Contracrónica
Wasap para la verbena, pero no para la Falla
La asamblea derrochó estrategia y recursos para exigir decibelios, mientras 60 comisiones siguen sin anunciar, con el plazo ya vencido, cuanto dinero destinarán a los monumentos ni en qué sección quieren militar

Imagen de la asamblea de junio / Fotofilmax

La asamblea de presidentes de junio fue reflejo de las realidades con las que se mueve el parlamento de las Fallas. Y de los contrastes sobre cuáles son las prioridades. Antes de que Santiago Ballester informara del acuerdo conseguido -sobre la bocina- en la casa grande (librar de la norma de ruido a la fiesta de San Juan apelando a su carácter tradicional) y saliera entre aplausos, se había preparado una asonada a través del wasap: primero hablaría el presidente de la Interagrupación y después, solidariamente, irían tomando la palabra más presidentes para decir todos lo mismo: que las verbenas, con esos decibelios, en un barrio, es inviable -como lo es en Les Arts-.
"La Asamblea es el lugar donde hay que hacer 'ruido' y trasladar nuestra disconformidad. La Inter lo va a hacer, pero es cierto que si muchas comisiones toman la palabra el músculo de la protesta es mucho mayor (...) No porque otro presidente haya dicho algo parecido, no tomeis la palabra".
La estrategia se vino abajo y el Puente de Alcolea se quedó en manos del concejal, antes ni de plantearse las hostilidades, al precio de rescatar, con no poco esfuerzo, la excepción de la "Fiesta Tradicional". Y el relato le salió redondo, convincente: "el viernes me llamásteis y nos pusimos a trabajar en seguida". Más allá de lo que les asustara la amenaza de la movilización, que también. La excepción está cogida con pinzas, pero suena defendible a efectos legales. Los vecinos que quieran dormir tendrán que pasar la noche insomnes visionando el Ecuador-Curazao. Ahora falta que, efectivamente, la excepción sea comunicada a las comisiones que preparan su fiesta para el día 20.
Una movilización es legítima y saludable para defender intereses de la fiesta y para recordarle a la municipalidad que el pueblo (fallero) tiene vigilancia, voz y voto a través de su particular parlamento. ,
El problema es que el derroche de energía, estrategia y wasap se articuló en defensa de la verbena y el tardeo, pilares poco esenciales de la historia de la fiesta. Para protestar por su enmudecimiento a través de unas normativas que, vía judicial, se imponen cada vez más a todo aquello que responda a contaminación acústica.
Tiende últimamente la asamblea a victimizarse. A considerarse perseguida por todos los poderes. Bajo el mantra de que son ellos los únicos sobre los que recaen normas y restricciones, con la cantidad de cosas buenas que hacemos. Dicho esto un mes y medio después de que a la hostelería de Russafa le haya caído como una losa la normativa de la ZAS.
También tiende a quejarse de la cantidad de papeleo que hay que hacer en la fiesta contemporánea. Lo decía una presidenta haciendo alusión a las prescripciones necesarias para un aparentemente, inocente hinchable infantil. Y Ballester tuvo que recurrir a un argumento crudo: los hinchables de Mislata. Con dos víctimas mortales infantiles. Y lo que aún es más elocuente: las prescripciones ya existían, no son nuevas, pero se aplicaba hasta ahora el "como nunca lo pedían...". Y los tiempos han cambiado, llevándose la impunidad y el descontrol de antaño.
Da igual: acéptese la legitimidad a la hora de reclamar decibelios. O de lamentar que cada vez hay que rellenar más papeles. O que el Prefallas sea el 5 y 6 de marzo; o que las carpas se puedan montar el 2 0 3 de marzo. Hasta exhibir el comodín del Patrimonio, del Impacto Económico o de la cantidad de acciones solidarias que promovemos las Fallas. Pídase cuanto se pueda, que luego ya llegarán los límites, pero que por reclamar no quede.
Más aún: fuera de la estrategia diseñada y abortada de queja y bulla, surgió la pregunta más valiosa a traves de otra presidenta: "Como en el Mig Any sí que habrá limitaciones, ¿cómo organizo unos Balls al Carrer, que son cultura, si tampoco se puedo cumplir los 45 decibelios?".
Pero donde flojeó más el argumento fue cuando llegaba el final de la asamblea: cuando Nico Garcés informó que sesenta comisiones -de Falla- no se han tomado la molestia de informar de cuánto dinero destinarán a los monumentos -falleros- y en qué secciones querrían militar. Para organizar la Clasificación de Fallas. Que lo que hay que hacer no es ni contrato ni boceto, sino una nota simple que, a estas alturas, debe estar más que clara. "Me gasto tanto y quiero ir a la sección tal".
El secretario general (el que es, no el que quería ser) dijo que, en lógica, esas 60 comisiones deberían quedar fuera del concurso de Fallas. Descalificadas. Obviamente, no va a pasar. Pero para el elemento esencial de la fiesta no hubo grupos de wasap.
Veremos qué poder de convocatoria tiene la asamblea en la que se aprueben las normas del concurso de Fallas. Y qué poder de convocatoria tiene la del jurado de fallera mayor. En los años anteriores, la comparación es grosera.
De momento, celébrese que habrá verbenas porque, decibelios al margen, tienen su punto recaudatorio. Y servirá, se supone, para mejorar esa ecuación que dice que las comisiones que plantan de Segunda A hacia abajo invierten en falla (en monumento) cuatro euros al mes por fallero adulto. Cuatro. A ver si son cinco. Porque somos falleros, no festeros.
Esto también se puede pedir por wasap.
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