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La batalla por el reconocimiento de la Unesco

Tres poblaciones de l’Horta competirán en Madrid por lograr el aval para aspirar a ser Ciudades Creativas por su artesanía y tradiciones

La batalla por el reconocimiento de la Unesco

La batalla por el reconocimiento de la Unesco

Los reconocimientos que concede la Unesco a las ciudades son cada vez más apreciados como fórmulas para poner en valor elementos característicos de la identidad local y darles relevancia internacional. Más allá del galardón de Patrimonio de la Humanidad, el organismo otorga otros sellos de protección al que pueden aspirar determinadas actividades artesanales y tradicionales.

La batalla por el reconocimiento de la Unesco

La Red de Ciudades Creativas de la Unesco, impulsada en octubre de 2004, a consecuencia del 170º Consejo Ejecutivo, pretende «estimular la cooperación iInternacional» entre municipios que «invierten en la creatividad como motor de desarrollo urbano sostenible, inclusión social e influencia cultural», lo que enlaza con el objetivo de la organización de potenciar y respetar «la diversidad cultural».

La batalla por el reconocimiento de la Unesco

La red se estructura en torno a siete redes temáticas: literatura, cine, música, arte popular, diseño, gastronomía y arte digital. En España, desde 2006 hasta 2019 se ha concedido este galardón a nueve ciudades, dos de ellas valencianas: Dénia, en 2015, por su gastronomía y Llíria, en 2019 por la música. El resto son Sevilla, en 2006 por la música; Bilbao, en 2014 por el diseño; Granada, en 2014 por la literatura; Burgos, en 2015, por la gastronomía; Barcelona, ese mismo año por la literatura; Terrassa, en 2017, por el cine, y Valladolid, en 2019, por la misma materia.

A pesar de que lograr el sello no es sencillo ya que requiere pasar primero el filtro estatal de la Comisión Nacional Española de Cooperación con la Unesco y luego la deliberación del jurado internacional, tres poblaciones de l’Horta (prácticamente limítrofes) competirán en la presente edición, cuyo plazo para presentar candidaturas acaba en mayo: Aldaia, Manises y Paterna. Además, las dos últimas rivalizan incluso en categoría. La proliferación de candidaturas, si bien hace más difícil el proceso para cada una, evidencia el potencial creativo, cultural, artístico, artesanal y tradicional que tiene l’Horta.

La primera ciudad en dar el paso públicamente fue Manises, cuyo consistorio esgrime una tradición cerámica de más de 700 años, que ya aparece reflejada en el «Llibre del Repartiment» de Jaume I y que en la actualidad sigue muy viva con el museo, la escuela superior y los propios talleres artesanales que siguen operativos. Entre las técnicas, destaca la cerámica de reflejo metálico, casi desaparecida, y que mantiene el artesano Arturo Mora. Manises logró en 2020 el apoyo de les Corts Valencianes y ya ha presentado el proyecto a la Comisión Nacional.

A este municipio le siguió en el tiempo Aldaia, que se presenta para ser Ciudad Creativa de la Unesco por su industria artesanal del abanico, con una «larga trayectoria de más de 200 años», que también pervive a través de 24 empresas y talleres (de las 36 que existen en la Comunitat Valenciana), y un museo municipal que es único en España. El consistorio logró en abril el respaldo de les Corts Valencianes y ha desarrollado un proceso participativo por el que ha obtenido otro medio centenar de adhesiones de instituciones, asociaciones y personalidades.

Ciutat del Foc

A las dos candidaturas anteriores se suma la de Paterna, que linda territorialmente con Manises, por su tradición del cohete y la pólvora, por lo que pide ser declarada «Ciutat del Foc». Según los informes que el consistorio ha preparado, la tradición se remontasría al menos a 1758, cuanfo setraslada a Paterna el polvorín de los cuarteles de València. Asimismo, Andrés Castellano, en su obra «Històries de la Traca» se refiere a a Paterna com a «una de las poblaciones donde durante el siglot XVIII se desarrolló y creó la moderna pirotecnia valenciana». La pasión por el fuego y el cohete tiene su máxima manifestación en la Cordà del último domingo de agosto, una tradición documentada en Paterna desde el siglo XIX, que ha pervivido en el tiempo.

Arriba, celebración de la Cordà de Paterna, que tiene lugar cada último domingo de agosto en la calle Mayor de la ciudad. A la izquierda, un plato de cerámica de reflejo metálico elaborada en Manises. Abajo, un abanico artesanal de Aldaia.

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