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Puçol

El Vallet lucha para no ser marginal

La UE y la Generalitat subvencionan con 200.000 euros un plan para el impulso urbanístico, económico y social de este barrio de origen obrero

El Vallet lucha para no ser marginal

El Vallet lucha para no ser marginal

El Fondo Social Europeo y la Consellería de Igualtat han subvencionado con 200.000 euros el proyecto presentado por el Ayuntamiento de Puçol para las tareas de prevención que impidan convertir el Vallet en un barrio marginal: un local social, cursos de orientación laboral, búsqueda de empleo, una actuación urbanística y la creación de una mesa de cooperación son algunas de las actividades que se van poner en marcha en este proyecto emblemático.

El Vallet es un barrio formado a partir de la década de los 50 para acoger a los trabajadores de la fábrica Cointra, muchos de ellos procedentes de Andalucía, Castilla la Mancha o Extremadura. De hecho, la calle principal que articula el Vallet recibe el nombre de Ildefonso Fierro, fundador de aquella factoría en la que llegaron a trabajar 1.200 personas y que cerró en 2012 para trasladar su producción a Burgos. Con el paso de los años, algunos descendientes de aquellos primeros emigrantes decidieron asentarse en otras zonas de Puçol o en otros municipios. Por ello, en el Vallet predominan actualmente personas jubiladas y pensionistas, y emigrantes de otros países que han encontrado en este barrio inmuebles a bajo precio. «Aquí todos somos inmigrantes, los de antes y los de ahora», resume a las puertas de un pequeño bar del Vallet, Juan Antonio Ruiz, jubilado de Cointra de 80 años y que dejó hace muchas décadas su pueblo de Jaén. «La gente joven ha huido de aquí „señala otro vecino que prefiere mantenerse en el anonimato„. Este barrio ya se ha hecho viejo».

«Todos sabemos que en nuestro pueblo los problemas más evidentes a nivel de tasas de desempleo, de problemas de convivencia con jóvenes, concentración de inmigración, de estética, se concentra en la zona del Vallet que la hemos comprendido en una zona urbana amplia para poder abarcar más población, desde Parque Ribelles hasta aproximadamente el Centro de Salud colindando con las vías del tren», explica Mar Mazo, la concejal de Bienestar Social.

Según explica el ayuntamiento, el trabajo comenzó hace meses, pero necesitaba del apoyo económico exterior para poder salir adelante y en noviembre, en la primera convocatoria de proyectos con apoyo europeo, Puçol ha sido elegido junto a otros 14 municipios, entre ellos Valencia, Castelló, Alicante, Gandía, Paterna o Torrent.

«Está claro y somos conscientes que una de las acciones más importantes es la inserción sociolaboral, sin la cual la dinamización comunitaria no tendría sentido», continúa Mazo. «Nos han otorgado la subvención a 15 poblaciones de la Comunitat Valenciana y para mí es un orgullo que Puçol esté en primera línea de la acción social. Contamos la colaboración mediante un convenio con la Universitat de València para la elaboración de un estudio sociológico que servirá de base real para la decisión y desarrollo de las medidas a tomar». El proyecto, tal como señala el consistorio, se dirige principalmente a población en riesgo social, pero también en todos los vecinos en desempleo o que trabaja, pero sus ingresos no son suficientes para tener una vida digna y afrontar los gastos cotidianos de cualquier familia. «La realidad que vivimos es que en muchas familias con hijos sólo trabaja un miembro en la unidad, lo que hace muy complicado llegar a fin de mes con los salarios actual, a ese perfil también queremos llegar», finaliza la regidora.

Antes de confirmarse la ayuda económica, ya había comenzado el trabajo de campo. En verano, un módulo formativo permitió a los jóvenes restaurar los puentes del barranco. Y este mes han comenzado las encuestas anónimas para saber de primera mano qué opinan los vecinos de su propio barrio.

Levante-EMV también preguntó ayer a los vecinos y coinciden en señalar dos tipos de problemas: los urbanísticos y los sociales. Para describir los primeros miran directamente al barranco que limita el Vallet por el norte y el oeste: riesgo de inundación, ratas, maleza e incluso aislamiento respecto al resto del municipio. «En este barrio el ayuntamiento nunca ha organizado nada y por eso la gente no viene», apunta Eva Rom, propietaria de una tienda de ropa infantil. La solución puede venir de la mano de las obras de encauzamiento del barranco del Puig, gracias al cual el agua dejará de circular por el que atraviesa el Vallet y éste podrá recuperarse como parque, aparcamiento, lugar para mercados y otros muchos destinos que se han ido apuntando en los últimos años.

Entre los problemas sociales, los vecinos destacan la delincuencia y el paro, dos conceptos que en muchas ocasiones van relacionados. «Hay muchos jóvenes que no hacen nada y se dedican al trapicheo „asegura Mercedes Fernández, que llegó al Vallet hace 40 años„. Seguramente si estuvieran ocupados no harían lo que hacen».

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