"La residencia municipal de mayores de Albal ha sido siempre un espacio abierto a todos y todas, donde se respira un ambiente muy familiar", así define el centro su directora, Emilia Fabregat, con quien hacemos balance de la gestión desde que comenzara la crisis sanitaria de la COVID-19. Hace estas declaraciones tras haber recibido, por parte del Ayuntamiento que preside Ramón Marí, tecnología móvil para facilitar la comunicación entre los 48 residentes y sus familiares, que no han tenido contacto físico desde antes de que comenzara el Estado de Alarma. Y es que la residencia municipal Antonio y Julio Muñoz Genovés se anticipó a las graves consecuencias de una que se ha cebado especialmente con las personas de avanzada edad. Unas medidas de contención y prevención que han dado como resultado que en el de Albal no haya habido ningún mayor contagiado por Coronavirus, por lo que su directora hace un balance muy positivo y agradece el apoyo que ha recibido, "de todas las administraciones, en especial de la local y de los cuerpos de seguridad, del personal trabajador, de los familiares y a través de innumerables muestras de solidaridad que nos llegan desde el exterior de vecinos y empresas locales que nos hacen llegar material de protección. Está siendo muy emotivo y gratificante", afirma.

Un ejemplo de buena gestión

Albal fue la primera residencia en restringir el acceso de los familiares y proveedores al inmueble, incluso antes de que el presidente del ejecutivo central, Pedro Sánchez, anunciara oficialmente la obligación del confinamiento y que incluía la prohibición de entrada a las residencias de ancianos. "Por las noticias que nos llegaban observamos que el tema era muy serio y, el 11 de marzo, en coordinación con la concejala de Servicios Sociales Lola Martínez, decidimos limitar la entrada, únicamente, al personal laboral".

Albal se adelantó a las medidas que luego se convirtieron en obligatorias por parte del Estado y del Gobierno autonómico. Así, se procedió al distanciamiento físico entre los mayores, para lo que fue necesario habilitar una nueva estancia y dividirlos en grupos y se dotó al centro de material de protección (EPIS) que utiliza el personal para no propagar el virus. Entre otras acciones y, de manera muy temprana, se intensificó la limpieza, tanto dentro como fuera del edificio. En cuanto a las administraciones.

El ayuntamiento incrementó las jornadas laborales de los trabajadores y desde Conselleria de Sanidad se está velando por la salud de los internos, tanto desde el Centro de Salud de Albal como desde la Unidad de Hospitalización Domiciliaria de La Fe que, semanalmente, acude para realizar una inspección y, hasta la fecha, todo ha funcionado correctamente. "Nos sentimos muy arropados por el seguimiento, acompañamiento y el apoyo cercano de las administraciones públicas", añade Fabregat.

Otra de las consecuencias que ha originado la crisis del Coronavirus ha sido la reestructuración de las actividades ya que no está permitido el contacto físico con los trabajadores salvo para las labores de higiene de los ancianos. Para mantener su movilidad se están realizando paseos cortos en el interior de las instalaciones y algunos ejercicios que palíen el sedentarismo.

La residencia "se abre" al exterior, gracias a la tecnología

Tal y como describe la directora de la residencia, el clima de este centro había sido hasta la fecha muy familiar por su filosofía de apertura y de integridad de las familias en el día a día, pero lo cierto es que las primeras jornadas, para los familiares, "fue un shock aceptar esta situación", aunque añade que lo entendieron a la perfección y han puesto en valor las medidas adoptadas. Por ello, para facilitar su presencia física en el interior de la residencia y la comunicación, "el Ayuntamiento nos ha dotado de un móvil y una tablet que permiten la comunicación virtual con el exterior, a través de videollamadas".

Una de las últimas conexiones la ha protagonizado el alcalde con una residente, Paquita La Sureta, que es una institución fuera del pueblo y dentro del centro. La anciana tiene 91 años y en 2018 fue distinguida con el Premi Poble d'Albal, entre otros motivos, por haber sido la primera mujer concejala en el consistorio local.

Los trabajos esenciales están siendo, como su propia palabra indica: fundamentales e imprescindibles para garantizar la salud y supervivencia de las personas y, en estos días, nos encontramos con hombres y mujeres que le ponen un plus de humanidad. Es el caso de Emilia Fabregat y de todo el equipo humano que trabaja en el centro municipal y que lo hacen según la dirección, "más comprometidos e unidos que nunca".

Más noticias del coronavirus en València

Ultima hora del coronavirus en la Comunitat Valenciana en directo

Científicos valencianos investigan por qué el virus afecta más a unas personas que a otras

El precio máximo de las mascarillas acaba con el sueño del clúster sanitario

La C. Valenciana, a la cabeza en notificaciones de denuncias por saltarse el confinamiento

Fijan el precio del gel desinfectante