El primer año de mandato municipal de la legislatura 2019-2023 ha sido convulso en algunas poblaciones, sin que la pandemia tenga nada que ver. En Massalfassar, el gobierno local de Compromís (que tenía la alcaldía) y el PSPV estaba en minoría, y salió adelante gracias a que el exalcalde Carles Fontestad no se alió en junio del pasado año con la derecha. El veterano mandatario, militante histórico del Bloc, había abandonado las filas de Compromís a finales del período anterior tras una crisis en el grupo y se presentó a las elecciones por Demòcrates Valencians. Y hace dos semanas la oposición presentó una moción de censura que ha desalojado al nacionalista Joan Morant de la alcaldía.

En Bonrepòs i Mirambell, tras meses de tira y afloja entre el PSPV y Compromís, antiguos socios de gobierno, fue posible un acuerdo de legislatura. No obstante, la acusación de una trabajadora municipal al alcalde, Rubén Rodríguez, por presunto acoso, provocó la semana pasada su dimisión. En el pleno, al que ya no asistió el exmandatario, también renunció a su acta el portavoz del PP y exalcalde, Fernando Traver.

Por su parte, la izquierda de Manises ha superado sus diferencias del pasado mayo, cuando no se logró pactar un tripartito y, a principios de julio, el PSOE se incorporó al gobierno de la ciudad finalmente. También en Torrent hubo acuerdo de gobierno, fraguado y ratificado durante el confinamiento, ya que el PSPV, que tenía la alcaldía, y Ciudadanos han pactado, ante las críticas del resto de formaciones.