Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La (pen)última escena del videoclub

El único local de alquiler de películas de Torrent se resiste a echar el cierre pese al declive de un negocio que él impulsó en 1982 - El establecimiento subsiste gracias a su kiosko, aunque sigue teniendo clientes románticos que buscan algún estreno

La (pen)última escena del videoclub

La (pen)última escena del videoclub

Entrar en «Siete días II» supone un viaje por la historia del cine de los últimos 40 años a través de expositores laterales llenos de películas, tanto en DVD como en el vetusto formato de vídeo VHS. Desde estrenos como «Si yo fuera rico», «Doctor sueño», «Terminator» o «Jumanji» a las cintas de «El golpe», «El silencio de los corderos», «El príncipe de las mareas», «El color del dinero» o «Kramer contra Kramer». Títulos que relatan con sus carátulas la crónica del único videoclub que ha sobrevivido en Torrent cuatro décadas después.

«Siete días II» abrió sus puertas en el año del mundial de Naranjito (1982). Ángel Varea (1953), su propietario, trabajaba en una fábrica local dedicada a elaborar sábanas. Pero se quedó en el paro. Al protagonista ya le gustaba alquilar películas de vídeo en «Siete días», en la calle Gómez Ferrer. «Fue el chico de ese videoclub el que me animó a que montara yo uno», recuerda. Ángel buscó un local y comenzó el negocio en un pequeño bajo de la calle Padre Méndez. Apenas había un puñado de videoclubs en aquel Torrent de principios de los ochenta.

«Viento en popa»

La cosa funcionaba y cuando se modificaron los números de la calle, Ángel Varea aprovechó que se traspasaba un local cercano, para instalarse en el actual establecimiento. Recuerda que eran los años del VHS, Beta y 2000. «Solo existía en la tele la 1 y la 2, y la gente venía el viernes o el sábado para llevarse varias películas para pasar el fin de semana», relata. ¿Y qué alquilaban los vecinos entonces? «Las de risa, de Pajares y Esteso, del oeste, como la Trilogía del Dólar (con Clint Eastwood) y las de karate, con Bruce Lee y Chuck Norris», explica. El negocio iba viento en popa y la proliferación de videoclubs se sucedía en Torrent. Tal era la competencia, que tenían que hacer ofertas en los alquileres, como el famoso 3x2. «Las productoras nos decían que el alquiler de estrenos tenía que ser de 500 pesetas, pero algunos las poníamos a 300 para competir», revela.

La llegada del DVD, que coincidió con el cambio de siglo, transformó el negocio, pero no todo fueron ventajas. «Fue muy costoso. Tenías que ofrecer DVD pero también VHS, porque no todo el mundo había cambiado de formato. Además, las películas en DVD eran mucho más caras y las distribuidoras nos engañaron. Al principio nos las vendían a 10 euros, pero tras la implantación las subieron hasta los 40», indica.

Competencia brutal

Fue la época en la que llegaron a Torrent potentes franquicias de videoclubs, con estanterías con hasta diez o doce caratulas de estrenos como «El Señor de los Anillos», «Harry Potter», «A todo gas», «Spiderman» o «Gladiator» «Había hasta 75 locales de alquiler de películas y tuve que amoldarme. Si las franquicias abrían los domingos y festivos, yo también, incluso hasta las doce o la una de la noche», recuerda.

La competencia era brutal y Ángel Varea añadió un complemento que, a la larga, resultaría vital para subsistir. «Empecé a ofrecer productos de kiosco como frutos secos, chucherías y demás. Pensé, si vienen a por la película, podían comprar también esos productos como en el cine», explica. Y mientras el negocio del alquiler sufría oscilaciones, la 'paraeta' mantenía un buen ritmo de ventas.

Si la entrada del DVD supuso un antes y un después para el negocio del alquiler, la llegada de la TDT y las plataformas digitales de pago, primero, y la piratería y los Netflixs, HBOs o Amazons, después, significaron el principio del fin de los videoclubs. «Soy el único que queda en Torrent y gracias al kiosko, que me da la vida. El resto han ido desapareciendo, incluidas las grandes cadenas», lamenta. En este sentido, afirma que, pese a todo, mantiene clientes románticos que alquilan alguno de los estrenos que ofrece. «Son clientes de siempre, que prefieren el trato personal y ver la película sin anuncios y con la calidad que no ofrece una descargada de internet», reconoce.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats