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Cuatro años sin el artista fallero Manuel Algarra

La figura del artista fallero ha quedado como un símbolo extremadamente valorado, y tuvo su remate con el homenaje de la ciudad a su trayectoria y convicciones

La llama de Algarra revive eterna en las Fallas de València

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La noticia llegó por la mañana, como un mal aire, pero se había producido horas antes. Después de haberlo dejado todo atado y bien atado y después de despedirse de familiares y amigos más cercanos. De eso hace ahora cuatro años y ahora quien lo ha recordado antes es el copresidente de Maestro Gozalbo, Miguel Prim que es quien tuvo una relación más estrecha junto con su homólogo Vicente Fuster, que son quienes condujeron el acto de homenaje, materializado el pasado ejercicio. Tal día como el 5 de abril se nos fue Manolo Algarra.

Manuel Algarra era para entonces un artista consolidado e importante, poseedor del récord de años seguidos plantando para una comisión de Sección Especial. Y solo la insistencia le había acabado por dar el protagonismo en un escalafón que, al principio, parecía no querer contar con él como uno de los grandes, grandes. Solo a partir de los años tuvo la recompensa de los primeros premios de ingenio y gracia que hacía mucho tiempo que se había hecho acreedor. Y el primero de falla, el absoluto, se le escurrió entre los dedos en 2011. Cuando Almirante sufrió la crisis económica no abandonó el barco y su labor se centró en seguir sumando visibilidad a base de "ninots indultats" (hasta ocho) y en optar a la "zona europea" cuando se leían los veredictos. Aún le dio tiempo, aunque fuera a distancia, para completar su trayectoria con un antológico cuarto premio en ese fatídico 2022, que lo arrebató apenas dos semanas después de la "cremà". Almirante le renovó antes, ya enfermo, pero finalmente hubo que dar paso a Toni Pérez, mientras que Maestro Gozalbo reunió a varios artistas para plantar en su honor.

Eso, en Almirante a la más alta exigencia. Un escalón y cien metros más allá, en Maestro Gozalbo, sumó ocho podios en ocho fallas, incluyendo cinco victorias. Una superioridad salvaje con un concepto de falla diferente, alineado con otros equipos creativos, pero con la misma profesionalidad y oficio.

"Siempre falla"

De su fallecimiento se ha escrito mucho, especialmente su desgarradora despedida en redes sociales, que ha quedado en la historia de la fiesta: "Ya sabéis que he estado este último mes muy delicado de salud, la cual he ido perdiendo con el paso de los días, hasta tal punto de que hoy he autorizado mi sedación. Daros las gracias a toda la gente que ha estado apoyando mi carrera, siempre intenté ser honesto en mi vida y mi trabajo y hacer mi oficio viable. Sirva este mensaje como despedida a toda esa gente que no me ha dado tiempo a hacerlo. Que la llama siga ardiendo en vuestros corazones Siempre falla".

El vídeo del homenaje de las Fallas a Manuel Algarra

Redacción Levante-EMV

Ese "Siempre Falla", para defender la particularidad de la falla como obra singular -llevada en ocasiones, y multiplicada por sus seguidores, a extremos equivocados en el rechazo a la palabra "monumento"- se convirtió y sigue siendo, un lema, un deje y una marca de personalidad.

Numerosos gestos se produjeron desde entonces. Desde el brindis, cumpliendo sus deseos, de aquellos con los que compartió jurado de la corte de honor 2009, encabezados por su amigo Nacho Cotino -la misma liturgia que hicieron el pasado mes de noviembre, los asistentes al homenaje-, el premio instaurado por Almirante Cadarso y, ahora, el recuerdo urbano. Primero fue Maestro Gozalbo quien rotuló su cruce como "Plaza de los Sueños", aceptación alternativa.

Homenaje único

Este año, con pompa oficial y presencia de las autoridades y a los sones de "My Way", en el cruce Almirante Cadarso-Conde Altea, se inauguró una placa con su nombre y el otro lema que dejó como icono: "Que la llama siga ardiendo en nuestros corazones".

A la vez -estamos hablando de noviembre de 2025-, ambas comisiones quemaron dos ninots que guardaban en sus casales. El de Almirante, el último que presentó a la Exposición del Ninot y que simbolizaba al artista de antaño, y que incluía un homenaje implícito a su suegro, Enrique Viguer. Y que la comisión reconvirtió en un homenaje a él, cambiando la cabeza del artista indeterminado por que le recreaba como retrato, vistiéndolo con una de las sudaderas blancas del Taller de Algarra. La figura, como todas las que se guardan en un casal, fue deteriorándose, pero no tuvo mejor final, junto con la de Maestro: arder en el homenaje. Ninguno de los grandes mitos de la plástica fallera que han fallecido han recibido un reconocimiento popular y oficial así.

El Taller de Algarra reabrió para poder reorganizarse y ahora ha vuelto a la actividad con su hijo, Manuel Algarra II y su viuda, Tere Viguer. Tras dos experiencias en Reina-Paz-San Vicente ya ha sonado como posible para una falla de Especial, que de momento no se va a materializar, pero el tiempo es el que dictaminará su espacio. De momento, su padre lo tiene marcado en la historia de las Fallas como pocos a lo largo de la misma.

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