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Ayudas

Desconcierto en las sociedades musicales

Las agrupaciones atienden cada vez a más alumnos aunque han perdido el 50 % de las ayudas públicas

Un niño ensaya con su instrumento en un centro educativo de l'Horta.

Un niño ensaya con su instrumento en un centro educativo de l'Horta. Levante-EMV

Valencia es tierra de músicos y l'Horta, más aún. De hecho, está considerada una comarca de referencia en toda España por la enorme actividad que, sólo en l'Horta Sud, desarrollan sus 34 sociedades musicales (varias de ellas centenarias), sus 13.872 socios, 4.250 músicos federados y 4.880 alumnos que estos días viven de lleno Santa Cecilia, su patrona. En total, 24.958 personas relacionadas con el mundo de la música que, unidas a las de l'Horta Nord, garantizan la continuidad de una de las pasiones más típicamente valencianas.

«Existe mucha inquietud y muchas ganas por mantener estos colectivos culturales y musicales, lo que asegura su pervivencia en las próximas décadas pese a la crisis y a los continuos cambios sociales», apunta Rafael Pérez, presidente comarcal de l'Horta Sud durante 16 años en la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana. La gran oferta de actividades extraescolares con las que la música ha de competir a diario, el desarraigo ciudadano respecto a las sociedades musicales y el recorte en las subvenciones públicas dibujan actualmente un panorama en el que «hay un gran potencial, pero también innumerables problemas», tal como reconoce Jorge Cruz, presidente de l'Agrupació de Rocafort.

«La última década ha sido crucial para todos nuestros colectivos „incide„ porque en ella han confluido tres aspectos fundamentales: el enorme crecimiento de las sociedades musicales y la mayor integración en ellas de mujeres y jóvenes, el protagonismo de la federación y de las propias asociaciones a la hora de definir las actividades culturales, y la disminución de la financiación pública como consecuencia de la crisis».

Ante este panorama, en el que «existe muchísima demanda de formación musical y muchos jóvenes con nivel profesional o semiprofesional», el reto es, según Cruz, «saber qué va a pasar con esas nuevas generaciones más amplias y mejor formadas». A su juicio, se hace necesario «recobrar niveles altos de financiación y clarificar conceptos sobre las sociedades musicales, como la adscripción, algo que ni siquiera parece estar claro pese a cierta retórica de la valencianía que nos atribuyen» desde las instituciones públicas.

Para conseguir estas metas es imprescindible levantar anclas y abandonar «la tradición y el arcaísmo propio de la mentalidad» de estos colectivos y apostar «por un salto definitivo a la modernidad», tal como defiende Alejandro Galarza, director de la banda sinfónica de la Unión Musical Mislata y de la escuela vinculada a ella. «Se deberían unificar criterios, al menos en el ámbito educativo y concretar una red de escuelas musicales „defiende„. Alguien, en este caso la federación, debería fijar los precios mínimos y máximos para los alumnos, así como las tasas del profesorado, entre otras cosas».

El enorme volumen de la oferta educativa que niños y adolescentes tienen a su alcance es otro de los grandes escollos a los que se enfrentan en la actualidad las sociedades musicales. «Es complicado interesar a los pequeños por la música frente al fútbol, el inglés o la informática, por poner sólo un ejemplo „confiesa José Ramón Granell, presidente de la Societat Musical Eslava d'Albuixech„. Además, conforme crecen se hace más difícil compaginar la música con el instituto o la universidad y eso, al final, suele ir en detrimento nuestro».

Pero, pese a ello, los colectivos son conscientes de lo que suponen sus escuelas. «Son nuestro ojo derecho „afirma Tomás Juan, vicepresidente del Centro Instructivo Musical de Mislata„, no sólo porque garantizan la renovación en las bandas, sino porque representan nuestra plena inclusión en la sociedad y nuestra aportación a la vertebración de cada pueblo o ciudad».

Por eso, el objetivo de las sociedades es impulsar «actividades lo más atractivas posibles. Hay que atraer a los jóvenes y conseguir que se queden, que participen y que sientan que pertenecen a un colectivo propio pero que, además, lo muestren con orgullo», destaca el presidente de las bandas en l'Horta Sud, Rafael Pérez.

La cuestión económica

No obstante, el mayor obstáculo al que actualmente se enfrentan las sociedades musicales es, sin duda, la financiación. Y no es para menos, puesto que las ayudas que la Generalitat Valenciana les concedía anualmente se han visto reducidas «hasta en un 50 %», según subraya Jesús Jareño, jefe de estudios de la escuela de la Societat Musical l'Artística Manisense. «Dependemos de esas subvenciones para pagar instrumentos y abonar las nóminas de profesores y personal de los centros „señala„, y lo que no podemos hacer es incrementar las tasas de los alumnos porque los precios, ya de por sí, no son precisamente populares».

Y es que el fin de los centros educativos musicales «es que todos los niños y jóvenes tengan la posibilidad de estudiar música más allá de la capacidad económica de sus familias», destaca Vicente Agustí, presidente del Centro Musical Paternense. Por ello, sus responsables se afanan en probar fórmulas nuevas que les faciliten los recursos económicos que tanto ansían. «Pese a los recortes, mantenemos los proyectos educativos porque creemos firmemente en ellos „señala Lute Fernández, presidente de l'Unió Musical d'Alaquàs„, pero siempre desde la incertidumbre» por la falta de ayudas públicas.

«Estamos formando a gente „abunda Jorge Cruz„ y, sólo por eso, ya deberíamos contar con financiación. La educación musical, además, es un arma excelente contra el fracaso escolar», por lo que la administración «debería tratarla de una vez con la importancia que tiene». A pesar de esos recortes, que según la Federación de Centros de Música Autorizados y Conservatorios de la Comunitat Valenciana ha llegado a ser (en su caso) de «hasta el 55 %», las sociedades musicales siguen disfrutando de las subvenciones de la diputación y de los ayuntamientos, su «auténtica tabla de salvación» en estos momentos ya que, en la mayoría de los casos, no les han aplicado los recortes que mantiene la conselleria.

«El consistorio no nos ha abandonado jamás „cuenta Cristobal Mora, presidente de l'Agrupació Musical l'Amistat de Quart de Poblet„. Todo lo contrario: siempre nos ha echado una mano cuando lo hemos necesitado». De no ser así, en muchos de los colectivos comarcales la situación sería «aún más catastrófica de lo que ya es», dice Vicente Picó, del Centre Artístic Musical de Moncada, y «las dificultades para abonar las nóminas» serían continuas porque, según Pérez, «las familias de los educandos sólo aportan el 70 %» de su formación y, sentencia Jareño, de la Manisense, «ya no se les puede pedir más».

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