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Reflexiones sobre los refugiados

Vivimos en un mundo donde el individualismo, los miedos y los egoísmos nos sumen en la incultura. El «homo sapiens» es un ser evolucionado, o debiera serlo y vivir cordial y solidariamente, en sociedad aunque solo fuera por instinto primario, egoísta y evolutivo.

El liberalismo económico no fomenta los valores de la solidaridad, solo la competencia feroz, el individualismo, el beneficio de unos pocos. Esta forma deshumanizada de entender la sociedad necesita del pueblo para su «negocio». Necesita de gobiernos y leyes que defiendan su «propiedad». Algunos gobiernos olvidan para quién gobiernan, se ponen descaradamente al servicio de la economía neoliberal. Olvidan valores elementales de justicia, olvidan a los marginados sin posibilidades de vida digna. Se apoyan ambos en pueblos sometidos a la incultura, a los miedos. Encuentran fácilmente aliados en los nacionalismos trasnochados. También en las cruzadas religiosas de algunas iglesias o el fundamentalismo conservador de algunos de sus miembros. Los derechos humanos más elementales, son pisoteados bajo la mirada cómplice de los Estados y organizaciones supranacionales.

La humanidad está llena de ejemplos de bondad en todos pueblos y religiones. La vida de cada niño, de cada mujer, de cada persona ha de estar por encima de cualquier interés o litigio. La educación, el saber, la razón y la palabra deben ser las únicas armas ante cualquier conflicto.

«Yo os enseño, en fin, o pretendo enseñaros, el amor al projimo y al distante, al semejante y al diferente, y un amor que exceda un poco al que os profesáis a vosotros mismos, que pudiera ser insuficiente», decía el personaje de Juan de Mairena, creado por Antonio Machado. «Contra el celebre latinajo, (Si vis pacem, para bellum),yo enseño: si quieres paz, prepárate a vivir en paz con todo el mundo. Más si la guerra viene, porque no está en vuetra mano evitarla, ¿qué será de nosotros -me diréis- los preparados pàra la paz?. Os contesto: si la guerra viene vosotros tomaréis partido sin vacilar por los mejores, que nunca serán los que la hayan provocado, y al lado de ellos sabreis morir con una elegancia de que nunca serán capaces los hombres de vocación batallona», añadía.

No hay que poner barreras, hay que fomentar la paz y la justicia entre todos los pueblos.

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