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La joya hidráulica que erigieron presos sociales

Quart de Poblet alberga el segundo depósito que se construyó a finales del siglo XIX para suministrar a València de agua potable

Interior del depósito de Quart de Poblet

Una auténtica obra de ingeniería hidráulica que costó sangre, sudor y muerte, se erige en Quart de Poblet desde hace más de un siglo. Situado en la calle Trafalgar, el depósito de agua propiedad de Emivasa, empresa mixta formada por el Ayuntamiento de València y Aguas de València, esconde entre sus vetustos muros la historia negra de su construcción y de los operarios que lo levantaron: presos designados por la Comisión de Trabajos Forzosos

El depósito de agua de San Onfre de Quart se construyó a finales del siglo XIX. València ya recibía desde décadas antes (1850) suministro potable procedente de la planta de Manises, la Presa, a través de un embalse situado en el linde entre el cap i casal y Mislata, en el actual Museo Histórico de València. De ahí, una canalización distribuía por la calle Quart y Caballeros la primera agua limpia que entraba en la capital.

Pero la población crecía y crecía, y la presión de la red comenzaba a ser insuficiente para la alta demanda de consumo. A esto se unieron varios brotes de cólera, que afectaron de manera contundente a la población de la época. Con el objetivo de evitar este tipo de epidemias, Fernando Vicente Charpentier presentó al Ayuntamiento de València una instancia en la que solicitaba el arrendamiento del servicio de agua potable con notables mejoras, entre las que destacaba la construcción de un nuevo depósito en Quart. 

La obra contó un presupuesto de millón y medio de pesetas y un plazo de ejecución de 18 meses. El proyecto está considerado como una joya de la arqueología industrial valenciana, en lo que se considera el segundo intento por llevar el agua potable a València. 

Exterior del depósito de Quart de Poblet LOYOLA PEREZ DE VILLEGAS MUÑIZ

Según se detalla en los paneles instalados en el interior del depósito a modo de museo, la cavidad hidráulica está hecha de piedra maciza hasta el nivel del agua, y el resto es de masonería. Su interior está dividido en dos zonas, con el objetivo de que una de las partes se encuentre a máximo nivel, mientras la segunda se queda vacía para realizar labores de limpieza. El proceso de desagüe se realiza a través de un surtidor de unos 400 metros de longitud, que desemboca en el propio río. Los trabajos de desatasque eran complicados, debido a que los trabajadores debían recorrer el canal erguidos hasta llegar a la superficie del Turia. 

Pero esa gran obra de ingeniería civil conserva su propia historia negra. El depósito fue construido en condiciones infrahumanas por los presos designados por la Comisión de Trabajos Forzosos. Durante el tiempo que duraron los trabajos de ejecución, muchos de aquellos prisioneros perdieron la vida al tener que transportar las piedras de enorme tamaño o excavar a mano hasta quince metros de profundidad para mantener la inclinación que precisaba el acueducto.

Interior del depósito de Quart de Poblet

La actuación concluyó en 1890. Pese a su construcción, la presión del agua seguía siendo insuficiente y muchos ciudadanos persistían en el consumo de agua de pozos, no apta para humanos , originando un nuevo brote de cólera en la capital y el área metropolitana.

En la actualidad, el depósito sigue en funcionamiento, formando parte de la red de baja presión para el riego de jardines de la capital. En su interior se conserva la sala de máquinas original, así como válvulas y la madera utilizada en la época para su limpieza. El pasado febrero el Ayuntamiento de València, a través de la concejalía del Ciclo Integral del Agua, se comprometió a mejorar el entorno del depósito, con el fin de preservar y mantener este elemento hidráulico y de atraer a más visitantes para dar a conocer su historia.

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