Si usted ya se había hecho esa pregunta es porque piensa lo mismo que Napoleón Bonaparte. El modelo educativo de la universidad francesa del siglo XVIII entendía que la función de la Universidad era formar profesionales para nutrir los puestos técnicos de la administración y para preparar a los educadores en la nueva cultura. Una Universidad, en fin, utilitaria y profesionalizante.

Esta revolucionaria visión no tenía nada que ver con las universidades medievales, pero tampoco con las universidades inglesas del siglo XIX, concebidas para formar a una élite de personas con una determinada actitud ante la vida, independientemente de su profesión.

¿Para qué sirve una universidad?

Existe una gran variedad respecto al modelo educativo que deben seguir las universidades. ED

En estos comienzos del siglo XXI caben todavía más respuestas a estas preguntas. Algunos piensan que la universidad debe contribuir al avance del conocimiento y al progreso de la ciencia, por lo que miden la calidad de la misma por el número de premios Nobel entre sus egresados. Otros, sin embargo, piensan que una universidad debe estar al servicio del entorno donde opera para transferir sus conocimientos a quienes puedan convertirlos en prosperidad. 

La nómina de miradas sobre la universidad puede ser interminable si introducimos variables como el espíritu de su fundador, la legislación del país o las expectativas de lucro de sus propietarios.

Finalmente, podemos descender a la experiencia individual de media docena de universitarios y obtener la correspondiente media docena de respuestas diferentes: algunos jóvenes buscan prestigio, otros autorrealización, mejorar el mundo, establecer una red de contactos, obtener garantías profesionales o dar a sus hijos una oportunidad mejor que la suya. 

Nuevos modelos

No existe un único modelo de universidad. Diferentes modelos conviven en nuestro país amparados bajo el denominado “sistema universitario español”. Puede parecer inquietante que no exista una única idea de Universidad, con mayúscula, pero lo cierto es que en esta sociedad plural en la que vivimos resulta enriquecedor.

La Universidad, con mayúscula, está en crisis. Lo saben las autoridades, los docentes, los universitarios y la sociedad. Toda crisis implica la muerte de lo viejo y el nacimiento de los nuevo. El problema es que no se sabe a ciencia cierta qué parte es la que hay que preservar de tanto cambio.

3 de cada 4 carreras universitarias estarán desfasadas en unos años. ED

Estamos cerca de asignaturas sin temarios, clases sin horarios y titulaciones con planes de estudio diseñados por el propio estudiante. Cada universidad está ensayando nuevas fórmulas que sólo el futuro podrá validar. Permanecer sin evolucionar no es una opción.

97 millones de nuevos puestos de trabajo

No hace falta estudiar el informe del Foro Económico Mundial para apreciar el impacto que la tecnología está teniendo en el mundo profesional. Ni las profesiones más tradicionales – médico, abogado, arquitecto - se quedan al margen del impacto de la “cuarta revolución industrial”.

Las nuevas tecnologías han revolucionado nuestras vidas y amenazan con hacer lo propio en el mercado laboral. De este modo, diferentes estudios estiman que la digitalización y la robotización de muchos empleos podría llevar a eliminar el 50% de los empleos actuales de aquí a 2030, lo que equivale a 2 billones de puestos de trabajo.

De hecho, un total de 85 millones de puestos de trabajo desaparecerán de aquí a 2025, según el Informe “Futuro del Trabajo 2020” del Foro Económico Mundial. La buena noticia es que el mismo informe afirma que se crearán 97 millones de nuevos puestos de trabajo.

Así pues, la digitalización transformará por completo el ecosistema laboral durante los próximos años y dará paso a un nuevo mercado laboral, en el que primarán los perfiles digitales y polivalentes, capaces de adaptarse a los cambios constantes fruto de los avances tecnológicos. 

Con todo, los expertos advierten que, aproximadamente, el 75% de las profesiones del futuro todavía no existen. De este modo, 3 de cada 4 carreras universitarias podrían quedar desfasadas en los próximos años. Pero, si las profesiones del futuro no existen todavía, ¿qué enseñan las universidades?

Si atendemos al Informe “Futuro del Trabajo 2020”, en 2025, el pensamiento analítico, la creatividad y la flexibilidad figurarán entre las principales habilidades, imprescindibles para acceder a un puesto de trabajo

Algunas universidades piensan que es precisamente eso lo que debemos enseñar. Las herramientas que en cualquier profesión son fundamentales y también lo son para una sociedad que quiera progresar. En la Universidad CEU Cardenal Herrera lo están intentando.