras unidades.

Durante una noche inusitadamente tranquila para ser uno de los días fuertes de la época fallera, la patrulla recorrió las 'zonas calientes' en las que se suelen concentrar los sospechosos del petardo. El antiguo cauce del río es el punto más conflictivos, especialmente de noche. "Cuando llegas con las luces muchos ni se asustan porque creen que en Fallas vale todo", contaba un agente.

La primera parada es bajo el Palau de la Música, uno de los puntos de encuentro favoritos para explotar cohetes de gran potencia. Allí Policía Local y Nacional se encuentran e intercambian información, aunque ambos cuerpos ya han mantenido una reunión previa en el Cecor de Zapadores (Centro de Coordinación) donde también interviene el cuerpo de bomberos. La estrategia para dar 'caza' a los holandeses ya está diseñada, ahora es cuestión de ejecutarla.

"200 o 300 congregados junto al castillo"

Los tramos 11 y 12 del río son los predilectos de los sospechosos. De hecho en la noche del 17 de marzo del año 2024, "punto de inflexión" en el caso de los petardos ilegales, la Policía Local llegó a intervenir a tres neerlandeses hasta 390 artículos de pirotecnia, una gran parte de ellos muy peligrosos. A partir de entonces, la zona del cauce que parte desde el Puente de Aragón hasta el de Monteolivete está fuertemente controlado por coches y motos de la policía.

Son casi las 23.00 horas y tras una primera ronda por el río subimos de nuevo a la superficie para hacer labores de disuasión y control en la zona de Russafa, una de las más tensionadas por los incívicos de los petardos. De vez en cuando se escucha una explosión un poco más fuerte de lo habitual. "Ese será un F3" dice con toda naturalidad uno de los miembros de la patrulla, con quien se bromea acerca de tener el 'oído hecho' como "quien distingue un violín Stradivarius".

¿Pero qué es un F3? Este agente, con más de 20 años de experiencia en la noche, explica que es la categorización de los petardos. El material pirotécnico se divide en cuatro rangos: Los F1, que engloba los artefactos de peligrosidad muy baja y que no hacen apenas ruido. Se pueden explotar en espacios reducidos sin problema. Los F2 tienen peligrosidad baja pero deben ser detonados en zonas acotadas por mayores de 16 años; los F3 tienen peligrosidad media y que deben utilzarse también en espacios delimitados por mayores de edad y los F4 son muy peligrosos y deben ser manipulados solo por profesionales.

Las zonas acotadas son las que las comisiones delimitan junto a sus carpas, habitualmente, y están destinadas al montaje de sus mascletàes y para tirar petardos. Sin embargo hay vecinos, visitantes y personal que deambula por la ciudad y lanza sus cohetes donde les viene en gana. Tal vez el control debería llevarse a cabo mayoritariamente en los puntos de venta, pero ese es un aspecto cuyas competencias trascienden a la policía.

Enfilando ya la medianoche, la patrulla se dirige hacia el puente de Monteolivete, punto donde se disparará el castillo de fuegos artificiales. "Ya hay movimiento en la zona", explican, "hay unas 200 o 300 personas congregadas en el cauce tirando petardos de gran tamaño". Para controlarlos, la Policía Local de València pilota un dron de gran precisión capaz de detectar cualquier detalle entre una multitud, "contamos con él desde hace apenas unos meses y es un salto cualitativo" explica quien lo maneja.

Controlando un grupo de turistas de pirotecnia extrema con un dron de alta precisión

Controlando un grupo de turistas de pirotecnia con un dron de alta precisión / Marina Falcó

A través de una pantalla se distinguen varios grupos concentrados en el mismo sitio que no cesan de "quemar pólvora". Impresiona la alta resolución de las imágenes pese a la falta de luz. "En cuanto se cierre el espacio para disparar el castillo, los desalojaremos". Algunos de los que disfrutan detonando ilegalmente esos petardos son viejos conocidos de la policía. Aunque "se ha notado significativamente el descenso de pirotecnia peligrosa, entre otras cosas, por la colaboración de Politie de Países Bajos, con la que se trabaja en origen para evitar el desplazamiento de estos turistas".

Aún así es muy complicado que no lleguen algunos ciudadanos centroeuropeos, de hecho según informó Policía Nacional, durante la noche donde se han llevaron a cabo varias intervenciones con ciudadanos neerlandeses en prevención del uso de pirotecnia extrema. En total se levantaron 17 actas de propuesta de sanción relativas a artículos pirotécnicos.

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