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La rehabilitación que cambió la vida de la Torre de Paterna

El baluarte defensivo celebra el 50 aniversario de su declaración como monumento histórico-artístico local, después de una gran rehabilitación que costó millón y medio de pesetas

La Torre y su entorno,
con las cuevas, está
declarada BIC.  a.p. | IMAGEN CEDIDA POR 
MANUEL PASTOR CAMARENA

La Torre y su entorno, con las cuevas, está declarada BIC. a.p. | IMAGEN CEDIDA POR MANUEL PASTOR CAMARENA

Quien pasa estos días frente a la Torre de Paterna y se detiene para contemplarla, puede observar como el edificio con centenares de años sobre sus cimientos parece devolver un sonrisa. Y no es para menos. El símbolo de la villa está de cumpleaños: celebra el cincuenta aniversario de su declaración como monumento histórico-artístico de relevancia local.

La rehabilitación que cambió la vida de la Torre de Paterna

Según los datos históricos aportados por el cronista oficial Camilo Segura, la torre de Paterna data de finales del siglo XI – principios del XII. De hecho, en los crónicas históricas de la reconquista del Reino de Valencia, la Torre de la Vila de Paterna se refleja en varios de los textos. Uno de ellos es el que hace referencia a la donación de unas tierras paterneras a Artal de Luna, en el año 1237, como gesto de fidelidad y agradecimiento por parte de Jaume I, que visitó Paterna un año después, acompañado de la reina. Allí encontró un tejido artesano musulmán en el entorno de la torre. También presencia cristiana, que quiso potenciar.

La floreciente actividad cerámica y alfarera de aquella época en la villa plasmó en centenares de obras la esbelta figura de la Torre. También se recoge su existencia en pergaminos y textos sobre lo acontecido en la Edad Media.

La Torre, una de las pocas circulares de origen defensivo en València, está compuesta de tres niveles diferentes, más una terraza superior. El aljibe estaba situado en la planta baja, sin acceso desde fuera. La estancia que permite la entrada desde el exterior se encuentra en la primera altura y sobre esta, el último piso, octogonal y con bóveda y muros de ladrillos, al que se llega a través de una escalera interior embebida en el propio muro, con escalones de ladrillo a testa, que finaliza en la plataforma superior con matacanes y un cuerpo almenado.

El entorno de las cuevas

Con el paso de los años, en el entorno de la Torre fueron proliferando las cuevas, unas casas excavadas en el subsuelo. Según recuerda Camilo Segura, en el Padrón de Habitantes de Paterna de 1824 había censadas 38 cuevas. Cien años después, la cifra superaba las 400, lo que representaba el 20% del censo total de Paterna.

Pero claro, los movimientos subterráneos para adecuar las cuevas-casas y la masificación residencial del entorno, fueron afectando considerablemente a la Torre a principios del siglo XX. Posteriormente, a mediados de los años 50 y 60, Paterna experimentó el primer boom del ladrillo y muchos de los que ocupaban esas cuevas se marcharon a los pisos de nueva construcción. El abandono de muchas de las casas bajo tierra fue la puntilla para el estado de conservación de la Torre.

Fue en 1967 cuando se inició el expediente para acometer una profunda rehabilitación sobre el histórico edificio. Así, el informe de la dirección general de Arquitectura sobre la Torre la define como «un interesantísimo monumento con una fortificación no muy frecuente. El remate es lo que más ha sufrido; han desaparecido las almenas y el piso de las terrazas está destrozado»», decía el documento.

Sin fotos para poder rehabilitarla

La actuación tuvo un presupuesto de un millón y medio de pesetas de entonces, divididos en cinco capítulos: demoliciones y tierras, hormigones, cañerías, albañilería y obras varias. La rehabilitación contó con la dificultad, tal como se cita en el informe, de que «no existen documentos gráficos claros sobre su estado primitivo, aunque está representada toscamente en algún azulejo». Pese a todo, se ejecutó «con exquisito cuidado para lograr la mayor fidelidad a la calidad y forma de la obra antigua».

La novedad que se introdujo fue la instalación de una barandilla en la escalera de acceso a la entrada. Se trata de un elemento de hierro forjado, obra del artesano de Paterna Ernesto Simó.

Exposición

Con las obras concluidas en 1971, el ayuntamiento activó los mecanismos para conseguir la declaración de Monumento Histórico Artístico de Interés Local, junto con las cuevas que lo circundan. Tal reconocimiento fue publicado en el BOE del 9 de septiembre, fecha de la que se cumplen ahora las bodas de oro. Para su conmemoración, el consistorio ha programado del 14 al 24 de septiembre, en el Gran Teatro, una muestra que repasará la historia de la Torre.

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