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El arquitecto que cuida el patrimonio de las comarcas

Javier Hildalgo es especialista en patrimonio y ha restaurado medio centenar de edificios en la provincia de València, como el Molí del Passiego de Sueca o l’Alquería del Pi de Alfafar

El arquitecto que cuida el patrimonio de las comarcas

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Restauración de bienes inmuebles históricos. Alfafar, Sueca, Llíria o Chelva son algunos de los municipios que confiaron en Javier Hidalgo para devolver a la vida algunos edificios degradados del patrimonio local. Cuando un arquitecto interviene en un edificio «entra en su historia y forma parte de ella» como una catedral donde se aprecian varios estilos arquitectónicos. «Son edificios vivos y aportamos el valor de nuestra época», afirma.

«Arquitecto que aún cree en la función social y cultural de la arquitectura. Intervenir en el patrimonio no es (sólo) restaurar, es (también) hacer arquitectura». Es la definición que usa Javier Hidalgo en sus redes sociales y funciona como una declaración de intenciones: cuando los recién licenciados en Arquitectura dirigían su interés a obras magnánimas y de nueva construcción, Hidalgo se interesaba por edificios olvidados y cómo devolverles a la vida. Desde entonces han pasado algo más de 15 años y lo que parecía una excentricidad, es ahora su modo de vida. El arquitecto, afincado en l’Eliana, ha restaurado medio centenar de edificios históricos por todos los rincones de la provincia de València.

En estos momentos él y su equipo están inmersos en la restauración de l’Alquería del Pi de Alfafar, una construcción rural sobre la antigua Vía Augusta y que hoy figura en la Lista Roja de Hispania Nostra. No será por mucho tiempo, ya que el trabajo de Hidalgo y su equipo le está devolviendo su esplendor para crear un centro de interpretación del arroz, una función que le ha asignado el ayuntamiento. No con poco esfuerzo, según Hidalgo, porque la obra «ha exigido una constante dedicación, cada día aparecen nuevas cuestiones a resolver para avanzar».

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En la misma localidad ejecutó hace unos años las obras en el casino agrícola, también conocido como el Sindicat Arrosser. Era uno de los dos grandes centros sociales de Alfafar desde finales del siglo XIX y tiene un estilo afrancesado enmarcado por sus detalles arquitectónicos y decorativos en la corriente novecentista. Tal es su valor que para la restauración obtuvo la subvención del 1,5 % cultural, la máxima categoría a la que puede aspirar cualquier elemento del patrimonio. En los años 80, cuando pasó a manos municipales, fue convertido en biblioteca. Tras la obra, Alfafar decidió mantener ese uso.

«Arquitecto que aún cree en la función social y cultural de la arquitectura. Intervenir en el patrimonio no es (sólo) restaurar, es (también) hacer arquitectura»

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Mientras, otras dos obras ocupan en su currículum un valor especial. La primera,el Molí de Passiego, en Sueca, propiedad de los Gómez Trénor, uno de los molinos de arroz más grandes de España. El otro, el Forn de la Vila de Llíria, la más especial para el arquitecto. Se trata de uno de los hornos medievales más grandes de toda la C. Valenciana. «Se reconstruyó todo el horno con técnicas tradicionales, algo que intentamos respetar, así como los materiales, donde empleamos revoltón cerámico aunque luego se revista», señala. Si se emplean técnicas actuales, se asegura que haya «diacronía armónica», un tecnicismo de la arquitectura que busca la armonía entre los materiales nuevos y los antiguos. «No puedes meter un bloque de hormigón que rompa con todo lo demás, no hay que llamar la atención, hay que buscar el cuidado y la sensibilidad», explica.

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En este punto, Hidalgo reflexiona sobre los últimos debates artísticos en torno a las intervenciones sobre el Faro de Ajo, en Cantabria, en manos de Okuda, que ha pasado de ser blanco a multicolor. Lo mismo ha sucedido con una obra del arquitecto Miguel Fisac, un polideportivo en Getafe hecho de hormigón que en el marco de un festival de arte urbano han decidido pintar de colores. «Es una falta de respeto a la obra original», sentencia.

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La diferencia entre restaurar y rehabilitar no es baladí. El arquitecto explica que rehabilitar consiste en devolver la obra a su uso original, «volver a habitarla». Sin embargo, restaurar tiene un componen cultural donde intervienen equipos multidisciplinares, desde arqueólogos a restauradores, y habitualmente se asocia al patrimonio histórico y artístico de una localidad.

El estudio Hidalgo Mora también se ocupó del Plan Director de la Casa Bernal, el chalé donde veraneaba el escritor Teodoro Llorente. «En estos planes se estudia el edificio en su conjunto, se detectan problemas y necesidades, intervienen historiadores de arte, arqueólogos, y se habla con los vecinos para ver qué esperan de esos espacios». Se trata de un guión consensuado entre los distintos agentes sociales de la localidad que luego se desarrolla a través de los años, como también se hizo en el Palacio Vizcondal de Chelva.

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