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El Congreso Fallero acepta que la directiva de la JCF la seguirá eligiendo el concejal y aparca definitivamente la "revolución"

Los congresistas aceptan casi por unanimidad la fórmula actual pero piden un determinado "pedigrí" fallero a quien ostente la secretaría general

Los congresistas votan en masa a favor de mantener el actual estatus

Los congresistas votan en masa a favor de mantener el actual estatus / Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El Congreso Fallero ha terminado gran parte de su molla nada más empezar la sesión del 20 de mayo. Y con ella, el intento de cambiar las estructuras de la Junta Central Fallera y su relación con el Ayuntamiento. La revolución se ha quedado en nada por voluntad de los congresistas, incluyendo los proponentes de la particular proclamación de la República que se atisbaba en el Prerreglamento. Lo que quiere decir que la JCF seguirá dependiendo del concejal de turno, sea azul, naranja, rojo o verde, con sus aciertos y sus errores, que éste nombrará a todo su equipo de confianza y que las bases falleras seguirán teniendo sus mecanismos de veto, queja, alegación y hasta reprobación en forma de asamblea de presidentes y, si se organizaran, en el propio pleno de la JCF, donde también son mayoría.

Hace unas semanas ya se había denegado la primera gran propuesta: que el concejal, actual presidente, se marchara a su despacho y pusiera, además del dinero de la casa grande, un delegado en calidad de "presidente ejecutivo", que se movería poco menos que con el mando a distancia.

Ahora quedaba la cuestión del secretario general, para el que se planteaba que al concejal, o a su delegado, era la asamblea de presidentes quien le ponía un secretario general. Elegido anualmente, sin condición técnica o académica, y remunerado.

"Hay dudas legales"

Luis Fortuny, en nombre propio y de Carmen Boscá, solicitó la supresión de esta iniciativa apelando a una obviedad: "no parece muy operativo que a un presidente se le ponga el secretario", eso sin olvidar que, en caso se aprobarse, quedaba el VAR municipal, en forma de servicios jurídicos "donde hay dudas legales porque es un cargo administrativo municipal". Tanto, como que hace ahora un año, antes de empezar el Congreso, la secretaría municipal ya había enseñado la patita, haciéndoles ver que lo normal es que este nuevo estatus sería considerado ilegal.

"A nosotros no se nos impone la directiva en la falla"

Y Rafael Ferrando echó mano de la practicidad: "si hemos aceptado que sea un político quien ostente la presidencia, por normalidad, él debe nombrar su equipo de confianza y más el secretario general. Puede ocurrir que si se impone el secretario, la directiva vaya por un lado y secretario vaya por otro. A nosotros, cuando somos presidente de la comisión o de la agrupación, no se nos impone nuestra directiva y no querríamos. Y más en un cargo tan fundamental".

Estaba todo bastante cocinado de antemano porque Vicent Almela, uno de los redactores del prerreglamento, donde se proclamaba el cambio, reconocía que "tras las reuniones mantenidas, pedimos que se vote a favor de un nuevo texto, que es garantista".

¿Cómo se elegirá, pues? Simplemente, que "la Secretaría General será designada de acuerdo al sistema interno de la Junta Central Fallera, de forma transparente y democrática, y cesará por término de mandato, dimisión, pérdida de confianza o causa disciplinaria". O sea, más o menos como ahora.

Paupérrima asistencia

Los congresistas votaron masivamente a favor de dejar las cosas como están. Tan solo dos votos en contra y casi un centenar a favor. Casi un centenar quiere decir que, en la reunión más trascendente del Congreso -o una de las dos que más- se dio cita menos de la tercera parte de los congresistas acreditados, aquellos que llenaron, en su día, el Palau de la Música, en la no tan lejana sesión inaugural.

Reclaman requisitos "falleros"

Para suavizar las cosas y que no haya vencedores ni vencidos, los congresistas también arreglaron una cláusula para ese futuro secretario general. Así lo defendió también Luis Fortuny. "Queremos que un cargo de este tipo tenga algún requisito de contenido, llamémoslo así, fallero". O sea, un pedigrí mínimo. Aunque no dejó de recordar que, tratándose de la administración pública, "tenemos dudas de que frente al peso administrativo este requisito pueda valer o no, pero no está de menos proponerlo y que pase el filtro en una instancia superior".

¿Qué se le pediría a ese secretario general? "Ser fallero en activo al menos 10 años en una comisión de la JCF acreditando haber sido cargo directivo de una falla o una agrupación o haber sido delegado o secretario de delegación de la JCF durante por lo menos un año". No es pedir la luna, pero una cosa es que, en las instancias municipales, se acepte en su totalidad legalmente o que se quede como una sugerencia. También se aprobó, casi unánimemente.

A partir de ahí, empezaron a decaer muchas de las enmiendas presentadas porque estaban condicionadas al nuevo estatus, no materializado finalmente.

De la misma manera, se eliminó del texto lo reglado sobre la Gerencia Administrativa apelando nuevamente a que "este es un cargo municipal, forma parte de la rama municipal y no ha lugar a que esté en el Reglamento Fallero".

Podrá haber hasta seis vicepresidentes

Faltaban las vicepresidencias. Contando con que se da por hecho que quien elige es el concejal, sí que proponía algo que ha ocurrido en otros Congresos: la posibilidad de aumentar las vicepresidencias.

El Prerreglamento señalaba que, como poder, podía haber un número ilimitado de vicepresidencias ("siete o más" como máximo decía). Pero una enmienda, nuevamente de Luis Fortuny y Carmen Boscá, quedaba aprobada atemperando y flexibilizando la cifra a "un mínimo de tres y un máximo de seis". Ahora, el actual Reglamento, establece una cifra cerrada de cinco.

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