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El casal fallero se convierte en "pieza de caza" para promotores de nuevos apartamentos turísticos

Las dimensiones de los locales sociales son una tentación para reconvertirlos en espacios de hospedaje y quince nuevas comisiones ya han solicitado nuevos créditos para adquirir o reforzar sus inmuebles arrendados

Antiguo casal de la Nova de Benicalap, en la calle Carlos Cortina

Antiguo casal de la Nova de Benicalap, en la calle Carlos Cortina / Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La conversión de un antiguo casal fallero, el de En Plom-Guillem de Castro, en apartamentos turísticos no es un caso aislado. Tanto, como que la polémica obra en la calle Carlos Cortina, que está reconvirtiendo toda la planta baja de la finca en establecimiento hotelero incluye una parcela que fue ocupada en su día por la comisión de La Nova de Benicalap. Y así, varios casos más que ponen en evidencia no ya que las sedes festivas son terreno abonado para casas de huéspedes, sino que sobre las comisiones de falla pende el temor a un desalojo -en forma de no continuidad de los contratos-. Tanto es así, que durante los últimos años se alertó sobre la necesidad de adquirir locales en propiedad. Hasta el momento, quince nuevas comisiones se han sumado a la iniciativa ofertada por una entidad bancaria para poner en marcha el proceso de compra -aunque en algunos casos es simplemente de reforma para garantizar la continuidad- y asegurar el futuro.

Para los vecinos de Carlos Cortina, la situación es paradójica. Tal como reconoce uno de los vecinos de la finca, "había quejas por ruidos, pero ahora hemos acabado por echarlos de menos". La Nova recibió quejas por ruido lo que, unido al aumento exponencial de su censo y la aparición de una oferta mejor les llevó a cruzar la calle y acabar en un espacio singular: una nave de la Ciudad del Artista Fallero. Ahora, en plenas obras del apartamento turístico, permanece incrustada la "rajola" con el escudo de la comisión.

El casal de Carlos Cortina, antes de ser desalojado por los falleros y de ser reconvertido

El casal de Carlos Cortina, antes de ser desalojado por los falleros y de ser reconvertido / Maps

Mucho más que una planta baja

Hay de todo tipo y dimensiones, pero en un modelo típico, un casal fallero es mucho más que una planta baja. Es un espacio naturalmente amplio porque debe disponer de metros suficientes como para albergar una zona de reunión, barra, aseos, oficina y almacén como "servicios mínimos". A poco que se estire puede haber escenario, cocina y cualquier otra dependencia imaginable. Suficiente como para que, si se está en régimen de alquiler, el propietario baraje la posibilidad de terminar la relación contractual y transformarlo en establecimiento de pupilaje. Eso es lo que, ya desde hace más de dos años, las comisiones alertaron en la asamblea de presidentes. Aunque las comisiones de falla son pagadoras fiables, se alertaba de que los precios del alquiler estaban subiendo exponencialmente y se pedía a la Junta Central Fallera una intermediación para conseguir créditos blandos y poder adquirir nuevos locales.

A finales de siglo ya ocurrió

Una situación parecida ocurrió a finales del pasado siglo cuando, al crecer exponencialmente las cuotas de alquileres históricos, se articuló una campaña de adquisición de locales, que contaban ante la entidad bancaria con el aval del propio ayuntamiento. Esta acción, bajo la presidencia del entonces concejal Alfonso Grau, permitió que una importante cantidad de comisiones pudieran convertirse en propietarias del inmueble. Estos préstamos han vencido ya en su totalidad y no consta que ninguna comisión tuviera que renunciar al pago de las cuotas.

En la actualidad, el ayuntamiento ya no puede convertirse en avalista, pero sí que hizo las labores de 'scouting' y, a través de la Junta Central Fallera, firmó un protocolo con Cajamar para facilitar el acceso y las condiciones a las comisiones de falla. La operación suscitó dudas que precisaron aclaración, como el porcentaje de la cuantía o la titularidad del aval. Actualmente, quince comisiones han iniciado ya los trámites para materializar la operación mediante este sistema.

Para muchas comisiones se mantiene la particular incertidumbre, aunque con la normativa aprobada la pasada primavera se establecen restricciones en función a la ocupación hotelera que ya hay según barrios. Y si no pende el desalojo, sí que se ha hecho notar el aumento de las cuotas de alquiler.

Alternativa: irse a otro barrio

Las comisiones de falla deben tener su sede social en la demarcación en la que plantan. En el territorio que les asigna la Junta Central Fallera a partir de constituirse. Pero la presión del mercado lleva a incluso a tener que abandonar el barrio para poder conseguir un inmueble. Esto ocurre cuando finaliza la relación contractual o cuando, directamente, el barrio nuevo no ofrece alternativa. Sirvan los ejemplos: Isabel la Católica-Cirilo Amorós ha tenido incluso que cruzar la Gran Vía y pasar a la demarcación de Salamanca-Conde Altea para disponer allí de una planta baja -dentro de una zona que ya de por sí es apetecible, en este caso para la hostelería-.

Entre los barrios de nueva creación destacan también casos como el de Blas Gámez-Ángel Villena, que tuvo que marcharse a Malilla para encontrar acomodo a su sede social, a más de un kilómetro de distancia. En estos casos, la ocupación del terreno se produce por consentimiento tácito de la falla a la que pertenece la demarcación. La comisión "ocupante" se compromete a utilizar el casal solo como sede y no sacar fiesta a esa calle.

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