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Un patio de Sant Roc sahariano

La materia prima para el enlosado procede de las canteras de piedra azul de Morvedre

Patio de Sant Roc cubierto de polvo rojizo

Patio de Sant Roc cubierto de polvo rojizo V. Ruiz Sancho

«… I recorde la molsa / que creix entre les lloses del pati de Sant Roc. / Són unes lloses blaves, quasi blaves més bé”. En estos versos de su ‘Coral romput’, el poeta Estellés reportaba algunos detalles de la explanada del monumento de los Silos que durante siglos –casi cuatro centurias y media– tantas generaciones de burjasotenses han podido constatar.

El «fill del forner» no inventaba cuando pintó de azul las losas del patio del conjunto monumental. De hecho, la materia prima para el enlosado «procede, en su mayoría, de las canteras de piedra azul de Morvedre (Sagunt)», como, entre otras fuentes, refiere el equipo de historiadores de la asociación Amics i Amigues de les Sitges.

El Balcón de España

Pero, cosas de la madre naturaleza, en diversas ocasiones –muy pocas– el color azulado de las losas se ha visto revestido con una capa de fino polvo rojizo, caído del cielo, que ha terminado por esconder, al menos durante un día, el peculiar azul del «pati de Sant Roc». La última vez, quizá la más intensa y sin mediar la lluvia, tuvo lugar este pasado fin de semana. El «Balcón de España», como presuntamente lo bautizó el rey Fernando VII en una de sus visitas a València, amaneció rojo.

Nada tuvo que ver el reflejo del alba. Según fuentes de la Agencia Estatal de Meteorología, la causa fue una tormenta de arena que procedente del desierto del Sahara afectó «a gran parte de vertiente mediterránea peninsular y las islas Baleares». Según los expertos, «se trata de una deposición de polvo sahariano que, desde junio de 2018, no se observaba de una manera tan intensa». Este fenómeno atmosférico suele ir asociado a las lluvias de barro; pero, en esta ocasión, «lo extraordinario es que el polvo apareció sin lluvia».

De este modo las azuladas losas del patio de los Silos de Burjassot volvieron, excepcionalmente, a cambiar de color. El espectáculo pudo contemplarse tras las rejas del acceso a la explanada ubicado en la plaza del Ayuntamiento, o bien desde las ventanas y balcones más altos de los edificios colindantes al monumento. Sin embargo, nadie pudo caminar sobre las losas rojizas porque la explanada de los Silos, desde el desmoronamiento de su muro noreste hace más de dos años, sigue cerrada al público. 

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