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Entrevista | Pablo González Tornel Director del Museo de Bellas Artes de València

Pablo González Tornel: "El Museo de Bellas Artes necesita una gran ampliación digna de su colección"

En julio de 2020, la Conselleria de Cultura -entonces en manos de Compromís- anunció que Pablo González Tornel iba a ser el nuevo director del Museo de Bellas Artes de València

El director del centro hace balance de este lustro en el que presume de haber hecho un museo mejor, aunque aún con asuntos pendientes: su ampliación y la autonomía de un museo de titularidad estatal pero gestión autonómica

Entrevista a Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València

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Fernando Bustamante

Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

El 22 de julio de 2020 la Conselleria de Cultura, con la Generalitat en manos del PSPV, anunció que usted era el nuevo director del Museo de Bellas Artes de València. Han pasado cinco años. ¿Qué balance hace de este lustro?

Cuando accedí a la dirección en septiembre de 2020, el museo había padecido un periodo de poca estabilidad en los equipos directivos, con cambios frecuentes, perfiles muy variados, y eso no beneficia a ninguna institución. Esa inestabilidad acaba siendo percibida y no permite la conformación de un proyecto con personalidad propia que pueda ser entendido por el público. En estos cinco años, y voy a ser totalmente sincero, creo que algunos objetivos se han conseguido y otros no negaré que están pendientes.

¿Cuáles se han conseguido y cuáles no?

Hay varios puntos que han mejorado claramente la situación del museo en su ecosistema. Uno es la mejora de la estructura de personal. Cuando yo accedí a la dirección, el museo prácticamente carecía de departamento de restauración, solamente había una restauradora que estaba a punto de jubilarse y, de hecho, se planteaba un futuro en este aspecto bastante oscuro. Ahora mismo tenemos la suerte de contar con tres magníficos restauradores, Ana, Salud y Luis, que conforman un departamento y que nos permiten no solamente asumir el mantenimiento de nuestros fondos con el personal propio, sino, además, enfrentarnos con solvencia a algunas aventuras que antes teníamos que suplir pidiendo ayuda a personal externo. Se han consolidado personas que estaban en régimen de interinidad, se han cubierto plazas mediante nuevas oposiciones que nos han permitido crecer en personal y ahora, a falta de un par de vacantes que, esperamos, se cubrirán en los próximos meses, la estructura de personal del museo está mucho más completa. A pesar de que debe seguir creciendo, está mucho mejor que hace unos años. Los otros dos aspectos en los que se ha avanzado de manera notable y son más visibles son la consolidación y el crecimiento de la propia colección. Hace cinco años este museo no tenía un presupuesto claramente destinado para la adquisición de obras de arte y poco a poco se ha ido luchando por obtener un presupuesto digno que permita a una pinacoteca de estas dimensiones ir fortaleciendo aquellos puntos en los que es necesario crecer y también rellenando aquellos vacíos para que su colección se narre de manera completa y coherente. Vamos trabajando en ese sentido, no solamente a través de adquisiciones, sino también a través de donaciones y legados que han ido haciendo que la colección crezca.

González Tornel, durante la entrevista.

González Tornel, durante la entrevista. / Fernando Bustamante

Precisamente en los últimos años el museo ha recibido un buen número de obras en donación o depósito de coleccionistas particulares y usted ha puesto en valor esa relación.

Sí, fue muy importante el legado Gerstenmaier en 2021, que nos permitió incorporar nuestro primer Rubens y una colección de pintura de género, sobre todo flamenca del siglo XVII, que faltaba en los fondos de nuestra colección. Ha sido muy importante la donación de los ‘Caprichos’ y la obra gráfica de Goya en el que tenía particular interés. Es mi intención que acabemos atesorando, en la medida de lo posible, las series completas, tanto de los ‘Caprichos’ como los ‘Desastres de la guerra’ o ‘Disparates’. Trabajadores y administración hacen su trabajo en cuanto a conservación e incrementar la colección, pero los particulares lo hacen porque creen en el proyecto del museo y de manera absolutamente desinteresada deciden hacer depositario de una parte muy querida de sus bienes a esta institución. Sea una donación más grande o más pequeña, más rica o más humilde, la obligación de una institución pública es reconocer siempre el papel de los donantes. En ese sentido, hay que poner en valor el papel de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes, que periódicamente, en la medida de sus posibilidades, realiza pequeños esfuerzos para ir dotando de alguna pieza significativa a la colección del museo.

¿Qué planes de futuro tiene para el museo?

Los temas más relevantes son la estructura de personal, la puesta a valor de la colección y la renovación de la manera de presentar las obras de arte. Desde 2022 llevamos haciendo un trabajo constante en la renovación de todo el edificio Pérez Castiel mediante la creación de una nueva museografía para la pintura de los siglos XIX y XX desde el costumbrismo y la pintura de historia hasta Antonio Muñoz Degraín y Joaquín Sorolla. Sin embargo, todavía tenemos una notable falta de espacio para el siglo XIX y XX. Me gustaría disponer de alguna sala más para poder sacar joyas que tenemos guardadas en los almacenes. Este 2025 hemos iniciado la renovación de la gran sala de retablos, una renovación que pensamos seguir a lo largo de 2025 y como mínimo hasta 2026 con el objeto de actualizar una manera de exponer que llevaba sin revisarse desde hace 20 años.

La sala de retablos, un espacio para pintura medieval

¿Cuál va a ser el resultado de esas reformas?

En la sala que conocemos como la de retablos hay un cierto popurrí entre pintura del siglo XV y del XVI. Mi intención es que ese espacio acabe dedicado exclusivamente a pintura medieval. De esta manera, el final actual de dicha sala, que es el retablo de la Epifanía del Maestro de Perea, diría que es un final casi cronológico. Para eso tenemos que adecuar las salas que hay en perpendicular e ir desplazando todo el XVI hacia esas salas. Eso nos dejaría espacio libre en la sala de retablos para reorganizarlos de una manera didáctica y cronológica. Un museo hay que pensarlo para explicarlo y cuando es difícil explicarlo es que no lo estás pensando del todo bien. Tenemos que poner fácil a los visitantes que lo entiendan y a los medidores que lo expliquen.

Los aspectos más discutidos alrededor del museo siempre han sido sus ampliaciones y su tan debatida autonomía. ¿En qué punto se encuentran ambas cuestiones?

Los dos retos a solucionar todavía son, fundamentalmente, la infraestructura del edificio y su configuración jurídico administrativa. En ambos casos, la iniciativa debe corresponder a una acción conjunta de los gobiernos autonómico y estatal. Aunque también está implicado el ayuntamiento en materia urbanística y por ser un bien de interés cultural con un plan especial de protección. Es algo que tenemos pendiente y que esperamos hablar en las próximas semanas con la dirección general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura. Trataremos cómo solucionar algunas de las carencias estructurales del edificio y el entorno del museo, algo que se lleva arrastrando desde hace muchísimo tiempo. El museo merece una ampliación, merece un gran pacto que plantee una intervención estructural de calado que haga de él un lugar merecedor de la colección que custodia. Necesita una gran ampliación digna de su colección.

Una ley que permita aportaciones directas

¿Echa de menos financiación privada como sí la tienen otros museos de similares características?

Hay un problema fundamental en la captación de fondos para el Museo de Bellas Artes y que explica, en parte, una cierta desafección por parte del empresariado y es que el Museo de Bellas Artes no puede recibir subvenciones directas porque no tiene personalidad jurídica propia. Mientras el museo no tenga una ley que lo dote de personalidad jurídica propia no podrá contar con un presupuesto propio al que se puedan realizar aportaciones directas. Es cierto que el museo ha creado sinergias con grandes empresas y gran banca española, pero siempre en el modo convenio en el cual generosamente estas empresas han asumido un gasto concreto.

El director del museo, frente a la Santa Faz de Zurbarán.

El director del museo, frente a la Santa Faz de Zurbarán. / Fernando Bustamante

¿Cuál sería la figura jurídica idónea para el museo?

Los modelos son muy variados, hay consorcios, fundaciones... Parece que el modo preferente para la gestión de un museo de titularidad estatal pero de gestión transferida sea la creación de un ente autónomo administrativo de la Generalitat Valenciana para gestionar el Museo de Bellas Artes. Así se mantendría la titularidad estatal: el personal continuaría siendo funcionarios con todos los controles de Intervención, de Hacienda o de la Abogacía de la Generalitat, tendría un organismo de asesoramiento y control que puede ser un consejo rector o patronato y en el que estarían representadas las dos instituciones participantes, Estado y autonomía. Además, habría una dirección que también debería ser funcionaria.

¿Cuáles son los principales obstáculos que se encuentra en el día a día?

El principal problema de un museo es que es una administración atípica, es una institución que funciona de manera distinta al resto de la administración y su gestión encaja mal en los procedimientos del resto de la administración.

Hace unos días, el conseller de Cultura decía aquí mismo que València es ‘ciudad de los museos’. ¿Lo siente así, València mima sus museos?

València tiene un enorme potencial para ser una meca internacional de turismo cultural, sin negar que pueda haber iniciativas futuras que enriquezcan el ecosistema como ha ocurrido con el Centro de Arte Hortensia Herrero, que no ha hecho sino sumar, o el reciente anuncio de una nueva museografía para el Museo de la Ciudad. Y no nos olvidemos de los monumentos existentes en la ciudad, desde la Catedral y la Lonja a la calle de la Paz y los edificios modernistas del Ensanche. Todo eso y los dos buques insignia del Bellas Artes y el IVAM, supone materia prima suficiente para que cualquier turista nacional o internacional venga a esta ciudad con el único objeto de consumir cultura. Lo que falta en València es creerse que es ese destino cultural y empezar a organizarse como tal. Sin embargo, hay que ver la ciudad en su conjunto y no puede ser que un destino cultural tenga un centro histórico con un 10 % de su superficie convertida en solares ruinosos.

Recientemente hemos conocido que el museo ha comprado su primera obra de Juana Francés, realizada en 1949. ¿Hasta dónde piensa extender el discurso del museo?

Mi idea del Museo de Bellas Artes de València es más abierta de lo que, en algunos casos, se espera de estas instituciones. En València, el buque insignia del arte contemporáneo es y seguirá siendo el IVAM. No obstante, mi visión del Bellas Artes no es estrictamente cronológica, sino que debe narrar la tradición clásica de la Historia del Arte, fundamentalmente, basada en la figuración. Eso hace que este museo continúe su colección dentro del siglo XX, sobre todo en la producción del siglo XX que mantuvo viva la tradición clásica más allá de las vanguardias y de la abstracción.

Fue comisario del Año Sorolla en València. Tengo que preguntarle por el proyecto de traer a València la obra de Joaquín Sorolla de la Hispanic Society of America. ¿Qué le parece?

Solo sé lo que ha ido apareciendo en prensa, pero cualquier proyecto bien planteado y justificado, siempre suma.

¿València ha perdido la oportunidad de ser ‘marca Sorolla’? El visitante que ahora viene a València, quizás, espera un museo dedicado a su pintor más reconocido.

No sé hasta qué punto un artista es capaz de imprimir una marca a una ciudad, me parecería muy reduccionista considerar que València necesita la marca individual de una persona para ser algo. València ya es mucho.

Con el cambio de Consell, muchos gestores fueron ‘cayendo’ y usted se ha mantenido. ¿Se considera un superviviente?

Hemos conseguido que este museo sea mucho mejor ahora que hace cinco años y ese es el motivo por el cual seguimos al frente de la institución. Este museo es mi proyecto, no es mi trampolín.

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