Balance
Fallas 2026: entre la crisis ferroviaria, la tasa turística y un Chaplin pacifista
Las fiestas josefinas de este año serán recordadas por su grito antibelicista y los numerosos debates en torno a la movilidad, la seguridad, la masificación o el incivismo. En el álbum de fotos de 2026 aparecen el aluvión de carpas sin uso, la Estación del Norte semivacía, el pacto de Catalá y Bernabé, el decimonoveno galardón de Convento Jerusalén, la falla a medio plantar de Carlos Carsí o el dibujo antiviolencia en el manto floral de la Virgen

La imagen inédita de la Estación del Norte antes de la mascletà / Miguel Ángel Montesinos
A medida que crecen y adquieren relevancia, las Fallas van convirtiéndose en una fábrica de debates por resolver. Las de 2026 se recordarán por dos razones: su antibelicismo y la acumulación de polémicas originadas desde el mismo pistoletazo de salida. En lo primero se ha acertado. La falla municipal, pese a los recelos iniciales cuando fue presentado el boceto, es un sí rotundo. Como ocurrió con la meditadora durante la pandemia de coronavirus, convertida en símbolo de resiliencia, el Chaplin extraído de la sátira antibelicista '¡Armas al hombro!' ha irrumpido con sus 27 metros de altura en el momento adecuado, con los conflictos multiplicados en todo el mundo.
La propuesta artística de Alejandro Santaeulalia y Vicente Llácer ha tenido continuidad con el Ninot Indultat, obra de Pedro Santaeulalia para Sueca-Literato Azorín, donde, rompiendo décadas de inspitación artística monocorde –los "abuelos"– se representa a una niña visiblemente feliz e inspirada de cierta manera en 'Alicia y el país de las maravillas', colocada boca abajo y sirviendo como peana de la misma niña en guerra, con casco militar, ropa andrajosa y un peluche gris. Días más tardes, el manto floral de la Virgen, con una madre y su hijo recorriendo el camino de espinas de un pueblo que resiste, vino a reforzar el grito contra la violencia –de todo tipo– de las Fallas 2026.

El Chaplin de 27 metros plantado en la plaza del Ayuntamiento / J.M.López
Han sido estas por tanto unas fiestas reseñables en el aspecto artístico, coronadas por el primer premio de Zvonimir Ostoic en Infantil –cuenta las vivencias de un niño a lo largo de un año–, y el galardón para Sánchez Llongo y Convento Jerusalén en Especial con un monumento, "Redimonis", que conjuga tamaño y detalle, épica y finura y amplios recursos económicos en un infierno estilizado. Probablemente, esa victoria es el único consenso de estas Fallas. Todo lo demás ha estado tiznado de controversia. Desde las primeras mascletaes en que el tiempo se torció –un disparo se suspendió y otro quedó a medio ejecutar–, los ánimos empezaron a nublarse también.
La primera polémica –que venía anunciada desde la primavera– se suscitó con el montaje tempranero de más de 280 carpas, desde el miércoles 4 de marzo, con cortes de unas 400 calles a más de una semana de comenzar formalmente las fiestas. En las redes sociales ha habido este año un aluvión de críticas por este motivo –muchas revestidas de sátira siguiendo con el espíritu de los ninots– y algunas voces hablaban de las Fallas del "hartazgo". Al terminar un ciclo semanal, el calendario de 2027 se encargará de minimizar esta polémica porque las carpas tendrán todos sus días útiles.

Masificación en el entorno de la mascletà / Fernando Bustamante
Pero la gran crisis de 2026 fue la del transporte público: cómo llevar a miles de personas en tren al centro de València en horario de mascletaes sin provocar una avalancha, tal como ocurrió el año pasado en el supersábado fallero con más de un centenar de llamadas al 112. Tanto el ayuntamiento como el Gobierno tenían informes de los cuerpos y fuerzas de seguridad que recomendaban interrumpir temporalmente el servicio a la Estación del Norte, pero ambas administraciones se enzarzaron en una guerra con argumentos de movilidad y seguridad –amplificada por el ministro Óscar Puente en redes sociales– que se saldó con un empate técnico. Catalá y Bernabé escenificaron un pacto de no agresión política, dieron por buena la solución de articular buses lanzaderas desde Albal y se emplazaron a trabajar de la mano para llegar con una solución definitiva a las Fallas 2027.

María José Catalá y Pilar Bernabé pactan una salida a la crisis de los trenes / J.M.López
El trasfondo de esta cuestión es que nadie quiere asumir una desgracia. Las Fallas están masificadas y cualquier acto roza el desbordamiento. En las mascletaes se han ampliado las vías de evacuación, pero no cabe un alfiler en Marqués de Sotelo desde el perímetro de la jaula a la puerta de la estación. Y aunque la fiesta es metropolitana, como debería serlo la movilidad, ya hay quien sugiere que la solución de interrumpir dos horas el servicio de Cercanías al centro ha llegado para quedarse. "Si se cortan todos los accesos en bus y en metro, ¿por qué deberíamos dejar que el tren entre hasta la cocina?", se preguntan algunas fuentes autorizadas.
Otro reto a solventar indirectamente relacionado con la masificación es el incivismo y la suciedad. Un clásico en el balance de las fiestas. Los servicios de limpieza retiraron 8.000 toneladas de residuos del 12 al 19 de marzo de 2025. Las imágenes de plazas llenas de vasos, bolsas y botellas vacías o de gente orinando en monumentos protegidos como la iglesia de Santa Catalina avergüenzan a los vecinos de la ciudad y alimentan la crítica antifallera. El censo fallero está disparado pero también el de barras, mojiterías, churrerías y otros tantos negocios enganchados a la rueda de la cosa identitaria y cultural. En realidad, nada distinto de lo que ocurre en cualquier festival con alcohol de por medio, pero el escenario invita a pensar si el gran escaparate de València se está 'sanferminizando' y hasta qué punto esta deriva se quiere o se puede reconducir. En el lado positivo hay que reconocer un esfuerzo de la Policía Nacional y Local para erradicar las 'bombas' caseras de los piroturistas holandeses, aunque barrios como Russafa siguen viendo sus calles convertidas en cohetódromos.

Mercadito de comida en el barrio de Russafa instalado estas Fallas / Levante-EMV
El turismo ha vuelto a situarse en el centro de la conversación, como el resto del año. Las Fallas ralentizan la vida en el Cap i Casal, son un paréntesis, pero también multiplican debilidades y fortalezas. A València llegan en estas fechas más de un millón de visitantes, un 56,6% de fuera de España, y la festividad genera un impacto económico de más de 730 millones. ¿Es suficiente? "Hay que obtener más recursos de los turistas que vienen a las Fallas", dijo Juan Roig en Levante-EMV, una petición que a buen seguro será escuchada. El empresario no habló explícitamente de tasa turística pero la conversación política ha virado hacia ahí. En otras ciudades del tamaño y el atractivo de València ya se ha impuesto un gravamen para recaudar fondos todo el año, que revierten en los servicios públicos. En el Cap i Casal se debatirá cómo articular un gravamen y, en caso de materializarse, habrá que ver si redunda en la familia fallera o excede sus márgenes y permea en toda la población.
Dentro de esta familia fallera, el colectivo de los artistas está herido y el pronóstico es reservado, tal como se ha evidenciado con Carlos Carsí con su falla a medio plantar en Cuba-Literato Azorín. En la Sección Especial se hay instaurado un sistema de exigencia, poner más de lo que toca, que, con la deserción de hasta tres talleres –a causa de este afán desmedido–, hace cada vez más difícil encontrar artistas competitivos que quieran plantar en la sección más alta. El debate aquí siempre es intenso y siempre es contradictorio en un oficio que, pese a tener el monopolio de la fabricación, está en permanente crisis. Que ni siquiera está claro que se arreglara con una mayor inversión en falla de lo que hacen ahora las comisiones falleras, y que es paupérrimo: quitando de la ecuación a Especial y Primera, un fallero invierte cuatro euros al mes en monumento. Mientras, el despliegue de medios para "hacer fiesta" se disparan. Se acumulan ahí las ideas, no siempre realizables, como la reducción de alturas, establecer mínimos más exigentes para competir... y eso, sin contar con conseguir que las administraciones públicas se involucren más con el oficio –València depende de su fiesta y su fiesta depende de los artistas– para garantizar condiciones dignas y relevo generacional.

La falla de Convento Jerusalén ha revalidado el primer premio en Especial / J.M.López
El último debate ha aflorado en la recta final de las Fallas y tiene que ver con la popularidad de la Ofrenda, cada vez más multitudinaria. Este año ha vuelto a batirse el récord con 114.000 personas ante la Virgen. El cierre del primer desfile a las 3 de la mañana susitó la psicosis de la tercera vía, atemperado por el horario "normal" del día 18. Como ya ha contado este periódico, la solución es compleja: "En una fiesta de cinco días, dedicar tres a un mismo acto, es una sinrazón", se reconoce entre fuentes conocedoras de los entresijos del acto. Pero si el censo sigue creciendo –incluyendo el que es exclusivamente para desfilar previo pago en este acto– el tema se complicará.

El cierre de la Ofrenda vuelve a despertar el debate sobre una tercera jornada de desfile / Fernando Bustamante
Como se ve, hay muchos frentes abiertos y una evidencia. La crítica ha saltado del ninot a la calle. Con unas fallas prácticamente desprovistas de sátira –en los últimos años se habla de "fallas Disney"–, el colmillo ha crecido en las redes y los diferentes ámbitos sociales o políticos, con la "muerte de éxito" como lugar común recurrente. Esto ha sucedido en un año en el que las Fallas se han celebrado entre semana, con las calles no tan concurridas como cabría esperar. Del lunes al miércoles las aglomeraciones nocturnas fueron residuales. En 2027 el calendario volverá a colocar los días grandes en jornadas laborales y el Cap i Casal podrá seguir probando el ensayo y error. Pero 2028 supondrá un punto de inflexión. Será la tormenta perfecta. Y València deberá llegar al menos con media docena de cuestiones resueltas, porque de lo contrario la balanza podría vencerse hacia el agotamiento.

Basura acumulada en la plaza de Brujas tras una verbena fallera / Levante-EMV
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