El cura que protagonizó asombrado el Miracle dels Peixets hace casi siete siglos iba en mula por las alquerías de la huerta dando viáticos y extremaunciones. En uno de estos servicios pastorales de su cometido, el Carraixet de gom a gom a resultas de una “dana” se lo llevó por delante y perdió las Sagradas Hostias, que acabaron, cuenta el depósito de la piadosa tradición, en su desembocadura en la mar.

Hoy, Santi, Santiago Carbonell Matarredona, el vicario parroquial, tan místico como tímido, va en bicicleta a todas partes. Un día coincidimos los dos sin conocernos ayudando a una anciana que se había caído en una acera por tropiezo con una cartela de un bar indebidamente apostada en la calle. El hombre se dejó la bicicleta y entramos a la mujer en la cafetería hasta que se normalizó y se vio que no hacía falta ambulancia.

Cartel de las celebraciones

Alboraya celebra este lunes de Pentecostés su día grande, en el que recuerdan aquella jornada del 18 de junio de 1348 en que ocurrió el conocido percance. Lo hacen, por culpa de la pandemia, de manera distinta, no en su exquisita ermita encalada vigilante del Mediterráneo, sino en el templo parroquial, en uno de cuyos laterales exhiben orgullosos esculpidos los peces del milagro –tres en Alboraya- , y que este año, en este día, además, será templo jubilar, con indulgencia plenaria para todos los que lo visiten confiesen y comulguen. Una gracia concedida por la Santa Sede en el Año Jubilar del Cáliz de la Pasión a los pueblos donde hubo milagros eucarísticos.

Todo el día la Iglesia está abierta, con un repleto programa de actos, Misas y exposición eucarística, al tiempo que la Ermita dels Peixets estará cerrada por su menor espacio y capacidad para albergar a tanta gente y en cumplimiento de las medidas restrictivas sanitarias.

El milagro en el escudo de Alboraya

El miracle dels peixets aconteció en  un contexto histórico de gran complejidad social, étnica, cultural y religiosa, con tensiones y conflictos entre cristianos, judíos y musulmanes, aconteció, el 10 de junio de 1348. Cuentan los relatos tradicionales que el cura párroco de Alboraya llevaba el viático, de noche y en medio de una gran tormenta, a un moro converso gravemente enfermo residente al otro lado del Barranc del Carraixet, demarcación hoy del pueblo de Almàssera, cuando al cruzar el cauce, las aguas que bajaban le hicieron tambalear, cayéndosele la arquilla en la que portaba las Sagradas Formas al río, las que fueron arrastradas por las aguas hasta el mar, donde unos pececillos las recogieron y sacaron a tierra, entregándolas a unos pescadores.

El milagro en el escudo de Almàssera

Jaume Bleda, el primero que relató por escrito los hechos, dice: “[…] cerco al cura, y le compellio soltasse la custodia, o arquilla donde traya dos Hostias, una para comulgar al enfermo, y otra para traer a la vuelta dexado caer la arquilla, el rector procuro salvarse de aquel impetu de agua, y dio noticia en Alboraya de lo que havia acontecido. Pusieron diligencia luego que amayno el barranco en buscar la custodia, y hallaron al fin las formas. Yendo por la orilla del mar (que esta de allí menos devn quarto de legua) dos pescadores a pescar, o buscando leña vieron dos peces grandes, a la lengua del agua, teniendo cadavno en la boca patentemente vna forma: corrieron, dieron nueuas al Cura de lo que hauian visto, el rector pusose el sobrepeliiz y estola, y cogió vn caliz, y corriendo acudió alla: hallo ser verdad lo que le dixeron, arrodillose ante los peces, los quales llegaron junto al cura, teniendo siempre en la boca las hostias: tomolas el cura con mucha reuerencia y pusolas dentro del caliz, y lleuolas a Alboraya”.

Dos peces en la escultura de la entrada de Almàssera

Al llegar a Valencia, meses después, y conocer el hecho el nuevo Obispo de Valencia, Hugo de Fenollet, decretó se celebrara en Alboraya solemnes fiestas con tal motivo. La propalación de este milagro eucarístico hizo que aumentara entre los cristianos el fervor por lo eucarístico, la veneración y adoración de la Eucaristía, caldo de cultivo y factor propicio que aprovechó el nuevo Obispo para reanimar la vida de la Iglesia en Valencia, mermada y diezmada por la peste negra y afectada por la relajación del clero. A este desastre, se sumó las consecuencias del gran escándalo de la Iglesia medieval, el Cisma de Occidente.

Una de las cosas que hizo aprovechándose del miracle dels peixets fue organizar la primera solemnial e general de la Catedral, con el fin de “que perpetuase entre los valencianos el respeto a tan soberano Sacramento”, consiguiendo que el 4 de junio de 1355 se hiciera.

En el orden civil y político, el miracle armó de valor a los del rahal de Almàssera que iniciaron la lucha por su independencia de Alboraya, alegando, entre otros motivos la distancia y el barranco que les separaba de Alboraya y dificultaba las relaciones con la metrópoli. Lo lograron y Alboraya aceptó la petición de autonomía a regañadientes, dándoles para su jurisdicción un pequeño trozo de su término municipal, quedándose la playa, donde hoy se levanta Porta Saplaya.

Hubo más consecuencias, la polémica que siempre existió entre Alboraya y Almàssera de si era 3 o 2 los pececillos del milagro. Almàssera tiene a la entrada del pueblo un monumento enorme con dos peces, mientras que Alboraya ha colocado tres en lo alto de su iglesia. Ello ha hecho que se convirtieran en señas de identidad de ambos pueblos, al incorporarlos en sus respectivas heráldicas municipales, sobre todo en Almàssera por ser el hecho religioso fundante, causa o consecuencia del milagro.