Decenas de migrantes alojados en Picanya cocinan en la calle sus recetas para quien lo necesite
Personas de distintos orígenes que se alojan en un recurso social achican agua de los bajos del hotel donde duermen, inundado en su planta baja, y preparan recetas autóctonas con las provisiones de la despensa colectiva

JM López

Entre la devastación, los restos de objetos, coches y materiales de naves industriales por la calle, fango a cantidades y sirenas constantes en Picanya y alrededores; un fuego de barbacoa, una ensalada con especias o un pollo al estilo sirio para quien lo necesite.
Un hotel de Picanya que acoge a migrantes de distintos orígenes, entre ellos Afganistán, Siria, Georgia o Venezuela (cerca de unos 200, tal como ellos mismos contabilizan) ha quedado inundado en su planta baja y las personas que allí están durmiendo, sin agua y sin luz, han hablado con el dueño para poder utilizar la comida que había en la despensa del gran comedor de las intalaciones y cocinar para todos y para quien lo necesite.
Esta mañana de jueves un equipo achicaba el agua de la planta baja, retiraba fango de las puertas y liberaba las entradas de montones de residuos que habían acabado allí tras el temporal que arrasó con todo. Mientras trabajaban, un niño pequeño en bicicleta le preguntaba a un adolescente que retiraba basura con un rastrillo: "¿Cómo estás?, ¿Estás bien?".

Dos mujeres, una de Afganistan y otra de Siria, cocina comida para toda la comundiad migrante del hotel de Picanya / JM López
Un poco más hacia delante, varias mujeres preparan una ensalada multitudinaria. Una es afgana y la otra es siria. La hija de la última va de vez en cuando a requerir la atención de su madre. Ellas sonríen y comentan con este diario que están contentas porque, pese a todo, están vivas. "Nos fuimos de Afganistán porque vinieron los talibanes y al llegar aquí casi no lo contamos por una tromba de agua", explicaba una de ellas. Su hija traduce todo a esta periodista.
Piden una bomba de agua para achicar los bajos
Ofrecen comida a todo el que pasa y el menú es variado y se acerca a la gastronomía de cada grupo de migrantes dentro de la comunidad que vive, por ahora, en el hotel. Dicen que son de un recurso de Cruz Roja y están en la fase 1, que es la que viene después de la primera acogida tras llegar a España.

Cocinando con leña ya que el hotel que acoge a cientos de migrantes no tiene ni luz ni agua. / JM López
"Estamos bien", señala Pedro, un venezolano que también está alojado en el hotel del recurso social. "No podemos quejarnos, estamos vivos, tenemos un techo donde dormir y comida; eso sí, necesitamos provisiones y que vuelva la luz y sobre todo el agua", apunta. La comida la cocinan con un hilito de agua que sale de un punto del polígono industrial pero insisten en que así no pueden estar mucho tiempo. Otro compañero, también de venezuela, lanza un grito de auxilio y pide que traigan una bomba de agua para poder secar la planta baja.
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