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Análisis

Patrimonio y sostenibilidad en l´Horta

El experto insta a los consistorios a asumir su responsabilidad de liderar la conservación del legado histórico de la comarca con sus acciones

La torre del Puig tras su rehabilitación.

La torre del Puig tras su rehabilitación. P. Martínez

¿Por qué tanto interés por el urbanismo y la sostenibilidad del patrimonio histórico? La respuesta a esta pregunta es crucial para saber quienes somos los valencianos, para conocer nuestra propia naturaleza histórica y para poseer una base desde la que decidir con libertad, responsabilidad y solidaridad nuestro futuro y el de las generaciones venideras.

El emplazamiento de nuestras poblaciones, sus calles, sus casas, sus templos, sus monumentos, etc., no responde a una distribución fruto de la casualidad y el capricho. La primera decisión de asentarse en la zona en la que vivimos en el presente, que tomaron los primeros pobladores, no fue realizada al azar sino que se debió a determinados factores. Y lo mismo ocurrió con los siguientes habitantes de diferentes épocas y culturas, hasta la actualidad.

Pero, cada pueblo (iberos, romanos, árabes) dejaba una huella urbanística que, irremediablemente, condicionaba e influía en el siguiente, a la hora de planificar su urbanismo. Por ello, podemos decir que hay entre el pasado histórico-urbanístico y nuestro urbanismo presente una continuidad, una conexión, un proceso histórico-cultural a través del cual se fraguaron nuestras poblaciones.

La comarca de l´Horta de hoy es como las ramas de un árbol. Mas, debajo del árbol que vemos hay infinidad de raíces, a diferente profundidad, que representan los monumentos y las redes urbanas que han ido dejando unas civilizaciones sobre otras, pero que forman un todo esencial y continúo con el tronco y las ramas, que representan nuestro urbanismo contemporáneo.

Nuestro deber es hacernos conscientes de ese entramado reticular, que dejaron las culturas anteriores a la nuestra, respetarlo y conocerlo porque es la causa de nuestro urbanismo patrimonial actual. Tras comprender esto, nuestras actuaciones urbanísticas serán efectuadas con conocimiento de causa, de forma consciente y, por ello, libremente, es decir, responsablemente al tener en cuenta nuestro legado urbanístico a la hora de decidir.

Lo contrario, es actuar por capricho, sin puntos de referencia, porque se esta movido por intereses que van contra una auténtica comunidad humana y que responden a un egoísmo antisocial y antidemocrático. Pues, no hay mayor enemigo de la democracia que la ignorancia y la ceguera que produce. Así, el Ayuntamiento que desconoce por qué actúa como lo hace, o sea, su historia cultural, y como producto y parte de ella su urbanismo histórico, no es libre sino esclavo de lo que ignora y, por tanto, un irresponsable con sus conciudadanos y con las generaciones futuras.

Nuestros monumentos nos recuerdan que l´Horta, y sus pueblos, está precipitándose en un urbanismo demasiado acelerado, que debe tener en cuenta la sostenibilidad patrimonial y medioambiental. Y ciudadanos y Consistorio tenemos que pensar en todas esas fuentes de riqueza y prosperidad que no se limitan al cemento.

Un reto político

Hoy, al comienzo del nuevo milenio, todos los partidos, todos los concejales y alcaldes, todos los ciudadanos, debemos defender un urbanismo patrimonial sostenible y no permitir que se pierda. Pues, nuestros monumentos, yacimientos arqueológicos, en definitiva, nuestro patrimonio histórico cumplió diferentes funciones urbanísticas que tras el paso del tiempo han hecho de nuestros pueblos lo que son. Sus emplazamientos, sus entramados urbanísticos, su red viaria, sus acequias, sus templos, sus castillos, sus molinos, sus torres vigías y su patrimonio industrial nos hablan de quiénes somos y nos preparan, si queremos aprender de ellos, para reflexionar sobre quiénes queremos ser.

Desde principios del siglo XX el patrimonio histórico de los pueblos de l´ Horta comenzó a ser destruido por un concepto de urbanismo falto de conciencia histórica y dirigido por una falsa e interesada concepción de progreso. La década de los años sesenta destruyó más urbanismo histórico que 700 años de historia. Y la actualidad no nos asegura nada si ciudadanos y gobernantes, de cada población, no apuestan por una democracia del conocimiento urbanístico histórico.

En pleno siglo XXI debemos cuidar lo que nos convierte en seres humanos y evitar lo que nos deshumaniza. La conservación de estas huellas que ha dejado la Historia debe ser una tarea no privada sino pública, que debe promover el Ayuntamiento junto con sus ciudadanos. Nuestro patrimonio histórico, además, es un elemento que puede ser muy importante en la economía de l´Horta si sabemos llevar a término su puesta en valor.

De lo contrario, ¿qué sentido tiene que nuestras concejalías de Cultura, de Patrimonio histórico, de Turismo, o que en nuestros Ayuntamientos haya arquitectos y cronistas?

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