San Jorge un santo esencial en el reino de Valencia
¿Sucedió la batalla de El Puig en 1237?, ¿intervino en dicha contienda campal medieval san Jorge?

Panel de la batalla de El Puig. Formaba parte del retablo destruido en 1936, que se encontraba en el altar mayor de El Puig de Santa María. Fue costeado por los duques de Segorbe en 1608.
Me pregunto ¿sucedió la batalla de El Puig en 1237?, ¿intervino en dicha contienda campal medieval san Jorge? Como filósofo puedo decir que poco importa si san Jorge existió o no, pues lo que nos interesa es afirmar que su intervención en la crucial batalla de Enesa o de El Puig es una creencia, pero no un hecho, pues si existió san Jorge fue en los siglos III y IV d. C, hacia el 280. Militar y tribuno que se rebeló contra el emperador Diocleciano a causa de las persecuciones, siendo encarcelado y posiblemente torturado y muerto hacia el 303. Sin embargo, podemos afirmar, con total rotundidad, que la batalla de El Puig es un hecho que sucedió en 1237. Y para nosotros y nuestro devenir histórico-cultural tan importante es el acontecimiento histórico como la creencia, pues ambos son elementos que impulsan nuestro devenir presente y futuro.
Los hechos son indiscutibles, pero las creencias nos enfrentan al mundo con una actitud determinada de diálogo, de dogmatismo, etc., y hacen que nuestra historia tome unos derroteros más o menos humanos o dignos.
En las celebraciones del cuarto centenario de la conquista de Valencia del año 1638, un religioso del convento de la Merced de Valencia, ante el arzobispo, los obispos capitulares, el virrey y los jurados, cantó una poesía y en los versos finales, al referirse a la empresa conquistadora de Jaime I, dice: “Nolasco santo le anima / san Jorge en visión se muestra, / y de san Dionis el dia / cantò la vitoria cierta. / Mira bien lo que deves, / Valencia noble / a Maria, Dionisio / Nolasco, y Jorge” (Marco Antonio Ortí, Siglo Quarto de la Conquista de Valencia, 1640, p. 95v). Estos versos, pronunciados sin disimulo alguno ante los representantes políticos y ante las más altas dignidades eclesiásticas, recuerdan a la ciudad de Valencia el agradecimiento que le debe a la batalla pugenca y a la aguerrida ayuda de san Jorge, que hicieron posible, a modo de preludio, la conquista y la fundación del nuevo reino.

Inauguración de la restauración de la ermita de san Jorge el 9 de octubre de 1927. / Vicente Barberá-Masip. Ayuntamiento de Valencia.
Y para enfatizar que la aparición de san Jorge fue indudablemente real, en una población que creía fervientemente en los milagros y en la existencia de este tipo de santos, en una de las procesiones “en lo más alto dela misma custodia estava encerrado el tafetán de la misma bandera, con que el glorioso Martir San Jorge apareció en los ayres cuando el Rey don Jayme con su patrocinio y favor triunfo de los moros en el Puche”( Marco Antonio Ortí, Óp. cit. p. 121v ). Hasta tal punto estaba interiorizada la creencia en los milagros y en los seres celestiales, en el siglo XVII, que los valencianos creían, ingenuamente, que el tejido que se portaba en lo más alto de la custodia era parte de la tela de la misma bandera que transportaba san Jorge en la batalla de Enesa. Estaban totalmente convencidos de la existencia del santo y de su milagrosa intervención.
Mentalidad diferente
Creían en los acontecimientos milagrosos, sin problema alguno porque su mentalidad era muy diferente a la nuestra, eran considerados hechos históricos, por ello el historiador Bernardino Gómez Miedes, a finales del siglo XVI, en su Historia de Jaime I, no duda en afirmar, respecto a la intervención de san Jorge en el choque bélico podiense, que “se halla por testimonio de escriptores fidedignos de aquel tiempo, que el bienaventurado san Jorge martyr apareció armado sobre un cavallo blanco en aquella batalla, para quitar el animo a los enemigos, y acrecentarlo a los nuestros”( Bernardino Gómez Miedes, La historia del rey don Jaime de Aragón, Valencia, 1584, p. 210).

Visita a la ermita de los miembros del Insigne capitol de l’almoina de Sant Jordi de Cavallers del Centenar de la Ploma. / Manolo Guallart
En la misma línea se expresa Gaspar Blay Arbuxech en el Sermo de la Conquista de la molt insigne, noble, leal, coronada ciutat de Valencia, del año 1666. En la introducción a la publicación de este sermón, el doctor Gabriel Verdú hace referencia a “lo portentos socors del valerosissim Martir Sanct Jordi, Patro antiquissim de les armes de la sancta, è universal Esglesia, y especialmente dels Serenissims Senyors Reys de la Corona de Arago, en aquella celebrada batalla del dit Puig de Cebolla, eo Enesa”( Gabriel Verdú, en la introducción al Sermo de la Conquista de la molt insigne, noble, leal, coronada ciutat de Valencia, de Gaspar Blay Arbuxech, Valencia, 1666).
La creencia en san Jorge, el equivalente a Santiago matamoros en Castilla y León, nos acompañó hasta los siglos XVII y XVIII, infundiendo en nuestro carácter como Pueblo valenciano una actitud intolerante frente a todo lo distinto a lo católico, en particular lo musulmán.
El día 23 de abril de cada año deberíamos visitar la ermita de san Jorge de El Puig de Santa María para reflexionar sobre aquellas dos culturas que se enfrentaron en la batalla de Enesa, la musulmana valenciana y la aragonesa-catalana cristiana, que han formado nuestra personalidad cultural siglo tras siglo hasta la actualidad. Y pensar sobre qué creencias queremos que nos dirijan para crear una mejor Comunidad Valenciana. Tanto catalanes como aragoneses siguen celebrando el día de san Jorge. Acaso los valencianos ¿ no deberíamos hacer lo mismo?.
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