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Una lección de los refugiados de Mislata

Alumnos de 4.º de la ESO de La Creu de Mislata filman un documental sobre el Centro de Ayuda al Refugiado, en el que vive una gran parte de los estudiantes de este colegio

Durante el curso 2013-2014 que acaba de terminar, en el colegio La Creu de Mislata han estudiado 267 alumnos de 40 países diferentes, sin contar los de nacionalidad española. La explicación de tal multinacionalidad en lo que siempre había sido primero una academia y después un colegio de barrio, hay que buscarla frente al aulario de Secundaria, donde se levanta el Centro de Ayuda al Refugiado (CAR) de Valencia. Cuando en 1991 se abrió este «refugio» para decenas de personas que han tenido que huir de sus países, la dirección del Santa Cruz se ofreció a escolarizar a los niños de las familias que ingresaran allí y así se convirtió en esa ONU escolar que hoy en día es.

Desde entonces la relación entre ambos centros es tan íntima que los alumnos del Santa Creu entran y salen del CAR como si fuera su casa. De hecho, lo es en muchos casos, como el de M., un chico de 16 años que llegó a Mislata hace un año y cuatro meses procedente se de Irán, de donde escapó con sus padres por los «problemas políticos» de su familia. M. cursa 4º de ESO en La Creu y junto a otros nueve compañeros ha participado en «Refugiats: experiències i emocions», un documental realizado por los propios alumnos como actividad del curso como parte de la metodología de «Aprenentatge-Servei» que aplica el centro, y cuyo objetivo ha sido «dar a conocer las experiencias y emociones de los refugiados del CAR», en palabras del director del colegio Ferran Barber.

M. no sólo ha formado parte de la creación de la película, sino que también se ha situado ante la cámara para contar su experiencia, algo que, tal como reconoce, no le ha resultado especialmente fácil. «Quise hacerlo porque la mayoría de gente no sabe lo que hay dentro del centro de refugiados», explica.

E., compatriota de M., también vive en el CAR, también estudia en Santa Creu y cuenta en «Refugiats» sus planes de iniciar dentro de unos años la carrera de Medicina «Voy a trabajar muy duro», dice. La de los planes de futuro es una de las partes más emocionantes de este austero, amateur pero efectivo documental. G., del Congo, cuenta que tuvo que dejar su país mientras estudiaba enfermería y su objetivo es acabar algún día la carrera. Su compatriota A. es periodista, y quiere escribir para que todos sepan la forma en la que viven otros inmigrantes como él. El gran anhelo de J., de Paquistán, es ayudar desde aquí a su familia, y el de la rusa G. es «encontrar un trabajo y reencontrarme con mi hijo, que está viviendo en Rusia con mis padres».

Los alumnos de 4.º de la ESO de La Creu también han querido dar voz a los trabajadores del CAR que conviven día a día con los refugiados o los educan en el colegio. El profesor José Roig se reconoce en «Refugiats» como un privilegiado frente a otros compañeros de profesión «por la inmensa suerte» de disfrutar de su trabajo con chicos de tantos lugares del mundo. Es el mismo sentimiento de privilegio que muestran las limpiadoras y camareras Luisa y Jacoba, o Toni, veinte años trabajando de cocinero en el CAR y autor de una de las lecciones que se escuchan en la filmación. «A veces, cuando vuelvo a casa después de trabajar, me pongo a pensar y me doy cuenta de que muchos de mis problemas no son tan importantes».

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