Abelard Comes dejó huella a su paso por la edición de l'Horta de Levante-EMV. La que escribe no coincidió con él, pero son tantas las anécdotas e historias que me han contado los que fueron sus compañeros que ahora son los míos que la exposición que lleva por título «Abelard Comes: 30 anys de la fotografía de l'Horta (1984-2021)» que se expone desde este viernes en Aldaia es solo la excusa para poder conocer un poco mejor a este fotoperiodista que ha sido testigo de la evolución de la comarca en tiempos de democracia.

¿Cómo acabó el hijo de los propietarios de la Droguería Ca Abelardet haciendo fotos para un diario?.

Lo de ser fotógrafo es algo accidental, yo lo que siempre he sido es activista. A los 19 años me meto en la JARC, una asociación católica progresista y ahí me embebo de todo lo que está pasando gracias a Toni Llopis que viaja a un encuentro mundial a Estrasburgo y me lo cuenta todo. Fue la época de más activismo, montamos un albergue en Chulilla y estuve apunto de irme de eurodiputado a Estrasburgo, pero me salió una oferta para dirigir las droguerías de Consum y fui prudente y me quedé.

¿Entonces lo de ser fotógrafo no es por vocación?

Estando en Consum una chica que conocía que trabajaba de corresponsal de Aldaia en el semanario 7 Dies, me dice que se lo iba a dejar y si quería sustituirla. Cuando empiezo a escribir noticias me doy cuenta que estaría mejor si fueran acompañadas de una fotografía. Así que me compré una ampliadora, me hice un curso en la Agrupación Fotográfica Valenciana, me arreglaron en la droguería un cuarto oscuro y así empecé.

¿Cómo llegó a Levante-EMV?

En el semanario 7 Dies desaparece porque Levante-EMV saca la edición de l'Horta y entonces Pep Torrent y Pedro Muelas me llaman. Al principio me pagaban por piezas, pero les salía muy caro porque metía muchas fotos en cada información, así que después me metieron en nómina.

Los que han trabajado con usted dicen que no era el mejor fotógrafo, pero sí el que llegaba primero.

Yo tengo mucho que agradecer a los fotógrafos José Aleixandre y Manolo Molines, que me han enseñado y me han ayudado siempre. Pero es verdad que yo conozco muy bien el terreno y siempre he pecado de imprudente y nunca me ha importando meterme encima de la noticia. Tengo fotos de trozos de carne de un muerto atropellado por el tren, o de una cabeza destrozada que ahora lo pienso en cómo podía hacer esas fotos, pero detrás del objetivo todo es diferente.

¿Entonces no ha habido momentos duros detrás de la cámara?

La verdad es que el entierro de las niñas de Alcàsser y de las víctimas del accidente de metro de Torrent se me han quedado marcados.

Ese activismo del que me hablaba siempre lo ha querido transmitir en sus fotos.

Sí, tengo fotos muy buenas de manifestaciones en el Barrio del Cristo cuando era un gran mercado de la droga. Tengo una que me encanta del cementerio de Manises y detrás unos contenedores de gas, para una noticia que denunciaba que en caso de que hubiera un accidente podrían explotar y arrasar con la población.

¿Cómo ve la comarca?

Me entristece que haya desaparecido el negocio local por grandes centros comerciales como Bonaire o MN-4, al igual que la industria del mueble con la llegada de Ikea. Yo le digo a Luján que Aldaia es ciudad dormitorio.

¿Qué le parece este homenaje realizado por Aldaia?

Aunque cuando me casé me fui Paterna, Aldaia es mi vida y he tenido la suerte de conocer a alcaldes y amigos como Enric Luján. También agradecer mucho a Levante-EMV porque me han hecho ser el que soy, tener un nivel cultural espectacular porque la edición de l'Horta fue una escuela de grandes periodistas.