Muchos paseantes y corredores habituales de la conocida coloquialmente como «Ruta del Colesterol», nombre que recibe la vía paralela a la carretera CV-400 que une varias localidades de l’Horta Sud, se cruzan diariamente con Ironman. Es inevitable mirarle y pensar, como así lo reconocen varios testigos, que es «un loco», o «una broma», un «programa de cámara oculta» o incluso «una despedida de soltero». Sin embargo, la percepción cambia cuando ven a ese personaje de Marvel entrenar todos los días prácticamente a la misma hora y entonces descubren que detrás de ese disfraz ha una historia de superación.

El ya conocido como el «Ironman de l’Horta» tiene nombre y apellidos. Se llama Juan Carlos Martínez y la decisión de correr disfrazado de este superhéroe la tomó cuando, con tan solo 37 años (ahora tiene 45) le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson. Es un trastorno progresivo del sistema nervioso que afecta el movimiento. «A mi me encanta correr, corría maratones y fue precisamente corriendo cuando empecé a nota que la parte izquierda como que se me bloqueaba. Luego, en el trabajo, se me caían las herramientas y me notaba raro y decidí ir al médico», explica.

Y casi un año después, tras múltiples pruebas, le dieron el temido diagnóstico. «Me dijeron que tenía Parkinson. Y mi reacción fue decir: ‘bueno de esto nadie se muere hay que tirar hacia adelante’». Y así lo hizo.

Juan Carlos tuvo que dejar su trabajo en una empresa de ascensores pero decidió no renunciar a sus dos mayores pasiones, correr y disfrazarse, sobre todo de superhéroe, ya que era un asiduo en ferias y eventos de este tipo.

Así que decidió unir las dos cosas, aunque lo de escoger a Ironman precisamente no fue por casualidad. «El superpoder de este superhéroe de Marvel es su mente, ya que no tiene poderes físicos y, en esta enfermedad, cuando precisamente te falla el cuerpo, ser fuerte mentalmente es clave», señala Martínez.

Así que no lo dudó y empezó a confeccionar su propio traje , que está en continua remodelación y que, ya de por sí, supone un reto. «El traje pesa siete kilos, porque lleva anclajes, piezas de metal. Le he incorporado motores, luces para que sea lo más parecido posible al real», explica, a la vez que recuerda con una sonrisa que la primera vez que se lo puso para entrenar dejó «la marjal llena de piezas».

Ni que decir tiene que correr con un traje que pesa siete kilos para un enfermo de Parkinson es toda una proeza. «Tengo que entrenar con el traje para ir acostumbrándome y luego, después de una carrera, tardo varios días en recuperarme, pero merece la pena», confiesa.

Y es que este vecino del Parque Alcosa de Alfafar quiere que ese esfuerzo sirva para visibilizar que la lucha contra esa enfermedad y contra otras como el cáncer o incluso la depresión empieza por uno mismo. «Yo ya soy feliz si alguien me ve y piensa: ‘mira, este chico con Parkinson corre con este disfraz, pues yo con depresión voy a salir también a correr; o yo que estoy gorda o gordo voy a correr sin importar lo que me diga la gente’. Que ninguna enfermedad, ni ningún prejuicio te impida ser feliz», esgrime.

Invitado a carreras solidarias

El «Ironman de l’Horta» cada vez es más conocido y son muchos los clubes que piden su presencia para carreras solidarias. Así, el pasado domingo 28 de noviembre participó en la «10K Dinosauris de Moncada», donde no dudó en invitar a todo el que quisiera a llevar su traje. También ha estado en la RunCáncer de Valencia y en la de Alfafar, o de la II Volta a Peu per la discapacitat Ciutat de Valencia, en la 10 k de Massamagrell, o apoyando a AFAC, la asociación de familiares de enfermos de alzhéimer en la 10 K de València.

«Para mí es todo un orgullo que me inviten para defender cualquier causa solidaria. En Gandia me recibió un chico que tenía cáncer terminal y le dediqué la carrera. Si puedo hacer feliz a la gente corriendo como Ironman, eso también me hace feliz a mi y me impulsa a seguir», concluye.