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Adicciones y dana: "En medio de mi recuperación se me vino todo abajo"

Lucía es una mujer alcohólica y afectada por la dana en su casa en Montserrat. La catástrofe desbordó por completo el proceso de rehabilitación, lo que le hizo recaer tras meses de ansiedad, ahora continúa su proceso en la asociación Artic de Torrent

Los expertos señalan que la riada reactivó el consumo de personas que están en rehabilitación por la sensación de abandono, la desaparición de rutinas y la gestión enorme vital y material

Lucía (nombre ficticio) y el psicólogo Christian Poyatos, en el centro Artic, que atiende a pacientes con adicciones

Lucía (nombre ficticio) y el psicólogo Christian Poyatos, en el centro Artic, que atiende a pacientes con adicciones / Germán Caballero

Violeta Peraita

Violeta Peraita

Torrent

A Lucía le gustaría 'salir del armario' como ella dice. Le gustaría comunicar al mundo que es una mujer alcohólica y que tiene una enfermedad porque "es una experiencia bonita de contar. Dejar de beber no es solo dejar de beber, es cuidarte a ti misma". Le encantaría explicar que estuvo mal y pidió ayuda y que ahora es una Lucía nueva, como explica. Una que derriba muros, pone límites, hace deporte, se conoce y se quiere. Todo eso explica ella, contenta, sin llegar a creerse todavía que pueda haber superado ya tantos obstáculos para salir del pozo y "esclavitud" al alcohol, como ella misma define, en el que estaba.

Lucía, por cierto, es un nombre ficticio para preservar la identidad de la mujer que se sienta frente a este diario en una sala de la Asociación de Alcohólicos de Torrent y Comarca (Artic) de Torrent para explicar su historia de recuperación. Lucía no quiere ser etiquetada y juzgada en un mundo en el que esta enfermedad trae consigo un gran estigma, aunque insiste en que le gustaría que la mirada social hacia este problema fuera distinta. Lucía sigue en un proceso de rehabilitación que continúa y que ha contado con una recaída tras sufrir en primera persona la dana en su casa en Montserrat.

La catástrofe ha dejado muchas secuelas y también ha supuesto recaídas para los cientos de personas que la sufrieron y están (y estaban) en tratamiento por adicciones. Lucía es una de ellas. El 29 de octubre pasó la noche sola en su casa de Montserrat resguardada en el único sitio que pudo conservar seco mientras veía "cómo llovía dentro de mi casa". En febrero de 2024 la mujer, que es de mediana edad y es trabajadora social, había pedido ayuda por primera vez a una Unidad de Conductas Adictivas (UCA). "Bebía día sí, día no. El consumo estaba interiorizado en mi dinámica diaria y vi que hubo un momento en el que el alcohol pudo conmigo. Yo ya era otra persona. Estaba desbordada".

En la UCA le derivaron a la asociación Artic, en Torrent, que trabaja con personas alcohólicas en su rehabilitación, recuperación emocional y reinserción, pero no fue hasta septiembre cuando empezó su proceso de rehabilitación con asistencia psicológica y acompañamiento. Durante todo ese tiempo no consumió alcohol, aunque confiesa que cuando inició el proceso, pensaba que podría volver a beber en un futuro. "Yo pensaba: 'todo el mundo bebe', pero en Artic fui realmente consciente del melón. No iba a volver a beber nunca porque estoy enferma y si le doy de comer al monstruo, despierto a la bestia y me convierto en otra persona. Los enfermos alcohólicos no sabemos parar", explica Lucía.

"Se me vino todo abajo tras la dana"

Un mes después de iniciar su camino hacia la recuperación, ocurrió la dana. Aquella noche del 29 de octubre y todo lo que vino después activó unos niveles de ansiedad que Lucía no sabía gestionar. "Como alcohólica, estaba acostumbrada a no enfrentarme a los problemas, bebía sola para 'anestesiarme', pero esa noche no pude hacer otra cosa que tomar decisiones rápidas en una situación que fue para mi realmente angustiante", continua la mujer, sobre la noche de la dana. Las preguntas venían sin respuesta, ¿qué está pasando?, ¿cómo voy a avisar a mis familiares?, ¿cómo voy a salir de aquí?.

Christian Poyatos es psicólogo en Artic y aterriza de manera clínica lo que cuenta Lucía. Señala que la adicción viene como un "mecanismo que aprenden las personas para evadir o desconectar" de realidades dolorosas. Cuando vino la catástrofe, muchas personas se enfrentaron a situaciones de miedo extremo, pérdida de bienes e incluso la visión de personas fallecidas, lo que generó una "carga emocional imposible de sostener sin una mochila de recursos" de regulación emocional sólida. Muchas personas pensaron en recurrir al consumo para anestesiar el "miedo, la inseguridad y la soledad", explica el especialista.

El 30 de octubre, tras pasar una noche "horrible", Lucía tuvo que asumir que la casa donde vivía alquilada estaba llena de humedades y que había perdido todas sus pertenencias. Tuvo que irse a vivir con sus padres (que no sabían de su problema con el alcohol) mientras empezaba a gestionar todas las pérdidas con seguros y pensaba qué hacer a partir de ahora y se le hizo más difícil asistir a las sesiones de Artic. La emergencia era la emergencia.

"Se me vino todo abajo, no tenía casa, no tenía rutinas y me sentía culpable por sufrir tanto cuando había tantas personas que habían perdido la vida", explica. La dana "paró en seco", como analiza ahora, todo su proceso de recuperación que empezaba a asentarse ya. "Estaba iniciando un camino muy positivo, pero esta catástrofe fue para mí como una patada, me echó de un plumazo de mi seguro", dice Lucía. Artic, para ella, era (y es) "tocar maret".

"Somos una sociedad alcohólica. Es la única droga que te preguntan por qué no la consumes"

Lucía, mujer alcohólica en rehabilitación

Poyatos explica que la dana también destruyó pilares de la vida de personas, ya vulnerables por padecer una adicción que necesitan estabilidad y que, de un plumazo, tuvieron que interrumpir su recuperación y perdieron todo el acosistema que les daba esa tranquilidad, su casa, sus recuerdos, su hogar.

Lucía se vio envuelta en una vorágine de trámites, sin casa y viviendo con sus padres mientras gestionaba como podía una ansiedad que no se iba desde la fatídica noche. Un día no pudo más y consumió alcohol. "Al día siguiente vine directa a Artic. Con mi culpa, con mi arrepentimiento, con mi vergüenza. No viví a gusto el beber, no fue como antes. Sabía que aquí me iban a acoger", explica sobre la entidad que la atiende.

Ahora, meses después y todavía abstinente, ha vuelto a su casa de Montserrat, que ha alquilado de nuevo y ha podido poner en orden su vida. Asiste a Artic semanalmente y pronto volverá a trabajar. ¿Qué cómo está? "Soy una Lucía nueva, una que no conocía", resume. Y hace una reflexión: "Somos una sociedad alcohólica. Es la única droga que te preguntan por qué no la consumes".

Abandono, injusticia y gestión de dolor

Para el psicólogo, uno de los factores más dañinos no fue solo el evento catastrófico en sí, sino el "sentimiento de abandono por parte de las autoridades y la soledad inicial" tras la catástrofe. Este sentimiento de "injusticia", señala Poyatos, "se ha cronificado en algunos casos con la burocracia posterior (trámites con seguros, ayuntamientos o ayudas). Aquellos que ya cargaban con traumas previos de exclusión o soledad han visto cómo estos se reactivaban, y algunas veces eran difíciles de gestionar".

Por otra parte, el entorno posdana actúa como recordatorio de un trauma vivido, que ya es colectivo, el de la dana. "El olor a humedad, la visión de lodo, los locales destruido o la lluvia, provocan flashbacks que devienen en una angustia recurrente. La opción más rápida para calmarse es el consumo de sustancias o los psicofármacos, cuyo consumo seguramente haya aumentado por no ser capaces de sostener el dolor".

"Si se sienten vistos y apoyados pueden volver a recuperar su zona segura, donde les acogemos y analizamos juntos el consumo. No como un fracaso, sino como una respuesta al estrés extremo que debe servir de aprendizaje"

Christian Poyatos

— Psicólogo de Artic experto en adicciones

A pesar de las recaídas, que para Poyatos pueden pasar en un contexto de emergencia, el papel de los profesionales ha sido fundamental para "reenganchar" a los usuarios en las rehabilitaciones. "Les llamas, les preguntas cómo están, si les apetece venir un rato. Si se sienten vistos y apoyados pueden volver a recuperar su zona segura, donde les acogemos y analizamos juntos el consumo. No como un fracaso, sino como una respuesta al estrés extremo que debe servir de aprendizaje en el proceso de recuperación", explica el psicólogo de Artic.

Lucía ha empezado a ir como voluntaria al taller de recuperación de fotografías dañadas por la dana en el Museu Comarcal de l'Horta Sud y allí, cuenta, se ha reconciliado con esa culpa 'del superviviente' que sentía por haber salvado su vida o su casa mientras otros lo perdieron todo. También, dice, se ha creado un clima en el que pudo salir un poco del armario el otro día: "¿qué hacéis en Artic?", le preguntó una voluntaria. "Y yo lo conté, sin ningún pudor, dije: 'mira es que yo soy alcohólica y en Artic me han salvado la vida'".

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