Un año sin Julián
El popular fallero falleció hace ahora un año tras un accidente, pero su impronta ha pervivido en la familia de la fiesta

Ninot de Julián Carabantes en la falla Convento Jerusalén del pasado mes de marzo / Moisés Domínguez / D

En un año de Fallas se producen muchas noticias y hechos. La fiesta es lo suficientemente intensa como para generar acontecimientos. En el presente, el Congreso Fallero, el debate por la Ofrenda, la masificación de censos, la falta de artistas falleros... pero ningún acontecimiento, y para mal, para triste, para desolación, se habló como desde la mañana del 9 de julio. En ese momento, Levante-EMV fue el primer medio de comunicación en anunciar lo que se rumoreaba desde primera hora, pero que precisaba de confirmación. Sobre todo, por lo imposible de la noticia: se había muerto Julián Carabantes. Un auténtico shock que se fue agravando con el paso de las horas, cuando se esclarecieron los increíbles hechos que habían sucedido el día anterior: se había matado por una mala caída, al subir a una escalera para decorar la nueva sede de la Agrupación de Fallas del Marítimo, que había inaugurado apenas unos días antes.
No solo era inasumible que se hubiese subido él mismo a la escala -era grandote-, sino que la caída fuera tan mala. Podía haberse pegado un costalazo y se le habría reprochado con un "¿y tú qué hacías ahí arriba?". Pero el destino, o lo que sea, quiso que cayera de cara, en el mayor de los infortunios. Un choque brutal y letal de necesidad. Julián sobrevivió unas horas, durante las cuales se activó el protocolo para preservar órganos y poder dar a otros la vida que se le había escapado, en un último acto de generosidad.
Con la perspectiva del tiempo se puede asegurar categóricamente que las Fallas y la gente que le apreciaba ha sabido visibilizarle en la despedida y que su recuerdo, su estela, pervive. Por supuesto, el tiempo ha ido estabilizando la normalidad de lo imposible. Lo mismo que pasó poco tiempo antes con Manuel Algarra, esa otra despedida inasumible de la historia reciente de la fiesta. Pero han pasado doce meses y Julián siempre sigue saliendo a la conversación. Sigue, como se diría con simpleza, "estando ahí".

Moisés Domínguez
Un asiento vacío
A los pocos días, un asiento vacío en la Champions de los Play Backs, en los Jardines del Palau, junto a un rápido audiovisual ya le recordaba con congoja. Tal como ha sucedido en el concurso de la Junta Central Fallera o en los propios monumentos falleros. Su figura apareció en la Exposición del Ninot y después también a pie de calle en varios "cadafals", incluyendo el de Convento Jerusalén, donde David Sánchez Llongo hizo una auténtica apología vital.
Con lo rápido que se desmemoria la historia, Julián puede estar satisfecho allá donde esté. Otros personajes de la fiesta fallera se marcharon y, con las prisas del día a día, se han difuminado como un vilano. Es la ley de vida y lo que le pasará a la gran mayoría de nosotros.
El funeral más triste
Lo que hay que recordar es que a Julián lo despidió el todo València en uno de los funerales más sentidos que se puedan recordar. No fue un tanatorio de los que se entra, se saluda, se acompaña pero, nada más salir, se habla de trivialidades. Aquellos dos terribles días no había ganas de nada. Estaba prohibido sonreir.
Lo que hay que recordar es que Julián tuvo el recuerdo y hasta un elaboradísimo homenaje, imposible de realizar si no habías dejado atrás una legión de amigos. Una obra parateatral que, sin duda, habría sido de su gusto. Con todos sus modismos y latiguillos, sus defectos -que siempre había que tratar con indulgencia- y sus virtudes. Con su "no se lo digas a nadie" después de haberlo escampado por medio mundo y que formaba parte de su encanto. Pero que tuvo su máxima con aquella doble pregunta:
"¿Nos os parece que, desde hace menos de un año, nos dura más la batería del móvil?"
"¿Pero que nuestro móvil parece mucho más aburrido?".
O como dijo Diego Palacios, "lo que entendimos al marcharte es la huella que dejaste y la tranquilidad que no queríamos".
La vida ha continuado. Los "play backs" siguen celebrándose. Los musicales siguen alzando el telón. Y las Galas del Teatre. La Agrupación del Marítimo ya tiene nuevo equipo rector. El "Tot es Festa" sigue de tertulia, aunque no sea lo mismo. Su madre ya le acompaña allá donde estén. Y quedan las imágenes, su voz inconfundible mil veces grabada con su "Oye, nene". Y aunque el tiempo diluya los recuerdos -habrá una generación que, en unos años, pregunte "¿Quién era ese Julián Carabantes del que hablais?"-, No cabe duda que Julián, Julianín, el "niño grande", se ha ganado un puesto en el imaginario de la fiesta. Aunque eso... no se lo diremos a nadie.
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