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Fallas 2026

La Ofrenda acelera el paso entre lágrimas de fervor

La segunda jornada recuperó la normalidad tras los retrasos del primer día, en el que las últimas comisiones desfilaron a las 3 de la madrugada

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

No cabe duda que la Ofrenda es un acto extremadamente complejo. Y que, tal como es, posiblemente no debería existir en lo tocante a su gigantismo. Porque es estar en un ‘ay’ a cada momento, en cada año. Ya saben lo que pasó en la primera sesión: que se fue de las manos y acabó a las tres de la madrugada, que es mucho, pero que podía haber sido peor. «Yo acabé a las cuatro de la madrugada» comentaba durante la mañana la fallera mayor de València de 2003, Vanessa Lerma. «Y por eso empezaron a establecerse normas más duras». El caso es que la Ofrenda es como un organismo vivo, que hoy te funciona bien y mañana lo hace de pena. La consecuencia es que la segunda jornada, la que pone el colofón al festejo, generó el efecto ‘recoger cable’. Porque la compleja primera sesión se convirtió en normalidad en la segunda.

La fallera mayor infantil, Marta Mercader, posa junto a los ‘vestidors’ de la Virgen. | F. CALABUIG

La fallera mayor infantil, Marta Mercader, posa junto a los ‘vestidors’ de la Virgen. | F. CALABUIG

Y aún pudo ser mejor, porque la que se desbarató fue la calle de la Paz, la que está concebida para que acabe antes y así le de tiempo a la comitiva oficial a desfilar en plenitud. Ahí hubo más problemas con los accesos y siendo un bloque complejo, se dio lo que no parecía imaginable: que la calle San Vicente agotó sus comisiones y aún quedaban fallas de Poblats del Sud por salir. Con lo que la entrada de Carmen Prades aún podría haber sido más rápida. Incluso no habría sido mala idea ir echando entidades invitadas mientras acababa Paz: minutos que se ahorran.

El caso es que el tema va a seguir quedando abierto, pero más dulcificado. La sesión del sábado demostró que, posible, lo es. Y así en lo único que hay que preocuparse es en la historia interior del festejo. Y de esa hay en abundancia: las comisiones que desfilan haciendo aniversario; las declaraciones de amor bajo la imagen -un ritual convertido ya en costumbre que ha perdido el factor sorpresa-, el mal estado de alguna baldosa, que provocó varias caídas en la zona de salida de los sectores que salen por San Vicente. Las lágrimas, las muchas lágrimas, los homenajes, las sonrisas, el lucimiento, las miradas.... todos los cuadros que se pintan en una jornada de éstas, en la que cabe todo el mundo.

Caminar sobre el alambre

Así que la Ofrenda seguirá caminando sobre el alambre, aunque de la sensación de que sus soluciones -que no tiene o las que tiene son perversas- puede que se queden en el tintero.

La fallera mayor de València y la corte desfilaron sobre una ciudad que estaba empezando a agotarse o que tenía la mirada puesta en otras oferta, como la ‘Nit de Foc o unas verbenas que llegan ya con la gente en la reserva de sus energías.

Es salir de la Basílica y entonar el himno de la Comunitat Valenciana y dar la sensación de que se ha acabado todo. La jornada del jueves, 19 de marzo, es ya prácticamente un engorde para morir.

Las que no morirán son las sensaciones de la fallera mayor de València, Carmen Prades y su corte de honor, las encargadas de cerrar el cortejo ante una ciudad que ya no estaba tan llena para aclamarlas. Es el sino de las representantes: desfilar en el peor horario, aunque fuera con el arrope sobre todo de esos grupos de falleros que se apostan a ambos lados del recorrido.. Pero sería peor hacerlo en ‘prime time’ y deja detrás a más comisiones. Para ellas, estos cinco meses han sido un estrellato permanente. Ante la imagen de la Virgen -Carmen es de las que las lleva tatuada en su interior- completaron uno de los momentos estelares de sus vidas. n

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