H a pasado poco más de un año desde que los primeros casos de una neumonía atípica empezaban a hacer mella en la población de la ciudad china de Wuham. Vivíamos ajenos a todo, los casi 10.000 kilómetros que nos separan hacían que el ruido mediático quedará totalmente acallado entre nuestras actividades falleras, la agenda diaria, la atención a nuestras y nuestros vecinos…Nadie podía prever el caos que se avecinaba ni la tragedia que, la ahora conocida como la Covid-19, iba a sembrar en nuestra cotidianeidad.

Y llegó. Y nos quitaron nuestras vidas tal y como las conocíamos. Y de un día para otro 40 millones de españoles nos encerramos en casa para protegernos y proteger a los nuestros, para evitar un colapso sanitario, para evitar que el virus siguiera su escalada brutal de enfermedad. Y lo hicimos bien, la sociedad, las instituciones, las administraciones, todos nos volcamos en conseguir vencer en esa batalla. Pero la historia es tozuda y no vale con vencer una sola vez, hay que ganar la guerra. Y en ello estamos.

Durante estos meses he vivido de primera mano lo que ha supuesto la Covid-19 para mi ciudad, para Burjassot, y decir que ha sido el periodo de tiempo más complicado de mi vida laboral y personal se quedaría un poco justo. He sentido impotencia muchas veces ante la realidad que veía todas las mañanas con las calles vacías durante el confinamiento, viendo a nuestros mayores asustados ante la enfermedad, a nuestros pequeños encerrados, he sentido dudas, tristeza y dolor en infinidad de ocasiones pero siempre existe la otra cara de la moneda. También me he sentido y me siento infinitamente orgulloso en la inmensa mayoría de veces de mis vecinas y vecinos, de nuestra gente.

No es fácil en ciudades como la nuestra, con altísimos porcentajes de densidad poblacional y términos municipales tan reducidos, hacer entender a nuestros ciudadanos que la vida depende de no salir a la calle. No es fácil decirle a tus vecinos que abrazar a nuestros mayores supone poner en peligro sus vidas. Y también lo hicimos y lo seguimos hacemos. Y ellos lo han entendido, pese a la ferocidad que en estos momentos tiene el virus en toda nuestra Comunidad, y me siento muy orgulloso de poder decir que Burjassot mantiene a raya al bicho, y lo está haciendo con tenacidad, con sacrificio, con mucho esfuerzo, fruto del compromiso de nuestros ciudadanos y con el apoyo diario, minuto a minuto, de su Consistorio.

Y en estas horas, la ciencia, como en la infinita mayoría de los momentos vitales, es la protagonista. La ciencia y nuestra responsabilidad, juntas, van a ser capaces de hacernos salir de este mal sueño que en muchas ocasiones nos hace hasta ver espejismos en la realidad y olvidarnos del peligro que nos rodea. Queda el último gran esfuerzo, el último gran arreón para salir de esta madeja de hilos que cada día se tuercen un poco más. Sé que Burjassot, y los que aquí vivimos, vamos a seguir la senda que iniciamos en marzo y que gracias al esfuerzo de todas y todos, gracias a los mayores, pequeños, familias, y jóvenes, ganaremos la guerra, pese a las muchas batallas que libremos.

Gracias Burjassot.