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La prisión que albergó el monasterio

?El monumento fue utilizado como cárcel por el Ejército republicano en la Guerra Civil y por el franquismo en los años 40

La prisión que albergó el monasterio

¿Qué es la memoria histórica? Acaso, ¿es un fin en sí misma? En absoluto. La memoria histórica se materializa en el patrimonio histórico, el único referente que poseemos los seres humanos para descubrir quíenes somos realmente. Ingenuamente creemos que sabemos quiénes somos porque somos conscientes de nuestra existencia actual, sin percatarnos de que nuestro cuerpo histórico va mucho más allá de nuestra propia conciencia presente.

Hay, por tanto, una historia inconsciente que, aunque no la reconozcamos, nos impulsa en nuestras acciones presentes y futuras. Y, la única manera de dominarla es recuperando el patrimonio histórico que, al estudiarlo, nos permite conocer todo aquello que nos condiciona en nuestros comportamientos, pudiendo, al ser conscientes de su origen y potencial, dirigirlos para construir una sociedad valenciana más humana. Por ello, es clave la recuperación del patrimonio de la Guerra Civil, de sus causas y repercusiones, porque recobramos la Memoria histórica de una etapa que, bien utilizada, puede curar traumas histórico-sociales, llevándonos a construir una democracia más sana.

No todo monumento histórico tiene el mismo valor. Hay algunos que como el Monasterio deel Puig de Santa María concentran una cantidad tan grande del espíritu de un pueblo, es decir, de su devenir histórico, que su valor es crucial para reconstruir la Memoria histórica valenciana. Entrar en el monasterio del Puig es todo un privilegio porque es rememorar el momento en el que la Historia del Pueblo valenciano tomó un nuevo rumbo histórico-cultural, por decisión de Jaime I. Por ello, el rey decidió erigir el monasterio, en el que los mercedarios serían los custodios de los símbolos de ese ADN cultural que se hibridaba, a duras penas, con el musulmán, para constituir un nuevo reino.

Los siglos fueron alimentando el cuerpo histórico de este emblemático monasterio: la Guerra de los dos Pedros, la Guerra de Sucesión, la Guerra del Francés y, cómo no, la histórica epidermis de sus muros fueron testigos de la Guerra Civil española. La primera agresión que recibió fue «las acciones incontroladas, o el llamado terror rojo, de los primeros meses de la guerra» («La Guerra Civil en la Comunidad Valenciana», Tom. 9, Levante, pp. 31, 50, 60, 95) que, al confundir el patrimonio histórico con anticlericalismo, e identidad con enemigo a combatir, realizaron un bárbaro y antidemocrático destrozo de un legado esencial para comprender quiénes somos los valencianos. Ingenuidad e ignorancia de un «hombre masa» que confundía libertad con aniquilamiento de la Memoria histórica, con destrucción de las raíces que contienen nuestra savia como Pueblo.

Así, «la desaparición del patrimonio artístico y documental fue irreparable, a pesar de que los organismos supervivientes del Estado y los comités revolucionarios más comprometidos con su proyecto ideológico intentaron salvar lo que pudieron de la furia irracional del anticlericalismo» (Ibídem, p. 91).

Tras el comienzo de la Guerra Civil, el monasterio del Puig de Santa María se convirtió en un centro penitenciario de la República. Podemos hacernos una idea de la dura vida que llevaban por el testimonio de Pablo Uriel, médico humanista, al describir que «había unos dos mil hombres amontonados en salones, pasillos y torreones». «Durante muchos días, por falta de organización llegó a faltar totalmente el suministro, y pasábamos el día con una o dos cebollas». «Los piojos pululaban a miles» y «en la prisión había una camisa por persona y nada de jabón».

Terminada la guerra civil el monasterio seguiría siendo prisión, pero ahora controlada por un régimen antidemocrático, dictatorial e ilícito: el franquista. Manuel García Corachán nos describe que se hacían «sacas» y «en el mismo día, eran ejecutados presos de San Miguel de los Reyes, el Puig», etc.(Memorias de un presidiario, p. 290).

Reformatorio de mujeres

Los presos republicanos, posteriormente, fueron trasladados a la cárcel Modelo de Valencia y, entonces, el monasterio fue destinado a Reformatorio Especial de Mujeres, a excepción de la iglesia parroquial y, posteriormente, se convirtió en prisión femenina. En 1946 había 672 reclusas (AHPCE, Sección Organización de Mujeres, Caja 117). Como vemos, el monasterio de El Puig de Santa María sufrió los desgarros de la Guerra Civil y de la postguerra.

Como podemos apreciar, visitar el monasterio del Puig es una oportunidad para conocer los ingredientes histórico-culturales que nos han llevado a ser lo que somos, para asumirlos y trascenderlos a través de una reflexión histórico-ética que nos permita ofrecer un proyecto ético-social a nuestros descendientes, en donde nos unan los ingredientes identitarios, más allá de las endebles y equivocas siglas de partido.

Y, ya que hablamos de Memoria histórica devolvamos la que se merece el monasterio del Puig, y que debería estar en l'Estatut d'Autonomía, como centro espiritual, histórico y cultural de los valencianos.

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