Análisis
Radiografía a la compraventa de petardos: de la legalidad en las tiendas al caos en las calles
Los últimos accidentes de menores relacionados con la pirotecnia y el uso abusivo de los petardos en distintos barrios de València dejan una ciudad con resaca y preguntándose qué pasa con la pirotecnia recreativa. La venta cumple escrupulosamente la legalidad, pero el uso indebido, la falta de sentido común y de cultura popular están detrás de los comportamientos incívicos de marzo. Los extranjeros buscan los más potentes, los adolescentes sortean los límites y los artefactos cada vez son más sofisticados y atronadores

A. Soria

Hace unos días, el influencer pirotécnico @david.pirotecnia mostraba, para asombro de sus seguidores, la 'Ráfaga 480' de bolas de colores, un nuevo artefacto que se puede cargar al hombro y que funciona casi como un arma, disparando -como su propio nombre indica-, 480 salidas. Aunque originalmente está pensado para clavarlo en el suelo y dispararse solo, los usuarios no dudan en cogerlo y disfrutar de un disparo que cuesta en torno a los 50 euros. El influencer, ducho en el manejo de estos petardos, dejó boquiabiertos a los seguidores con este ejemplar que se vende en Pirofoc, una de las cadenas de tiendas referencia en el sector. La escena, viral y espectacular, abre varias preguntas inevitables: ¿hay límites en la venta de estos productos? ¿Quién puede comprarlos? ¿Dónde está la frontera entre lo legal y lo peligroso?
Son preguntas que los residentes en municipios falleros no han dejado de hacerse desde el día de la Crida, cuando extraoficialmente se abre la veda para el uso de la pirotecnia recreativa. En el caso de València, el bando fallero brinda el permiso especial a partir del 1 de marzo, cuando comienza la procesión a estos establecimientos en busca de masclets, fuentes, bombetas o salidas, individuales o en batería. Nombres conocidos de sobra para cualquiera criado en tierras valencianas, pero objetos de deseo para los que vienen de fuera, sin cultura popular que les diga cómo, dónde y cuándo pueden usarse, convirtiendo la ciudad en un caos.

El 'Gato', el petardo más fuerte de la pirotecnia recreativa junto a la 'Ráfaga 480'. Por último, los petardos infantiles más vendidos este año. / L-EMV
Los accidentes en menores durante la semana fallera fuerzan el debate: ¿Existe un verdadero control? Un niño en Torrent ha perdido parcialmente cuatro dedos al coger un petardo que no explotó de una mascletà; en Alberic, seis menores heridos al tumbarse una caja de carcasas.
La venta de petardos se divide en tres tipos: los F1 solo pueden venderse a partir de 12 años, aunque con supervisión pueden lanzarse por menores de ocho años. La cateoría F2 restringe la venta a menores de 16 años pero, de nuevo, con supervisión de un adulto pueden tirarse por jóvenes de 10 años. La categoría F3 y la T1 se reservan para los mayores de 18 años, todo regulado por el Real Decreto 989/2915 del 30 de octubre, cumplido rigurosamente por estos comercios que generan en estas semanas el 80 % de la facturación anual.
En estos establecimientos, pedir el DNI es una obligación. De ahí que no sea raro que los adolescentes hagan cola en las inmediaciones y pidan a un adulto -cualquier que por allí pase- que les compre petardos de más calibre del permitido, una circunstancia que no se puede controlar desde estos comercios, ya que una vez salen por la puerta, pierden el control sobre el género que han vendido.
¿El problema es la venta o el uso indebido?
Una de las tiendas de Pirofoc se encuentra en plena zona cero de València. El barrio de Russafa se ha consolidado en los últimos años como el cohetódromo extraoficial de la ciudad. En los cruces de Sueca con Puerto Rico y Sueca con Dénia se organizan verdaderas batallas campales con artefactos de diferentes calibres, generando, colateralmente, enfrentamientos entre visitantes y vecinos que no pueden sostener sus rutinas con estas dinámicas festivas. No es el problema el artefacto en sí, es el uso que se les da, como recuerdan Jorge y Adrián, que regentan esta tienda de petardos en plena calle Cuba.

Una de las tiendas de Pirofoc, concretamente la de la calle Cuba de València. / Miguel Angel Montesinos
Aseguran que la presencia policial este año se ha incrementado exponencialmente y se han realizado registros y decomisos constantes, incluso en la misma puerta de la tienda. "La vigilancia aumenta, pero eso no garantiza que quienes tiran petardos lo hagan con sentido común", lamentan.
"Nosotros explicamos cómo deben tirarse las baterías [cajas que contienen varias salidas, tipo castillo de fuegos artificiales], que también está indicado en la propia caja: que se lancen en sitios amplios, sin aglomeraciones, lejos de árboles y edificios. Sin embargo, cuando salen por la puerta, no podemos ejercer de policías y cada uno hace lo que quiere, pese a que cada artículo tiene su propio uso", explican a este diario.
Horarios que se omiten
Queda patente año tras año que se desconoce la normativa por parte de los que lanzan este tipo de artefactos, pero los promotores de la fiesta -comisiones falleras- son, precisamente, los más cumplidores con la norma. Disponen de zonas acotadas para los petardos, evitando la molestia a los viandantes y respetando los horarios marcados: en los días grandes de Fallas, del 14 al 19 de marzo, se pueden disparar hasta las 2 de la mañana y a partir de las 7:30 de la mañana. Para respetar el descanso vecinal y el bienestar animal, "se recomienda" no disparar artificios pirotécnicos de 9 a 10 de la mañana y entre las 3 y las 5 de la tarde. Horarios que las comisiones, en general, respetan; la ciudadanía particular, no. Principalmente porque son recomendaciones no vinculantes; es decir, no es una obligación.
De los dos gramos legales a los 4 kilos ilegales
El problema llega con los que disfrutan de la fiesta sin control, respeto o conciencia de lo que se tiene entre manos: dos gramos de pólvora, como máximo, para la pólvora recreativa. A partir de eso, cualquier producto sale de pirotecnias autorizadas y no de tiendas comerciales. De hecho, lanzar cualquier petardo de más de dos gramos de pólvora es ilegal. Para comparar, el año pasado se dispararon varios petardos ilegales, de fabricación casera, tanto en el Jardín del Túria -área prohibida para tirar petardos- como en la calle Tomás de Montañana, que llegaron a tener 4,3 kilos de pólvora. Al dispararlos, se generan socavones en el suelo, como una bomba.

Hortensia García
Ahora bien. Esos dos gramos de pólvora están dentro de petardos como los 'Gatos', fabricados en Chelva, y que suenan como un bombazo allí donde se tiren, aunque son las baterías las que generan una gran expectación para el que la dispara y para los que la ven dispararse, al funcionar como un castillo pequeño. En Ruzafa se han visto todos los días y han sido acogidas de diferente manera: hartazgo en el vecindario, admiración en los visitantes.
"Hay baterías de 5 euros y hasta 150 euros y se suelen vender dentro de la semana fallera", explican Jorge y Adrián. Son adquiridos, sobre todo, por extranjeros, donde una vez más queda patente la falta de cultura pirotécnica. "Vienen a por estos productos porque en sus países está prohibido normalmente, y aquí tienen varias semanas para dispararlas sin ningún control", señalan. Los más habituales son los alemanes, los neerlandeses y los italianos, "que se llevan los artículos más potentes de la tienda".
¿Los 'borrachos' son legales?
En este sentido, junto a los 'Gatos', truenos en general, masclets y salidas de mayor o menor calibre, los más temidos son siempre los conocidos como 'borrachos', los cohetes o 'femelletes' usados en las fiestas tradicionales valencianas de los correfocs o otras citas populares. Su uso indebido llevó hace años a aplicar un control policial más estricto: están hechos para ser sostenidos con pinzas, pero se democratizó su uso común soltándolos y dejándoles a su libre albedrío, con trayectorias aleatorias que sembraban el pánico a su paso.

Pirotecnia El Fallero, también en el barrio de Russafa de València. / Miguel Angel Montesinos
Aún lo hacen porque no son ilegales, si bien en Pirofoc han dejado de venderlos en las tiendas del centro. "Somos conscientes del uso que se ha hecho de ellos y la policía nos agradece que no los vendamos en barrios como Russafa o el Carmen, tan saturados de esta pirotecnia", aseguran los trabajadores. Su precio, además, es más que accesible: doce cohetes por diez euros. Con diez euros cualquiera tiene el poder para generar el terror en la ciudad.
Suscríbete para seguir leyendo
- El presidente de Mercadona pone el contador a cero en las cuentas del Roig Arena
- Adiós al sol: la Aemet pronostica el regreso de la lluvia y las tormentas a la Comunitat Valenciana
- Una avería eléctrica interrumpe la circulación en Metrovalencia durante la jornada de huelga
- La Agencia Tributaria activa la casilla del IRPF para aplicar las deducciones autonómicas en la C. Valenciana
- La Conselleria de Educación se niega a negociar los salarios de los profesores hasta otoño y alega que hay 'un exceso de gasto
- Una subida de 300 euros o pagas extra completas: la reivindicación de los sindicatos en la negociación salarial con Educación
- Fallece el operario de una grúa al intentar levantar un tractor volcado en Vallada
- Unos 100.000 migrantes de la Comunitat Valenciana tienen dos meses y medio para regularizar su situación