¿Por qué se llama Camí de la Torreta o partida dels Ossos? ¿Había en Silla un casino de pobres y otro de ricos? Todo nombre tiene una explicación y revela datos desconocidos sobre la historia, los modos de vida o las personas que habitaron una localidad. Con la intención, no solo de saber los significados de la nomenclatura, sino de entender mejor la geografía, sociedad, costumbres y antropología de Silla, el cronista Josep Antich ha recogido en dos libros más de 2.000 topónimos, el 80% de ellos desaparecidos. De ahí la importancia de que queden reflejados de forma escrita antes de la desaparición de los pocos testigos orales que aún quedan.

Antich, con una docena de libros en su archivo, ha tardado 10 años en recopilar la información sobre estos más de 2.000 topónimos, desde el siglo XIII hasta los años 60, que divide en dos tomos, según su procedencia rural o urbana, y que va acompañada de más de 700 fotografías y otros documentos escritos de gran valor, como carteles publicitarios de tiendas del siglo XX con teléfonos de una sola cifra.

Lección de historia a través de la toponimia

«No quería hacer un listado de nombres. Quería humanizarlos. No me bastaba con saber el nombre de la barraca, sino que quería saber por qué se llamaba así, quiénes habían vivido ahí y a qué se dedicaban. Mi objetivo es hacer una radiografía de la población de Silla al detalle a través de los topónimos», explica Josep Antich.

La tipología de los edificios, el diseño de la red urbana, el crecimiento de la población, los cambios de dueño,... todo influía en las nomenclaturas. Los nombres evolucionan al igual que la población. «Nacen, se consolidan y desaparecen. Más del 80% de los recogidos aquí han desaparecido, en muchos casos porque también se han derruido o eliminado los edificios o elementos rurales a los que les daban nombre. De ahí mi mayor motivación a la hora de escribir estos libros», confiesa el cronista oficial de Silla.

Antich recoge más de 20 barracas en la zona urbana, muchas de ellas conocidas por el «malnom» asociado a su dueño (la de la tia Roja, de Porrón, del Manyanos), todas ellas desaparecidas, «porque en 1883 hubo un incendio y se prohibió que se construyeran en zona urbana». «Los malnoms tienen otro libro que estoy realizando ahora, aunque hay muchos que son despectivos y sus descendientes no quieren que los saque a la luz», confiesa.

Aún en vigor

Aunque el 80% de estos topónimos han desaparecido, algunos permanecen y revelan datos geográficos e históricos que se desconocían y que las investigaciones de Antich han sacado a la luz. Uno de los más antiguos está en la zona rural y es la partida de l’Algudor. Antich ha encontrado la primera referencia de este topónimo el 5 de diciembre de 1280, cuando la orden de San Juan del Hospital otorga un establecimiento habitado a Arnau Oller y su hijo «et utrius populo mediati Algodor, partita quis est in termino de Cilla». Antich desvela que su nombre procede del árabe «gadir» o «gudir», y que llamaban «algudir» a un pequeño estanque . Este vocablo derivó a «Algudor» y de ahí al actual, Albudor, referente a las corrientes del barranco que cruzaba la partida. Igual que la Partida dels Ossos, en clara referencia a una necrópolis que siempre se ha dicho que existía pero que nadie ha encontrado. Datos que solo se encuentran en los topónimos y que el cronista de Silla ha puesto al alcance de todos.

Derivado del árabe «gudir», significa pequeño estanque y de ahí su nombre

Imagen de las Barracas de Sant Caralampi, de las últimas en zona urbana, tomada en 1923.

A través de la publicidad se comprueba el auge comercial de la localidad.