Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Nino Bravo se cuela en la entrega de la Copa del Mundo

"Un Beso y una Flor" suena durante la celebración de España y tras un protocolo que, tal como era de suponer, capitalizó Donald Trump

Infantino y Trump entregan la Copa del Mundo a Rodri

Infantino y Trump entregan la Copa del Mundo a Rodri

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El Mundial de México, Canadá y Trump finalizó con la entrega de la copa para el único ganador. El que lo mereció desde el primer segundo. España, claro. La celebración de todos, de Ferran Torres (en la historia sale como «Torres», pero este es el de casa, no se confundan). Valenciano como autor del gol histórico y celebración a los sones de Nino Bravo. «Un Beso y una Flor» remató la celebración. España se va, pero jura que mañana volverá. Porque, efectivamente, más allá del mar hubo un lugar donde el sol brilló más. Las piedras del camino forjaron el destino en forma de Cabo Verde, goles milagrosos y una batalla final de 125 minutos contra todo: el rival, el ambiente, el césped, el árbitro y muchos 'stablishment' que, seguramente, habría querido otro final.

La celebración a pie de césped ya tuvo de todo: Almada y Paredes tiraban al suelo a Gavi, Otamendi se encaraba con Rodri y Laporte también se las tenía tiesas, Ayala reverdecía su tiempo que ya pasó dandoun puñetazo a Dani Olmo, mientras Scaloni era quien ponía cordura, en el tiempo que el «Que viva España» sonaba a todo volumen. Y mientras, los jugadores campeones se cebaban en Ferran Torres, al que estrujaron de todas las maneras posibles para reconocerle que haya sido autor del gol del título el futbolista menos esperado, menos estrella.

Las imágenes se quedan para siempre: Lamine Yamal y Nico Williams tirados en el suelo, el del Barça señalando la estrella de la camiseta y haciendo señas de que viene otra. El abrazo entre seleccionadores, el de los barcelonistas con Messi. Y luego los corros. ¿Qué hacen un valenciano, un madrileño y un catalán? Ganar la Copa del Mundo. Salieron las banderas territoriales y de las primeras, la senyera de Ferran, que le acompañó toda la celebración mientras unos y otros se iban acercando a la zona en la que estaban los familiares.

Y llegó el momento de la entrega de la Copa. Se organizó un cadafal junto con una reproducción de la Copa bastante chapucerilla, que cualquier artista fallero habría hecho bastante mejor.

Infantino acompañó a Trump. O Trump acompañó a Infantino, que el boss era el que llevaba la corbata roja. También estaban los representantes de los países coparticipantes, pero no tendrían derecho a entregar medallas. Solo a dar manos. Lo mismo que el rey Felipe VI.

La celebración que pasará a la historia

La celebración que pasará a la historia / Efe

Premios individuales

Primero desfilaron los árbitros. Gracias por nada.

Y después tocaban los premios individuales. El mejor joven, de sobra, para Pau Cubarsí. Sin debate alguno. El mejor portero, el guante de oro, también previsible: Unai Simón. Un gol en ocho partidos y el tercer título grande que se lleva al coleto.

El Balón de Oro, el MVP, para Rodri, para que haga juego con el otro Balón de Oro que le cuestionaron por cometer el error de ganárselo a Vinicius.

No hubo entrega de máximo goleador a Mbapeé. Después ya tocaba rendir honores a Argentina. Con pasillo de la Roja, algún abrazo y hasta algún beso.

Messi rompió a llorar mientras su hinchada les rendía honores. Mucha sensación de despedida y la estrella no se quitaba la medalla de plata, esa que tantas veces se arrancan los futbolistas.

Frío saludo del Panda a Trump

Se desplegó nuevamente la súper bandera de España, la del himno. Y ahí fueron desfilando por orden de dorsal. Empezó David Raya, a quien estampó Trump la primera medalla. Después eso: Pubill, Grimaldo (el de Moncada también se la entregó Trump), Eric... y el siete, Ferran, con la senyera ahora anudada en la cintura. Detrás, la bandera canaria, la catalana, la extremeña... y alguna de la ciudad, como la de Baena. Borja Iglesias, que nunca da puntada sin hilo, le dio un conciso y desganado apretón de manos a Trump antes de que Rodri, siempre serio, pasara y besara la copa.

¿Y para qué reñir? Si se quiere quedar, que se quede. La selección iba a la suya y mientras se volvían locos, y entre la lluvia de confeti amarillo, Trump e Infantino hacían mutis por el foro. En la foto salen cerca Gavi, Laporte, Merino y Víctor Muñoz. Sin querer mirarlo, pero aguantando hasta el final los argentinos terminaban de despedirse. Aunque seguramente, para dejar una imagen que sirve para teorizar sobre la diferencia entre perder y saber perder. Dicen ahora que la FIFA va a "investigar" el comportamiento de los albicelestes. Temblando están. El tiempo ha dejado el poso de que el pueblo argentino ha estado más a la altura que sus jugadores.

A partir de ahí, uno uno por uno la tocaron, la besaron, la llenaron de babas, la levantaron a gritos, la levantó De la Fuente, la familia real, salieron las camisetas con las dos estrellas y pudieron bajar, esta vez sí, los familiares. Para compartir la historia.

Tracking Pixel Contents