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La festividad de Les Calderes de Sant Pere Nolasc, de la II República a 1940

La fiestas prevista para este fin de semana en el Puig ha sido suspendida por la pandemia

La celebración de Les Calderes en el siglo XXI

¿Acaso la religión no es una realidad que nace en el momento en el que el ser humano se pregunta por qué estamos aquí, o qué sentido tiene nuestra existencia, o si este universo lo ha creado un Ser superior, Dios? Sencillamente, es una manifestación que emerge por causa de nuestra connatural naturaleza metafísica o reflexiva. Por ello, es inhumano tratar de evitar lo que es propio a la naturaleza humana y, en consecuencia, cualquier creencia religiosa tiene derecho a existir mientras no la radicalicen sus seguidores convirtiéndola en fanatismo antidemocrático.

Al iniciarse la II República en El Puig de Santa María existían varias asociaciones religiosas, entre las cuales se encontraba, y ejercía sus funciones, la de san Pedro Nolasco (Joaquín Millán, Martirio y resurrección, La Merced en la Corona de Aragón 1800-1936, p. 615). Entre 1931 y 1936 los movimientos anticlericales zarandearon la vida religiosa en El Puig de Santa María, pero no llegaron a apagarla totalmente.

Pero, al iniciarse la Guerra Civilaunque oficialmente el culto no estuvo perseguido- en Valencia durante la etapa de la capitalidad se podía celebrar en espacios íntimos” (Albert Girona; Javier Navarro, Sufrir la guerra: la vida cotidiana, Levante EMV, p. 69), pero públicamente las manifestaciones religiosas no se permitieron. Por tanto, la festividad de Les Calderes de Sant Pere Nolasc no tuvo lugar durante la contienda, entre otros motivos porque no quedó en El Puig de Santa María ningún mercedario que pudiera bendecir Les Calderes, pues el Padre Elias Buj, comendador del monasterio podiense o pugenc, en aquel momento, no tuvo más remedio que huir ante el creciente ambiente anticlerical que ponía en peligro su vida (Millán, Óp. cit., p. 616).

San Pedro Nolasco junto al rey Jaime I ante la Virgen de El Puig de Santa María. Pintura de Zurbarán Del libro El Castell de la Patà i el naixement del Puig de Santa Maria

La fiesta volvió a recuperarse en la antidemocrática etapa franquista, pues en el “acta de la Sesión Ordinaria de la Comisión Gestora celebrada en segunda Convocatoria. En la villa de Puig a las veinte horas del día veinticinco de Enero de mil novecientos cuarenta, se reunieron en sesión pública ordinaria los señores Concejales […] bajo la Presidencia del Sr. Alcalde”, y acordaron “por unanimidad […]. Quedar enterados de que se han autorizado las fiestas que han de celebrarse en honor de San Pedro Nolasco”. Fue la segunda fiesta que se recobró, pues, la de la Virgen de El Puig, la Corporación municipal decidió celebrarla en septiembre de 1939, tal como lo confirma la correspondiente acta.

Ahora me gustaría dejar claro este punto para no llevar a equívocos, pues que se instaurase la fiesta de Les Calderes en 1940 no significa que fuese promovida por los franquistas sino que, más bien, fue una iniciativa de los clavarios y de la ciudadanía pugenca, del mismo modo que habían deseado celebrarla durante la República y la Guerra Civil, tanto republicanos de derechas como de izquierdas, de no ser por movimientos políticos irresponsables, falsamente democráticos, que inyectaron en una parte de la población “un sentimiento anticlerical irracional de raíz popular que culpaba de sus desgracias a la iglesia y que la identificaba como aliada de los caciques” (José M. Santacreu; Miguel Ors, Violencia y represión en la retaguardia, Levante EMV, p. 86), transformando “el mensaje democrático” que creían defender en papel mojado o en lo mismo que afirmaban combatir: fanatismo totalitario.

La preparación de Les Calderes de Sant Pere Nolasc en el baluarte del monasterio de El Puig de Santa María en los años 50 del siglo XX Cortesía de los Clavarios de Sant Pere Nolasc.

El franquismo abusó, vergonzosamente de la religión, y la utilizó para subyugar al pueblo, como medio para conseguir sus propósitos; nada que ver con el mensaje de Jesús de Nazaret. Pero, también, una parte de los partidos que existían durante la República, obligaron, por la fuerza y la violencia, al pueblo a reprimir la expresión de sus creencias religiosas. Ambas posturas son contrarias a la democracia y a la libertad, valores sin los que es imposible la autorrealización de las personas y los pueblos. Como filósofo ambas posturas me repugnan, y como historiador puedo afirmar que la festividad de Les Calderes hunde sus raíces en la Edad Media, por tanto, a lo largo de varios siglos el espíritu de ese gran hombre, Pedro Nolasco, y de la Orden Mercedaria que fundó, fue calando en la personalidad histórica de El Puig de Santa María y sus habitantes, cincelando su forma de ser y actuar.

Hoy día, tras más de 40 años de democracia, la festividad de Les Calderes de Sant Pere Nolasc la celebra, por convicción y con total libertad, el pueblo de El Puig de Santa María, gracias al esfuerzo de sus clavarios, apostando por aquello que define la personalidad de un pueblo, yendo más allá de ideologías o intereses de partido, haciendo posible un acontecimiento festivo que ejemplifica los valores democráticos y solidarios, que nada tienen que ver con los que defienden los totalitarismos de izquierdas o de derechas.

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