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Aldaia

«Vivimos con pánico a que se desborde el barranco cuando llueve»

Aldaia exige al Gobierno el proyecto de encauzamiento que espera desde hace 25 años Ciudadanía y comercio crea su sistema de avisos para evacuar coches o colocar compuertas

«Vivimos con pánico a que se desborde el barranco cuando llueve»

«Vivimos con pánico a que se desborde el barranco cuando llueve»

Miedo y cabreo. Esta era la sensación ayer de vecinos y vecinas de los barrios junto al Barranc de la Saleta de Aldaia, después de pasar la noche casi en vela con el cauce a punto de desbordarse. «Llevamos 50 años así y nadie hace nada», decía el dueño de un histórico bar de la calle de la Iglesia „ahora cerrado„ mientras otro vecino añadía que «en pleno siglo XXI, es intolerable que tengamos pánico cada vez que llueve».

El barranco atraviesa el casco urbano y sólo está canalizado en un tramo. El cauce confluye en un punto con la línea de Renfe (C-3), que se convierte en el más peligroso. Desde hace 25 años que salió a exposición pública, la población espera una intervención del Ministerio de Fomento para canalizar y trasvasar diversos tramos pero la obra nunca lleva.

«Por primera vez en años, en la noche del domingo al lunes temimos el desbordamiento. Se daban todos los factores: el agua llegaba al límite, seguía lloviendo y la previsión era muy mala, y además venía agua de Riba-Roja», indicaba ayer el alcalde, Guillermo Luján. El consistorio montó un operativo a media tarde del domingo integrado por doce operarios de la brigada municipal y un coordinador, cuatro policías y el intendente, los ediles Empar Folgado (Seguridad) y Jesús Valero (Obras Públicas) y el alcalde. El grupo prácticamente pasó la noche en la calle y, además de las alertas oficiales, contó con la colaboración de un meteorólogo local para «interpretar mapas o ajustar más los datos a Aldaia», explicaba Luján. El operativo colocó las compuertas en las calles antes de la tromba más fuerte, activó el sistema de avisos a comercios y vecinos para que sacaran coches de los garajes y suspendió las clases en el colegio Rajolar.

«Los vecinos tenemos también nuestra propia organización porque estamos acostumbrados. Nos avisamos por Whatsapp para poner barreras en los comercios o sacar los coches», manifestó ayer el comerciante Vicent Carcelén. Uno de los residentes, Ramón Martí Gallent, elogió el dispositivo municipal «porque iban avisando de todo y lo organizaron muy bien». Otro vecino añadía ayer que «las informaciones que daba el ayuntamiento nos tranquilizaron algo».

Esther Riballo relataba que pasó «mucho miedo» al volver de Bonaire a su casa porque «ya había zonas cortadas» mientras que Raquel Ibáñez narró que «los locales del otro lado de la vía pasan tensión cada vez que llueve porque se inundan».

El matrimonio formado por Isabel Marín y Ángel Sanz, que reside al otro lado de la vía, valoraba que el operativo municipal fue clave «tanto en Aldaia como en Alaquàs, con mucha información» e incidía en que «algunas obras prevenivas que del ayuntamiento como el drenaje funcionan, porque antes el túnel tardaba cuatro días en reabrirse» y ahora unas horas. Ambos estuvieron conectados con su hija María José parte de la noche porque reside en una zona desde la que tiene una visión privilegiada del barranco. «Veía cómo iba el agua y les iba informando», explicó la joven.

El resultado de la fuerte tromba fue que los tres túneles bajo las vías del tren se inundaron y tardaron horas en reabrirse ayer por la mañana. Una veintena de operarios trabajó hasta las dos de la tarde para sacar el barro y el agua del interior. «Primero hemos abierto el del centro de salud para permitir el paso de los autobuses; luego el del polideportivo, que registra mucho tráfico, y finalmente el de la calle de la Iglesia», indicaba el edil Valero. Por su parte, Folgado puso en conocimiento del director general de Medio Ambiente, Antoni Marzo, lo sucedido y volvió a reclamar su respaldo para presionar a Fomento.

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