Cuatro metros de belén llenos de tradición familiar en Picanya
Jose, vecino de Picanya, lleva tres años con su propio proyecto personal de belén, que con su familia construye con emoción e ilusión
El 90 % de lo que se ve es artesanal, hecho a mano con materiales en su mayoría reciclados

Mapi Casabán

En estas fiestas en las que parece que todo está marcado por el consumismo y la rapidez, todavía hay gente que cree en la belleza de la artesanía. Una de esas personas es Jose Guerrero, vecino de Picanya que, junto a su familia, monta su propio belén cada año con cariño y mucha paciencia.

Jose junto a su gran belén de cuatro metros de longitud / Mapi Casabán
Pero este belén no es uno cualquiera. Más allá del nacimiento encontramos toda una población en la que adentrarse y de la que llegas a formar parte. En su cuatro metros de longitud se pueden encontrar casas, fortalezas, una cascada, una fuente y comercios, entre los que destaca el Forn Quatre Cantons, como guiño al horno histórico de Picanya, que cuenta con más de 300 años.
Un belén aún en su propio nacimiento
Jose construyó su belén por primera vez en 2023, ya que desde pequeño su familia, en especial su madre, le había inculcado el amor a esta tradición, pero nunca había montado algo más allá del nacimiento central. No fue hasta que su sobrino Mario le animó a hacerlo que se decidió porque además justo su familia disponía de una planta baja con espacio para hacerlo y a él "le salían muchas cosas en Facebook de belenes", así que se puso a montar el suyo propio fuera de la pantalla.

Mapi Casabán
El primer gran belén que montó medía unos dos metros y, aunque no era tan espectacular como el de ahora, ya impresionaba. "Yo no soy experto, pero esto entretiene y es bonito ver luego el resultado final", asegura Jose. De un año a otro, la mejora se ha notado exponencialmente. "Yo hice una valla para el belén de 2023 y me encantaba, ahora la veo y pienso en cómo pude hacer eso", dice Jose entre risas. Montse, su mujer, señala algunos detalles, como por ejemplo las palmeras, que antes eran de plástico y ahora las han hecho ellos.
Otro de los grandes cambios es el de las luces. En el primer belén no había tantas y, ahora, al quedarse a oscuras, se convierte en la escena de una película, con sus sombras y sus rincones mágicos que nos recuerdan a aquellos pueblos de montaña y a las historias sobre el nacimiento de Jesús que hemos escuchado una y tantas veces.
Tradicional y sostenible
Pero si hay algo que destaca en el belén de Jose y su familia son los materiales con los que está fabricado. El 90% de lo que utilizan es reciclado: hojas de parque, tierra del campo u hojas de banano para hacer los toldos de los comercios. Incluso utilizaron cáscaras de pistacho para la fortificación del rey Herodes.
"Nosotros hacemos muchas cosas en el campo, aprovechamos que tenemos ese espacio para trabajar con tranquilidad así que utilizamos cosas que encontramos por ahí", recalca Montse. "Después, lo demás intentamos que no gaste demasiado material. Por ejemplo, la masa con la que hacemos algunas de estas figuras (refiriéndose a los embutidos y piezas pequeñas) la hago yo de forma casera mezclando maicena, agua y cola blanca, y con eso hacemos más".

La gran fortaleza junto a la cascada, todo hecho a partir de materiales sostenibles / Mapi Casabán
En cuánto a la inversión que hacen, al realizar muchas de las figuras de forma artesanal, no es muy grande. "Excepto las figuras de personas, que muchas son heredadas, las luces y los motores de agua, todo lo demás lo hacemos nosotros, por lo que la gran inversión no es de dinero, sino de tiempo", explica Jose.
Un largo proceso
"Igual estamos en abril y de repente a mi padre le apetece construir una casa", afirma Patri, la hija mayor de Jose, y es que este trabajo no llega de un día para otro, es un constante esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a asumir, pero que él lo hace con mucho gusto.
"Antes de la Purísima tiene que estar montado". De año en año, Jose, su familia y amigos van cogiendo ideas y haciendo las figuras que realizan a mano para ir adelantando. Todo lo hacen en la planta baja donde posteriormente montan el belén o en el campo. "Igual me bajo una tarde, estoy cuatro horas haciendo alguna cosa y ya la tengo montada"; y así hasta que llega el momento de montarlo. "No sigo una estructura concreta, voy colocando las cosas donde veo que pueden quedar mejor y donde apañan".

Algunos detalles del belén de Jose / Mapi Casabán
Y sin haber acabado 2025, Jose ya está pensando en qué hacer para el próximo belén: "me gustaría hacer dos niveles y un poblado más extenso, además de una cascada más alta". Una cascada así la tenían, pero en 2024 se la llevó el agua que arrasó con la provincia de Valencia en la dana de octubre. Ellos, en Picanya, se vieron afectados en la planta baja donde montan el belén. "Por suerte, muchas cosas que teníamos en la planta baja del belén estaban en alto, por lo que no perdimos gran cantidad de material".
La magia de la unión
"Esto es para la familia, se convierte en una excusa para juntarnos, ya sea para ayudar o simplemente verlo", dice Jose. Montse añade que ellos no lo hacen ni para presentarlo a ningún concurso ni para ganar fama, que es algo que disfrutan de verdad y que quieren hacerlo muchos años más.
Si algo está claro es que Jose y su familia creen en la pasión y el disfrute de crear y de ilusionarse en estas fiestas juntos, en familia. Para ellos este belén es un emblema que todavía tiene muchas papeletas para ir sorprendiendo a vecinos, familiares y amigos año tras año y que no dejará de crecer, pero sin perder su verdadera esencia, la del amor a lo que uno hace y el poder compartirlo con las personas que más quieres.
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