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Cien cruces adornan València en mayo

Un centenar de comisiones de falla, parroquias, hermandades y asociaciones llenan la ciudad con obras florales para celebrar el hallazgo de la Cruz de Cristo, con muchas alusiones este año al Santo Cáliz

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El puente del 1 de marzo ha terminado en la ciudad de València con «plantà». A pesar de la tentación de pausar la actividad, numerosos colectivos -especialmente comisiones de falla, pero también colectivos festivos, parroquiales o cívicos de todo tipo- se lanzaron el sábado por la tarde-noche a levantar, en calles, cruces, plazas o recovecos, las Cruces de Mayo, una festividad que es dogma de fe en otras ciudades, pero que en València tiene como principal característica la altísima participación. Sirva el ejemplo, Granada y Córdoba, las dos ciudades que las tienen como fiesta grande, extienden poco más de medio centenar de piezas florales de este tipo. València duplica estas cifras.

Dos categorías

Las Cruces de Mayo de València tienen concurso. El año pasado se celebró el centenario del mismo y desde 1949 lo convoca Lo Rat Penat. Por el tamaño de algunas de ellas hay una «Sección Especial», que componen la Agrupación de Fallas del Barri del Carme (en la Plaza de la Santa Cruz), la Junta de Fiestas Virgen de los Desamparados de Patraix (el ya clásico cruce de Pío XI con Cuenca, junto al camarín de la imagen), la Associació Creus de Maig de La Torre (en la plaza de la Iglesia), Associació Cultural l’Horta (en la Ermita de Vera), las comisiones, todas ellas vecinas entre sí, de Cádiz-Dènia, Castellón-Segorbe y Reino de València-San Valero, Maestro Gozalbo-Conde Altea e Isabel la Católica-Cirilo Amorós y la falla Plaça de la Creu-Els Angels en el Canyamelar.

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El mal tiempo del fin de semana tiene su ventaja, puesto que garantiza que las cruces de flores se mantendrán un poco más en buen estado. Con el paso de los días, y especialmente en los años que el sol aprieta, la cruz se deteriora y, de hecho, hay participantes que tardan más de la cuenta en retirar las obras florales, que para entonces ya están totalmente apochadas. Pero no es el caso de momento.

Los próximos días se pueden contemplar y en los mejores casos, admirar las virtudes que pueden llegar a tener y que ponen en juego tanto los colectivos participantes como las floristerías que trabajan. Tanto por decoración de los entornos como por la calidad de las flores pinchadas o por el ingenio de la tematización. El año pasado, por ejemplo, la dana fue la protagonista y no fueron pocas las propuestas artísticas que estuvieron dedicadas a aquellos sucesos.

Santo Cáliz en la cruz de Molinell-Alboraia

Santo Cáliz en la cruz de Molinell-Alboraia / Moisés Domínguez

Tematización del Santo Cáliz

Este año, la clave temática es más amable: no son pocas las cruces que están acompañadas con elementos decorativos en forma de Santo Cáliz, en alusión a Año Jubilar de la Esperanza. Y no faltan quienes acompañan a la cruz de paneles explicativos o incluso «ripios», como si de escenas de fallas se tratara. Así se podrán ver hasta que la flor aguante.

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