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La segunda entrada del refugio escolar del Puig

El ayuntamiento no pudo concluirlo porque acabó la guerra civil española

El monasterio y la entrada en los años 70. | ARCHIVO MONASTERIO EL PUIG

Debido a los ataques del ejército franquista, ayudado por la legión Cóndor y la Aviazione Legionaria Italiana desde la plataforma de la isla de Mallorca, que sembraba el terror y la muerte entre la población valenciana, el Consejo Municipal del Puig de Santa María, en la sesión celebrada el 31 de enero de 1938, se planteó «construir un refugio en la zona escolar que sirva de resguardo de los bombardeos aéreos, a los niños que asisten a las Escuelas Nacionales».

La Junta o Comité de Defensa Pasiva del Puig de Santa María se decantará por construir los refugios excavando galerías subterráneas, en las rocosas vísceras de las montañas podienses o pugenques, que ofreciesen una excelente protección.

Pero, para penetrar el pétreo altozano del monasterio necesitaban un compresor que les permitiese perforar y barrenar, debido a la dureza de la piedra. De modo que, en la sesión ordinaria del Consejo Municipal de abril de 1938 «se dio cuenta de un escrito de la Unidad Sindical de Auto-Tranvías de Valencia, detallando las características y condiciones del grupo-compresor para martillo neumático, por precio de treinta y dos mil pesetas. Enterados se acuerda su adquisición y pago».

Por otra parte, en el acta del Consejo Municipal del 8 de agosto de 1938, «la Presidencia dio cuenta de haber conseguido del Depósito de prisioneros, hombres para trabajar en el refugio empezado debajo de la escalera del Ex-Convento, acordándose aprobar la gestión de la Presidencia y que se dé principio a los trabajos hasta que quede terminado dicho refugio». Ahora, teniendo el compresor adquirido y la ayuda de los prisioneros, podían seguir realizándolo.

Niñas y niños lo usaron

Julio Badenes Gausí, que tenía 13 años entonces, confirma que el refugio se comenzó por la destruida Escalera Santa, junto al arco de entrada al baluarte del monasterio, a su derecha, pero no se concluyó porque la guerra terminó.

Los refugios públicos debían tener dos entradas, que tenían que situarse en extremos opuestos o distantes entre sí. Por ello, el otro acceso del refugio monacal-público-escolar se comenzó en la zona norte de la ladera del altozano del monasterio, frente a la actual calle Margarida de Lluria. Y se llegó a profundizar unos 10 o 12 metros.

Teresa Ribelles Brunet, de nueve años en aquel momento, narra que ella se escondió varias noches en esta parte del refugio y, en una de ellas, que recuerda intensamente porque le impactó de forma profunda, al ser una niña, la Pava tiró «tres o cuatro bombas incendiarias, que cayeron delante del refugio, frente al monasterio y el comienzo de la calle, que actualmente se llama Margarita de Lauria». «Estas bombas produjeron mucho humo y tuvimos que salir con nuestros padres del refugio hacia un lugar más seguro», añade.

La idea del Ayuntamiento del Puig era que se encontrasen las dos galerías comenzadas y continuadas en el corazón de rodeno de la elevación sobre la que se asienta el monasterio, pero la guerra civil española terminó antes, y no se llegaron a unir ambas excavaciones.

Hoy día el urbanismo del Puig de Santa María ha cambiado mucho y, por ello, Julio Badenes Gausí comenta que para realizar esta boca norte del refugio se ensanchó el callejón (actual calle Margarita de Lauria) y se realizó una replaza y, entonces, comenzaron esta entrada. Al mismo tiempo, realizaban la otra «empezada debajo de la escalera del Ex-Convento», pero ambas galerías no llegaron a juntarse.

Una infraestructura vital

Si hubiera seguido la guerra era crucial conectar ambas corredores subterraneos, pues cualquier espacio destinado como refugio de carácter civil o militar debía disponer de dos salidas-entradas como mínimo y, de ese modo, tener una vía de escape en caso de que, por la acción del bombardeo aéreo o artillero, se taponase uno de los accesos o se llenase el interior de gases nocivos.

Además, en su narración, Teresa Ribelles Brunet nos certifica que se respetaba la norma que ordenaba que las mujeres, niños, personas ancianos y mutiladas tenían preferencia para alojarse en estos recintos, al comentar que, como niños que eran, muchas noches se quedaban a dormir en el refugio mientras que los padres permanecían en casa.

El año pasado dedique varios días a la búsqueda de fotografías que mostrasen la entrada norte del refugio realizado en la ladera del montículo en el que se asienta el convento mercedario, pero no pude hallarla. Por casualidad, preparando una publicación sobre este simbólico edificio encontré una maqueta que representa a la perfección la ubicación de dicha boca de refugio.

Este año, y justamente en el mes de agosto, se cumplen 83 ejercicios de la construcción de este elemento arquitectónico defensivo, que simboliza la lucha de la ciudadanía frente a cualquier forma de gobierno totalitario, tanto de ‘derechas’ como de ‘izquierdas’. Por tal motivo, el Ayuntamiento del Puig está acometiendo una operación de limpieza y restauración, para habilitarlo, de forma que se pueda visitar y utilizar como plataforma desde la que reflexionar sobre los valores democráticos.

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