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José M. Martínez Castelló

«La sociedad tiene una visión injusta de la realidad de las prisiones»

El profesor torrentino José M. Martínez Castelló publica el libro «Esperanza entre rejas» con su experiencia como voluntario al frente de un taller en el módulo siete de la cárcel de Picassent

José Miguel Martínez Castelló, con el libro, delante de la iglesia de la Asunción de Torrent. | S. COBOS

Para la mayoría de la sociedad el día a día en el interior de las cárceles es desconocido ¿Cómo describiría el trabajo de un voluntario en prisión?

Simple y llanamente consiste en acoger a todas las personas presas de un determinado módulo y dedicarles una hora y media de atención con el objetivo de que se olviden de sus problemas, reflexionen y expresen sus sentimientos a través de la escritura y el pensamiento. En este momento, lo hago en el módulo 7 con un taller todos los lunes de valores y cine. Yo les escucho y ayudo desinteresadamente. El voluntariado tiene una característica fundamental que es el compromiso, ellos te esperan todas las semanas, juegas con su esperanza.

En su libro presenta el testimonio de como recuperó la fe como voluntario de prisiones. ¿Cómo se encuentra la fe en una cárcel?

Paradójicamente, donde más esperanza hay es una prisión porque es el lugar donde hay un mayor anhelo de libertad. Ahí volví a encontrar la fe porque me di cuenta de mis privilegios. Dios se manifiesta en mí a través de las personas, de mis padres y de la cárcel. Así que podemos decir que a les debo a los presos mi reencuentro con Dios.

Afirma que su madre y el sacerdote valenciano Joaquín Montes Mollá fueron quienes le impulsaron. ¿Cuál es la historia detrás de esta inspiración que le llevó a colaborar en el centro de Picassent?

Mi libro está dedicado a Joaquín Montes, conocido como Padre Ximo. Fue el director de la Pastoral Penitenciaria. Mi madre, por aquel entonces, era voluntaria de Caritas en el que fue mi colegio, Monte Sión, aquí en Torrent, pero buscaba algo más. El Padre Ximo le rompió los esquemas y ella empezó a hacer los cursos de formación ofrecidos por la Iglesia para entrar en el voluntariado. La noticia sentó como una bomba en mi casa. La prisión llama mucho pero detrás de la prisión hay un rechazo enorme.

¿En qué momento decidió dar el paso definitivo?

Estuvimos un año enfadados con mi madre pero me di cuenta que, cuando hacía el voluntariado, era distinta y empecé a interesarme. Un día, mi madre me preguntó en la Semana Santa de 2004 si quería acompañarla a prisión el domingo de ramos. Entré asustadísimo pero entendí que era un espacio donde se sufre, no habían tenido mis oportunidades. Recuerdo que el Padre Ximo me dijo: «tú eres filósofo y aquí haces falta» Así que en septiembre de ese año empecé.

¿Qué le impulsó a plasmar tu testimonio en un libro?

Surge a raíz de mi participación en mayo de 2018 de la presentación del libro de Agustín Domingo, uno de mis primeros profesores de la carrera y director de tesis doctoral, «Condición humana y ecología integral». Uno de los editores de PPC, editorial con la que he publicado el libro, Pedro Miguel García Fraile, asistió y me propuso que escribiera sobre mi trabajo como voluntario. Otra de mis inspiraciones fue el Papa Francisco, quien dice que la autenticidad humana es el servicio en la periferia, este es el concepto central de la obra.

¿Qué imagen cree que tiene la ciudadanía de la realidad penitenciaria?

Existe una visión injusta. En los medios no se entra a hablar de las prisiones, de cómo es una prisión por dentro. Combatir contra la imagen falsa que se tiene de la prisión es uno de mis propósitos.

¿Cree que su obra conseguirá cambiar esa mentalidad?

El testimonio que tengo es que saben algo más. Sin embargo, es obvio que mi libro no es la palabra de Dios. Mi testimonio se ciñe a lo que se vive en el Centro de Picassent, pero es un buen ejemplo para explicar esta realidad.

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