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El club de los 'soterranyos' valientes que rompe muros en el Xenillet

El colectivo Soterranya, tras once años de trabajo en el barrio valenciano de Xenillet, amplía su atención a la infancia tras recibir una ayuda autonómica que les permite abrir todos los días y profesionalizar los servicios socioeducativos más allá del voluntariado

La entidad Soterranya atiende a infancia y adolescencia después del cole en el Xenillet

Miguel Angel Montesinos

Violeta Peraita

Violeta Peraita

Torrent

El club de los 'soterranyos' valientes lo forman más de una treintena de niños y niñas del barrio el Xenillet de Torrent. ¿Qué es este club?, se preguntarán. Una niña rubia, con gafas y de no más de 10 años lo explica en una mesa rodeada de otras niñas: "Es un club -(de soterranyos valientes), repite- donde nos comunicamos con diálogo, nos hablamos bien y nos cuidamos entre nosotros". Todo esto lo hacen en un espacio de solidaridad, de sueños y de confianza en medio de un barrio olvidado, invisible y cerrado a cal y canto por muros invisibles.

A la orilla de un barranco que desbordó desbocado hace más de un año, el Xenillet. Un barrio de Torrent humilde (muy humilde) habitado eminentemente de población gitana y migrante que espera a que la reconstrucción llegue también a sus calles.

Una degradación urbana que no parece casual. Un coche quemado desde hace meses todavía congelado en el tiempo; alcorques sin árboles llenos de basura y pavimentos desiguales y con zonas agrietadas. El entorno público importa y su estado habla de en qué nivel de prioridad se ubica el Xenillet en una ciudad como Torrent. La dana también pasó por el barrio, pero esta catástrofe solo fue un problema más que se unió a todos con los que convive esta barriada, conocida por noticias negativas; redadas, tiroteos y todo aquello que estigmatiza, aleja, condena.

Niñas en un taller de Soterranya en el Espai de Solidaritat Parreño en el Xenillet.

Niñas en un taller de Soterranya en el Espai de Solidaritat Parreño en el Xenillet. / Miguel Ángel Montesinos

El club de los 'soterranyos' valientes está en el Xenillet, en Torrent y se reúne en el Espai de Solidaritat Parreño, un local municipal donde el colectivo Soterranya realiza sus actividades socioeducativas con infancia, adolescencia y también familias. Es viernes por la tarde. Hace frío y mucho viento. No hay gente por la calle. Solo un par de jóvenes con unas sillas frente a un portal. Como excepción, un local abre la puerta varias veces en la tarde. "¿A qué hora vengo?", pregunta un padre. "A las siete", contesta Toni. Toni Velarde y Pepe Simó atienden a este diario el día de más actividad.

Explican que llevan once años en el Xenillet, un barrio olvidado, donde viven personas, a menudo sin oportunidades y sin recursos. Iniciaron el proyecto de reparación de bicicletas para brindar a los que menos tienen un modo de moverse sostenible y gratuito y se dieron cuenta de que la infancia del barrio necesitaba un sitio donde ir. Donde compartir, donde reunirse después del cole.

El taller de recuperación de bicicletas para su cesión a personas sin recursos en el Xenillet.

El taller de recuperación de bicicletas para su cesión a personas sin recursos en el Xenillet. / Miguel Ángel Montesinos

Ahora han conseguido una ayuda autonómica que amplía la atención a infancia a toda la semana, también tendrá un espacio de formación no reglada para adolescentes que han abandonado el sistema educativo y también para una escuela de familias. Ahora, con esta ayuda económica, pueden abrir todos los días y han podido profesionalizar, aunque sea durante este tiempo, la intervención antes únicamente voluntaria.

Cuatro patas de un proyecto

La primera de las líneas de trabajo es la atención a alumnado en edad escolar con refuerzo, actividades lúdicas y de socialización y castellano para alumnos extranjeros, pues últimamente la llegada de población marroquí que no conoce la lengua ha traído nuevos retos. La segunda; atención a adolescentes fuera del sistema educativo a través de formaciones no regladas y alfabetización para la vida cotidiana; orientación vocacional y socialización saludable. Muchos jóvenes, los niños que ha visto crecer Soterranya, no acaban la educación secundaria y la motivación es vital para encontrar un camino para reengancharse. Aprender a arreglar una bicicleta es uno de los cursos que suscitan interés (y mucho).

"No tenemos voluntarios que sean de Torrent y queremos que vengan, para romper esa barrera que hay. Aquí no entra nadie, pero tampoco sale nadie"

La tercera pata es la intervención con las familias con actividades sobre resolución de conflictos, alimentación, atención a la salud y actividad lectora. La cuarta pata del proyecto es la promoción del voluntariado. "No tenemos voluntarios que sean de Torrent y queremos que vengan, para romper esa barrera que hay. Aquí no entra nadie, pero tampoco sale nadie", dice Toni Velarde y Pepe Simó, representantes de Soterranya.

Si el Espai de Solidaritat Parreño, que es el local donde tienen las aulas y la biblioteca popular Armensallé (que en romaní significa libre y libro), se llena de niños y niñas a los que sus familias dejan después del cole, es porque hay una relación de confianza, de cariño, de cuidados. Este espacio es un lugar de seguridad, de convivencia y donde la segregación por etnia y descendencia desaparece en la infancia.

Soterranya ofrece formación no reglada para jóvenes que han abandonado el sistema educativo

Miguel Angel Montesinos

Toni y Pepe cuentan que muchas familias migrantes que acaban de llegar no se relacionan en el barrio. La comunidad se resiente y el Espai de Solidaritat Parreño es un punto de encuentro, donde la infancia confluye y los adolescentes vuelven.

José trae su patinete. Tiene 16 años y lleva desde los cinco con Toni, Victoria y el resto del equipo. Ahora se unirá a los talleres de orientación para jóvenes. Abre, cuenta que ha empezado a ir al gimnasio, Toni le dice que se cuide, que si no, se lesionará, "te lo dice papá payo, ya lo sabes", le dice. "Qué pesado Toni, siempre igual", le contesta el adolescente, que lleva una bandolera negra y una chaqueta acolchada blanca.

Dos niños de infantil en uno de los juegos de Soterranya tras el cole los viernes.

Dos niños de infantil en uno de los juegos de Soterranya tras el cole los viernes. / Miguel Ángel Montesinos

Dentro, un grupo de niñas parlotea alrededor de una mesa rectangular. Minerva da instrucciones, porque hoy es el día de la paz y van a hacer flores de papel con rollos de papel higiénico y de cocina. Una de ellas, extrovertida, explica a este diario que aquí "jugamos, nos divertimos y hemos creado el club de los soterranyos valientes, porque nos comunicamos con diálogo, nos hablamos bien y nos cuidamos entre nosotros". En total Soterranya atiende a unos 60 niños y niñas de distintas edades. Ahora tienen diez personas contratadas.

"¿Por qué nos ayudáis? ¿Por dinero? ¿Por Dios?"

La relación de confianza se ha cultivado durante años. Al principio, todo eran reticencias y desconfianzas. "Cuando empezamos a venir aquí la gente del barrio nos preguntaba 'por qué'", explica Toni. "Nos decían que por qué les ayudábamos. Si era por dinero, si era por interés, si era por Dios", rememora. La respuesta que daban ellos y que dejó a alguna que otra persona pensativa sigue vigente once años después: "Porque creemos en las personas. Si no nos tenemos como comunidad, ¿qué nos queda?", señala Toni.

Soterranya cuenta ahora con un balón de oxígeno y recursos para ampliar su trabajo comunitario diario. Tienen un local municipal que esperan que no se les desasigne, pues argumentan (y no hay más que verlo) que hacen un trabajo vital para el barrio que nadie más hace. Nadie más fija la mirada aquí.

La ayuda económica autonómica viene muy bien para poder profundizar en la intervención, como la recibida hace un tiempo por Save The Children. Con todo, Soterranya nació sin recursos económicos y se ha sostenido. Si continúan las ayudas, bienvenidas sean, si no, "seguiremos aquí. No se puede dar la espalda a un barrio entero".

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