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Riego con energía solar en Torrent

El ahorro en el recibo de la luz para inundar los campos supera el 70%

Ramón Merino frente a la segunda planta fotovoltáica instalada por la socidad de regantes en la partida de Morredondo. | C.L.

Ramón Merino frente a la segunda planta fotovoltáica instalada por la socidad de regantes en la partida de Morredondo. | C.L.

Mientras algunos colectivos ecologistas y ayuntamientos han mostrado su rechazo a convertir determinados espacios de cultivo de la C. Valenciana en megaplantas fotovoltaicas, los agricultores de Torrent mantienen su clara apuesta por las renovables y ultiman la instalación de una segunda planta con la que hacer funcionar los motores de riego.

Ramón Merino es el presidente de la Sociedad de Regantes Sant Vicent Ferrer de Morredondo, en Torrent. En verano de 2016 inauguraron una primera planta, con una superficie de 2.500 metros cuadrados y unos 700 paneles solares que permiten mover dos motores de 75 caballos para generar unos 1.500 kilovatios con los que bombear el agua hasta una balsa de riego situada a unos 2,5 kilómetros de distancia del canal Xùquer-Turia, desde donde obtienen el caudal.

Cinco años después, la misma sociedad de regantes está a punto de culminar una segunda planta. Esta vez sobre una superficie de 2.000 metros y con 523 placas de 400 watios cada una. En total 212 kilovatios de potencia para bombear hasta la citada balsa, ahora a un kilómetro de distancia, unos 7.500 litros de agua por minuto, obtenida de un pozo del año 1968 situado a unos 40 metros de profundidad. Además, el terreno está equipado con cámaras y alarmas de infrarrojos para evitar el robo.

De 75.000 a 15.000 euros

«El resultado de la primera planta fue muy satisfactorio. De un gasto anual en luz de unos 75.000 euros hemos pasado a poco más de 15.000, en función de si se riega de noche o las placas no han obtenido suficiente luz durante ese día», explica Merino. «El principal objetivo de la planta es ahorrar en el consumo eléctrico, ya que la balsa siempre estará llena y los regantes puedan regar sus campos mucho mejor», señala. En este sentido, admite que se debería abaratar el coste del agua, pero eso es más complicado.

La actuación, con un coste de 197.000 euros, está financiada por un crédito que abonan los propios socios de la sociedad de regantes. «Lo tendremos amortizado en unos ocho años», relata. Tal como ocurrió con la primera planta han rechazado solicitar ayudas a las distintas administraciones, incluso a Europa. «No hemos pedido ayudas. Creo que las subvenciones son buenas pero su tramitación no es rápida y la burocracia no juega a nuestro favor. Puedes estar dos años o tres y si tienes un error en el papeleo debes volver a empezar. En cambio con esos dos o tres años tenemos casi la mitad de la planta ya pagada», afirma.

Sobre su clara apuesta por las renovables, Merino señala que la energía solar «ya tienen un recorrido pero es cierto que para las sociedades de regates está un poco verde. Nosotros fuimos los primeros en montar una en la comarca y ahora hemos ampliado la instalación con una segunda». Pese al buen funcionamiento, «las sociedades están reticentes a invertir en este tipo de instalaciones dado que los beneficios del campo no son los esperados, pero yo considero que es el futuro. La luz cada vez está muy alta y ahora con las diferentes franjas se dispara el gasto», advierte. Por ello, ya estudian ampliar la primera planta para ganar potencia.

Así, sobre la polémica suscitada en otras zonas por el rechazo a estas instalaciones, Merino admite que ese tipo de proyectos «muy grandes son para hacer negocio y eso no le gusta a todo el mundo porque ecologistas o los propios agricultores quieren mantener sus terrenos y sus raíces; en cambio para los regantes estas plantas son muy beneficiosas. Aquí en la C. Valenciana tenemos muchísimas horas de sol y el sol sale para todos y hay que aprovecharlo al máximo para ahorrar costes».

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