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La calzada que trazó Jaume I

Las crónicas recogen que construyó un camino para acceder al puerto, del que ahora puede haber aparecido una estructura

La calzada que trazó Jaume I

La calzada que trazó Jaume I

El hecho de que el mar estuviese próximo al castillo del Puig constituía un factor estratégicamente importante para Jaume I. Por ello, entre finales de junio y los tres primeros cuartos del mes de julio de 1237, tras haber concluido la reconstrucción del castillo, al que dedicó todos los recursos para terminarlo lo antes posible, ordenó construir una calzada para poder transitar sin problemas hasta el mar, cuando llegaban las naves cargadas de vituallas o de todo aquello que necesitase la hueste (Jaume I, Fets, cap. 212).

Además, este embarcadero al que arribaban los barcos constituía una alternativa a la Vía Augusta, controlada hasta Burriana por los musulmanes. Así, partiendo del atracadero, la calzada rodeaba las montañas de la Pedrera o Cantera, la más cercana al mar (Fets, cap. 212), y la de Santa Bárbara (Beuter, 1551, pp. LXXXVIII-LXXXIX), para dirigirse, finalmente, a la cima del cerro de la Patá en donde se encontraba el castillo.

Este camino se seguía utilizando 300 años después, por eso el cronista Beuter, asiduo visitante del Puig de Santa María, como testigo de su existencia y de su trazado, afirma que «mando el Rey despues de hecho el castillo que se hiciesse una calçada del castillo hasta la mar por las haldas (faldas) del Poyo (Puig o altozano) llamado Santa Barbera» (Beuter, 1551, pp. LXXXVIII-LXXXIX). Incluso, en 1551 se conocían los descendientes del constructor del camino, pues Beuter afirma que fue !un ciudadano de la villa de Cathaluña llamada Granolles, y diole el Rey casa y heredades en aquel lugar, que hasta oy poseen sus descendientes»(Beuter, 1551, p. LXXXIX).

Y la razón por la cual se construyó la desvela Beuter al comentar que «en invierno con las lluvias se hazia tan mal camino por allí de estacadores y malos charcos de agua, siendo todo aquello Almarjales, que no podían las azemilas, ni otras animalias y por allí a traer las provisiones que venían por mar» (Beuter, 1551. P. LXXXIX). De hecho, hasta el siglo XX, en toda la zona costera de marjal se cultivó arroz. Y, en la actualidad, aún se detectan las características que posee una zona pantanosa.

El embarcadero fue utilizado durante los siglos siguientes (Badenes, Julio; Montero, Lluis, El Castell de la Patà i el naixement del Puig, pp. 142,143). y la calzada se sigue usando en la actualidad, pues estamos hablando del Camí dels Plans. Y no es una casualidad que ya en un documento del 30 de mayo de 1368 aparezca «lo camí dels Plans del terme del dit loc del Puig». Por lo que podemos afirmar que esta calzada, construida por el ejército de Jaume I, fue bautizada, como camí dels Plans, en el siglo XIII, pues en el XIV ya se llama así.

Pero, ¿por qué construye, realmente, Jaume I este camino? Porque al final de dicha calzada, existía un puerto o embarcadero, posiblemente iberorromano, que utilizaron tanto los pobladores del yacimiento ibérico de la Cantera como los productores de la villa romana del Puig de Santa María, localizada, no por casualidad, al inicio del Camí dels Plans. Por tanto, este puerto (grau) o embarcadero que utilizó Jaume I, seguramente, ya existía, pues en su Cronica afirma que hizo el camino «per a la gent dels vaixells que arribaven per mar[€], per la qual cosa es podía pasar a la mar quan venien naus» (Fets, 212). Para realizar este puerto-embarcadero, ya iberorromanos ya medievales, aprovecharon la restinga o cordón litoral que existía, que partía de la costa saguntina, y que también posibilitó la construcción del Grau Vell, iberorromano, de Sagunt. Jaume I lo que hizo es reconstruirlo al igual que ocurrió con el castillo árabe.

Recientemente hemos hallado en el Puig unas ruinas al final del camí dels Plans, justamente a escasos 20 metros del bunker de la Guerra Civil. Es muy probable que correspondan a este embarcadero. Por ello es necesario que, si se realiza cualquier proyecto urbanístico, vaya acompañado por el preceptivo seguimiento arqueológico, pues ¡ ya hemos perdido demasiado patrimonio histórico en el Puig de Santa María!

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